LA ESPERANZA

            En las Navidades, cuando nuestras hijas mellizas eran pequeñas, salíamos a pasear para ver los Nacimientos por el Parque Universitario y alrededores.

            Solíamos caminar y regresábamos a tiempo de poner la mesa para la cena de Navidad que habíamos preparado, la cual incluía nueces y pecanas, además del pavo relleno.

            Las frutas secas las compraba enteras para darnos el gusto de abrirlas con nuestro cascanueces, eso lo hacía más interesante y agradable.

            Cada Navidad pasaban la película “El Cascanueces y el Rey Ratón” que era la delicia de nuestras pequeñas y mientras comían las frutas secas comentaban sobre el Rey Ratón, el Príncipe y la joven Marie.

            Si bien las tiendas estaban abiertas a la ida, al regreso ya estaban todas cerradas, se supone para que también los dueños y los dependientes puedan llegar a su domicilio para su celebración. En su mayoría eran tiendas de juguetes.

            Pero una vez, al volver a las 11 de la noche, había una tienda abierta en la cuadra 2 de la avenida Manco Cápac. Una cosa por demás curiosa: era una tienda de zapatos, y resultaba muy difícil imaginar que algún cliente de última hora necesitase un par de zapatos a esa hora.

            En su favor podemos decir que solamente estaba el dueño con los brazos cruzados cual un enhiesto Faraón.

            Lo primero que pensé fue que era una persona muy optimista, pero luego cambié a la posibilidad de estar en las alas de la esperanza.

            De todas maneras fue la única vez que observé esto. Dichosos los tiempos aquellos en que uno podía caminar con sus niñas tarde la noche por la avenida Abancay y avenida Manco Cápac de Lima.

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