52 LA REMONTA

            Cuando llegamos al Cuartel de Artillería GAC 2 “Coronel Bolognesi” en Pueblo Libre, pudimos ver que salían camiones que llevaban acémilas.

            El Sargento a cargo nos dijo que era el último de los animales que se los estaban llevando. A partir de ahora nuestra unidad pasaba a ser motorizada.

            Veníamos del Centro de reclutas (II CIR) en Chorrillos donde fuimos entrenados como combatientes de primera clase. Ahora nos tocaba prepararnos en una unidad de combate, de esta manera llegamos al cuartel de artillería (La gente siempre le ha llamado el Cuartel Bolívar) en Pueblo Libre.

            Nunca imaginé que pasado el tiempo llegaría a residir en este distrito, cercano al cuartel, donde terminaré mi existencia.

            De la antigua unidad de artillería quedaban los recuerdos de cuando los cañones eran jalados por acémilas y el personal se transportaba a lomo de caballos. A muchos les llamaban con el nombre de su mula, recuerdo de tiempos idos.

            Lo curioso de esta unidad era que tenía una pileta, cual piscina, y contaban los antiguos que los familiares de los oficiales en el verano venían a disfrutar de un buen baño refrescante. La pileta estaba rodeada de una pérgola de flores muy vistosas por esta razón. Para esto había un jardinero civil.

            El Comandante Carlos Leiva Arguedas le mandaba al jardinero a sembrar zanahorias. Al cosecharlas nos servían zanahorias en el desayuno (mermelada), almuerzo (ensalada) y cena (guiso). Otra vez le ordenaba sembrar camotes y nosotros teníamos que comer camotes en el desayuno, almuerzo y cena. Hasta en la lista de retreta, junto con el “agua de pichana” (infusión) nos alcanzaban un pan con mermelada de zanahoria o camote, como un extra para que se termine la producción.

            También teníamos una cocina moderna con pailas a presión en vez de las acostumbradas pailas de cuartel. Igualmente el cocinero era un civil quien preparaba potajes extraordinarios.

            Al fondo del cuartel existía un lugar al que denominaban “La Remonta”, al cual siempre he considerado una granja militar, pero es en realidad un servicio de Veterinaria, obligatorio en ese entonces en toda unidad de artillería.

            Estaba a cargo de un oficial a quien todos los soldados llamaban el “Capitán patero”. Este oficial nunca prestaba servicios en el cuartel, únicamente atendía la Remonta. Allí criaban los pollos y patos con los que se atendía nuestro sustento y los pavos para la cena navideña del comandante. Abundante provisión de huevos.

            Muchas veces, sobre nuestro rancho normal, el cocinero ponía un huevo frito. Un huevo frito en ese mismo instante: el cocinero civil ponía un azafate de acero sobre la hornilla y reventaba con maestría hasta 12 huevos, con ayuda de una espumadera plana de metal lo levantaba y ponía con delicadeza y rapidez en nuestra gamela.

            En este cuartel se comía mejor que en los restaurantes y la Remonta ayudaba mucho en el aprovisionamiento para nuestro sustento. Esto de hecho significaba un tremendo ahorro de los gastos del cuartel pero el Comandante nunca se aprovechó de esta circunstancia porque era de esos funcionarios raros en el país: honrado. Nos retribuía el ahorro con botellas de gaseosa, cenas navideñas con pavo asado, panetones y chocolate, chocolates, galletas y regalos. Nos dieron regalos cuando hicimos la Confirmación. Mi padrino fue el Teniente Rodríguez.

            A la vuelta de mi casa hay una bodega cuyo nombre es, curiosamente, “La Remonta”. Me imagino que en su juventud el dueño quizás prestó servicio en este cuartel y por ese recuerdo le puso ese nombre a su tienda: La Remonta.

La Remonta

46 JUGANDO CON STING

            Mi hija menor tenía 6 años cuando le regalaron un perrito bebé, Hush Puppies. Aunque todas las hermanas jugaban con él, Charito era su dueña. Luisa que pone nombre a todo le llamó Sting, como el genial músico británico de la banda The Police.

            Charito jugaba a las escondidas con Sting, un juego donde uno se esconde y el otro lo busca hasta encontrarlo y tiene que tocarlo sino no vale. Primero ella se escondía y Sting la buscaba y encontraba muy pronto porque aspiraba y resoplaba por la nariz utilizando su olfato.

            Luego le tocaba el turno de esconderse a Sting y ella lo buscaba por toda la casa hasta encontrarlo. Sting por su pequeño tamaño se podía meter en cualquier rincón.

            Una vez le comenté que me sorprendía sobremanera que el perrito pudiera “entender” las reglas del juego y participar como si fuera una persona. Ella me dijo: “Es un tramposo”. “Se mete debajo de tu cama y se coloca justo en el centro donde no puedo llegar y así no puedo tocarle”.

            Nuestra cama matrimonial era un Box Spring Chaide y Chaide. Esto es, un tipo de cama matrimonial popular en los años 70, consta de un colchón de dos plazas superortopédico puesto sobre una tarima. La tarima tenía baja altura y por ello Charito no se podía meter allí y de ello se aprovechaba el mañoso Sting.

Sting

42 UN JUGUETE INESPERADO

            Tenía  6 años de edad, vivíamos en la primera cuadra de la calle Ricardo Palma, en la ciudad de Iquitos. A las 2 de la tarde con el sol cayendo a plomo sobre la ciudad, la calle estaba enteramente desierta.

            Ningún muchacho con quién jugar y mi hermano mayor, Raúl, no era precisamente un buen compañero para estar de a dos. Cuando jugábamos toda la patota del barrio estábamos juntos, de otra manera no.

            Salí a caminar por la calle, asoleada por la parte de mi casa, pero con sombra y fresca por el frente. Después de recorrer toda la cuadra, desde el almacén del caucho en la esquina de la calle Ramírez Hurtado, hasta el Polo Norte, un bar de antología en la esquina del jirón Lima. En los altos quedaba la Comandancia de la Guardia Civil. Hoy en día a la Guardia Civil le denominan Policía Nacional del Perú (PNP).

            De regreso me senté en el umbral de un portal al frente de mi casa. No vivía nadie allí, era parte del gran almacén del caucho.

            Continuamente, sobre todo por las mañanas, atracaban las balsas trayendo el caucho en el Puerto Bellavista, en la bajada de la Ricardo Palma. Los chaucheros (cargadores) subían las pesadas balas de caucho hasta el almacén donde eran pesadas en una enorme balanza romana y utilizaban una herramienta especial: una hoja muy afilada de metro y medio de largo con dos asas. La utilizaban dos hombres para cortar por la mitad las balas de caucho para ver que todo era caucho en su interior.

            Pero a esa hora estaba cerrado el almacén. Sentado en el umbral me fijé que a mi lado se encontraba un juguete. Un juguete extraño.

            Sumamente sorprendido de encontrar un juguete que nunca había visto. En nuestro barrio éramos muy pocos los niños que recibíamos regalos de tienda por Navidad y este juguete jamás lo había visto. Seguramente algún “gringo” pasó por el lugar y su pequeño lo dejó olvidado. Después es muy difícil que el niño pueda recordar donde lo dejó.

            Asumí, de hecho, que era un juguete traído de Estados Unidos porque era algo por demás ingenioso y, posiblemente, muy caro.

            Estuve sentado en el lugar durante una hora a la espera de que alguien viniera a preguntar por el juguete pero nadie se apareció.

            Tomé el juguete y me fui para mi casa. Durante los próximos días estuve a la escucha de si alguien preguntaba, pero nunca nadie se enteró. Nadie dijo nada.

            Era un barquito de metal, un barco arponero, tenía hélice, un piloto y un arpón unido a una cuerda. Le di cuerda (en esa época no existían los juguetes a pilas. Había pilas pero eran para linternas, muy necesarias para la selva) y lo puse en nuestra bandeja “shiringuera” de más de 1 metro de diámetro. El barquito arponero se desplazaba con un típico run run en círculos, de trecho en trecho se ponía de pie el piloto y lanzaba el arpón que estaba unido a una cuerda y mientras seguía su desplazamiento, la cuerda se metía en el interior hasta que el arpón volvía a su lugar y así hasta que se acaba la cuerda.

            Dos años tuve ese juguete y jugábamos con mi hermano mayor con un entusiasmo único y desbordante. Fue el único juguete que mi hermano no lo malogró.

            Fue el juguete más ingenioso que vi en toda mi vida, y lo tuve yo. Una suerte.

El botecito arponero: Un juguete inesperado

38 CÓMO TE DICEN EN TU CASA

            Al parecer es una pregunta por demás sencilla y fácil de responder, a menos que se espere otro tipo de respuesta pues no se preparó para oírlo de tal modo.

            No quería, sinceramente no quería ir al retiro Encuentro de Promoción Cristiana de Adultos (EPCA) de la Parroquia Santa María Magdalena de Pueblo Libre, pero todo se confabuló para que pudiera asistir. Por eso siempre dije: “Yo no vine, me trajeron”.

            Pero fue a fin de cuentas la experiencia más grandiosa que ocurrió en mi vida: Conocí a Jesús.

            El viernes mi amada esposa me acompañó hasta la puerta de la Sacristía y al llegar a la mesa de registro el hermano José “Pepe” Yamunaqué me recibió y me hizo tal pregunta:

  • ¿Cómo te dicen en tu casa?

            Era una pregunta sencilla y fácil de responder:

  • Bueno, en mi casa me dicen Papi.

            Es cierto, toda la vida mi esposa, mis tres hijas y mis nietas me decían así, pero Pepe se alteró, ahí supe que era fácil de alterarse, y me dijo molesto:

  • No vas a querer que todos te digan Papi.

            Pues, recién entonces comprendí la naturaleza de la pregunta. Necesitaba un nombre familiar para ponerlo en mi credencial que llevaré prendido en el pecho durante toda la jornada. Pero en mi casa no me llaman de ninguna otra manera. Es evidente que Pepe no supo realizar la pregunta de manera correcta, al parecer, estaba sobresaturado porque aquella vez asistimos más del número acostumbrado, 50 nuevos, a los que nos denominan “Encuentristas”. Fuimos 55 hermanos.

  • Ya, te pongo Jorge, nomás.

            Fin de la historia, me entregó mi credencial (Fotocheck sin foto) con el nombre Jorge en letras de molde y pude integrarme con el grueso de los aspirantes a “santos” que poblaban el patio interior a la espera del bus que nos trasladaría al convento de retiro donde pasaríamos los siguientes tres días.

            Para todos los efectos en la Parroquia soy el hermano Jorge.

Me dicen Jorge

37 APUNTES SOBRE EL TRASLADO DE UNA MAESTRA

            Cuando conseguí un empleo como Ingeniero Químico en la Cerro de Pasco Corp. le dije a mi esposa si no sería mejor que renunciara a su empleo de Profesora de Educación Primaria.

            Recibí una filípica y nunca más volví a tratar sobre el tema:

            “Que ella es una mujer profesional y tiene un trabajo al cual no solamente no debe renunciar sino que tampoco quiere renunciar. Que es la profesión que le han dado sus padres con harto sacrificio y ella tiene que honrarlos con su propio esfuerzo”.

            Sus padres, don Noé Alva Vargas y doña Natividad Rivera Pérez, después que vendieron todas sus propiedades en Requena, en el Ucayali y en el Puinahua, no tenían ingresos por lo cual todos los hijos aportaban mensualmente una cantidad para su sostenimiento en la ciudad de Iquitos.

            Judith defendía su independencia económica  porque no quería que le pase lo que le ocurrió a su colega y compañera de estudios casada con un Profesor. Le contó llorando que en su Luna de Miel en Lima quiso comprar una chompita de hilo para regalar a su mamá y él no se lo permitió con el cuento de que no alcanza la plata. Desde entonces, por cualquier motivo mi amada esposa se encendía y soltaba su grito de batalla: Yo también trabajo.

            Nunca entendí por qué lo decía pues nunca venía a cuento ya que jamás le impedí nada y menos aún ayudar a sus padres.

            Luchamos juntos para conseguir su traslado y poder al fin reunirnos la familia, habida cuenta de que se gasta más viviendo separados y aún más cuando queríamos que nuestras hijas, las mellizas Lisa y Cisa estuvieran con sus dos padres aunque fuera por poco tiempo cada vez.

            Existía la Permuta, que es el procedimiento mediante el cual dos Maestros que viven en ciudades diferentes del Perú pueden intercambiar voluntariamente sus puestos de trabajo, pero las autoridades empeñadas siempre en entorpecer todos los trámites le pusieron reglas absurdas: Para que puedan permutar los Maestros deben ser del mismo nivel magisterial. Solamente pueden permutar si los dos Maestros están reentrenados en el Programa de la Reforma Educativa del GRFA o si ninguno de los dos ha sido reentrenado.

            Nos tomó cinco años logar el ansiado traslado gracias a la recomendación del doctor Forero, Supervisor de Educación del Rímac. Su recomendado en quien nunca confié pero fue él quien logró la magia del traslado tan ansiado.

            Maria Judith fue trasladada al Colegio Mixto Sabogal del Callao. Después de ser acogotada tres veces: dos veces en el paradero de Saenz Peña con Dos de Mayo, lleno de gente, para robarle el reloj de pulsera de acero de las mellizas y la tercera vez regresando de cobrar su sueldo en la Supervisión. Le quitaron todo. Este fue el punto de quiebre. Está visto que en El Callao no se respeta la persona del Maestro.

            Felizmente que había terminado el GRFA después de 12 años de cautiverio y había vuelto Belaunde al Gobierno y el Director General de Educación era nuestro amigo Andrés Cardó y su Secretario Personal era don José Manuel Alegría Guerra, gran amigo de mi concuñado Elias Ramos  en Requena y amigo personal nuestro. La Asistente de don José Manuel era Rosa Villacorta, compañera de estudios de mi esposa.

            La trasladaron de inmediato al C.E. Nº 1119 de La Victoria donde al poco tiempo fue nombrada Directora. Judith iba a la casa de los alumnos con problemas en los vericuetos de La Victoria y jamás le pasó nada. Cuando iba a recogerla con mi nuevo SW, lo dejaba en la puerta y si se acercaba algún malandrín, las vecinas le decían:

  • Es de la Directora.

            Y se retiraban sin más. En La victoria sienten mucho respeto por el Maestro, de lo cual puedo dar fe.

            Durante su función como Directora, el club de Leones le construyó un pabellón de dos pisos y modernizó la oficina de la Dirección. Muchos padres de familia, empresarios, cooperaban con la Escuela porque veían honestidad y competencia  y muchos deseos de hacer las cosas bien.

            Judith continuó en la Dirección hasta que decidió retirarse para dedicarse a sus empresas. A pesar de que sus hijas y yo le decíamos que nos gusta verla de Directora del Colegio que nos llenaba de prestigio y orgullo.

            Ella nos decía:

  • Yo pierdo plata trabajando en el Colegio, gano más en los negocios.

            Pero, si no lo dije nunca, ella jamás me hizo caso. Se acogió a la jubilación para dedicarse a los negocios.

            Pero no podemos negar que la “Operación Traslado” costó mucho esfuerzo pero al final pudimos unirnos toda la familia y  viviendo juntos en Lima pudimos educar a nuestros hijos en colegios y universidades particulares, las mejores del país, y todas tienen su profesión que las llena de orgullo y tienen, también su propio hogar.

            Esto es, al final de cuentas, el sueño de todo padre y podemos decir con honda satisfacción: Tarea cumplida.

CE 1119 La señora Directora con las alumnas de la Promoción
CE 1119 La señora Directora con los alumnos de la Promoción

36 EL TRASLADO DE UNA MAESTRA

            La Maestra era una profesional egresada de la Escuela Normal de Mujeres “Sagrado Corazón” de Iquitos. Mi amada esposa Maria Judith Alva Rivera era Maestra y trabajaba en la Escuela Fiscal de Mujeres Nº 172, ubicada en la primera cuadra de la calle Napo, a un par de cuadras de su domicilio.

            Llevaba una vida tranquila y sin sobresaltos. Su problema comenzó cuando se casó conmigo. Me gradué de Ingeniero Químico, profesión pensada para lograr el desarrollo de la Amazonía pero, precisamente, en nuestra tierra no había en ese entonces ocupación para Ingenieros Químicos. Era, más bien, una profesión pensada para el futuro.

            El lema de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) “POR UNA AMAZONÍA GRANDE PARA UNA VIDA MEJOR” es la expresión de un sueño que no tardaría en cumplirse pero por entonces no era posible.

            Había empleos en cualquier otra parte menos en la Amazonía. De hecho, mi primer trabajo como Ingeniero Químico fue en la Cerro de Pasco Corp. cuyo centro de operaciones estaba en La Oroya a 3,750 msnm en la Carretera Central. Pero La Oroya es un sitio malsano y no apropiado para los niños.

            Cuando mi esposa me avisó que venía con las mellizas para vivir juntos, corrí a buscar casa en Tarma. Conseguí el segundo piso de un chalet ubicado en las afueras de Tarma, a una cuadra del Estadio.

            Tarma es una ciudad con un clima muy agradable a  solamente 3,050 msnm, y el costo de vida es muy bajo porque había abundancia de alimentos. De hecho, toda persona que tiene un pequeño espacio en su casa lo siembra, generalmente zanahorias y por ello la zanahoria es barata allí.

            Pero para vivir en Tarma pidió permiso en su trabajo por asuntos personales, lo cual quiere decir que durante el tiempo que está fuera de Iquitos no percibe sueldo.

            Me dijo que podría solicitar su traslado para que pueda trabajar en una escuela en Tarma. Escribí la solicitud que mi buen amigo y colega “Pipo” Puga lo presentó en la Supervisión de Huancayo. Pipo tenía casa en Huancayo y también su novia, por lo cual todos sus días libres los pasaba en dicha ciudad. En menos que canta un gallo llegó la Resolución de Traslado a Tarma.

            Entonces fue cuando mi amada esposa me dijo que mejor se regresaba a Iquitos, que tenía que terminar su Bellas Artes, que había semanas en que yo no podía viajar a Tarma, que se sentía muy sola.

            La verdad es que ella es muy amiguera y viviendo tan lejos de la ciudad no tenía posibilidad de conversar con nadie. Era cierto que se sentía muy sola. Para renunciar a una Resolución de Traslado se debe hacer con una Carta Notarial. Fui al Notario, se hizo la carta notarial, el cual Pipo llevó a Huancayo y se solucionó.

            Regresaron a vivir a Iquitos, se reincorporó a su centro de trabajo y se graduó como Profesora de Bellas Artes, mientras yo conseguí trabajo en Lima.

            Trasladarse una Profesora a Lima fue una labor verdaderamente titánica, punto menos que imposible.

            Hacía pocos años que conseguí el traslado de mi cuñada Flora, en ese entonces estaba en el gobierno Fernando Belaunde y el Director General de Educación era mi amigo. Al instante se realizó la operación.

            El Ministerio de Educación construido por el General Odría era el edificio más emblemático de la ciudad de Lima, ubicado en el Parque Universitario y tenía veinte pisos con modernos ascensores de gran capacidad y rapidez. Era también el edificio más alto del Perú.

            Pero cuando necesitamos trasladar a Judith, estaban en el poder los militares y ellos saben ser siempre déspotas.

                        Cuando fue ascendido a Coronel del ejército el señor Guabloche lo nombraron Director General de Educación. Nos alegramos, es paisano requenino de mi esposa y conocidos de su familia. Judith me dijo, toda alborozada:

  • Yo conozco donde viven sus hermanas, vamos a verlas.

            Las hermanas intuían la razón de nuestra visita y nos dijeron con total normalidad:

  • Nuestro hermano nos ha dicho que van a sacar una ley para todos los maestros y no es necesario hacer ninguna gestión particular.

            En otras palabras, nada. Nos negaron.

            Buscamos aprovechar la más mínima oportunidad para conseguir su traslado pero solamente encontraba objeciones: Uno me dijo que están dando preferencia a la unión de empleados del estado y no es su prioridad atender a empleados particulares. Las leyes y disposiciones eran siempre cambiantes, así como el personal.

            Cuando iniciabas un trámite se generaba una tarjeta amarilla donde se registraba la oficina a donde se había enviado y quién lo había recibido. Paso a paso iba siguiendo el trámite, alegrándome con cada avance.

            Quién supervisaba el trámite era nuestro amigo Teódulo Sánchez Vicente, esposo de la paisana y colega de Judith, Nora Acheng. De repente, un día me dijo todo alarmado:

  • La solicitud ha entrado a la oficina de la Dirección General y allí cualquier cosa puede pasar. Ha desaparecido la tarjeta amarilla. Hay que buscar “varas” por otro lado.

            Efectivamente, la tarjeta amarilla había desaparecido, es como si jamás se hubiera iniciado el Trámite de Traslado.

            Justo, entonces ascendieron al grado de Coronel al señor Villavisencio y lo nombraron Director General de Educación. Los ascensos y cargos se publican en los diarios.

            Era hermano de mi Jefe en el Laboratorio de Backus. Fui a su oficina para felicitarle por el reciente ascenso de su hermano y aproveché para contarle el problema que traíamos entre manos. Le pareció que estaba muy bien y precisamente ese sábado se reunirían en su casa para festejar el ascenso y podía aprovechar para conversar mi asunto.

            El lunes apareció sonriente y me dijo que tenía cita en el Ministerio a las 10: 00 am.

            Estuve a la hora señalada pero fue una tremenda decepción Rechazó que hubiera iniciado el trámite y que había desaparecido el expediente y la tarjeta amarilla. Me dijo repetidas veces:

  • A usted le están cobrando. Dígame quién es para sancionarlo.

            Al regresar al Laboratorio el Jefe preguntó por el resultado y le conté. Movió la cabeza y dijo entristecido “Que pena”.

            Mi colega y jefe en el Instituto de Salud Ocupacional (ISO), y compadre Jorge H., quién conocía los problemas que estábamos enfrentando, me invitó a un paseo campestre con sus amigos. Me dijo que iba a conocer a un buen amigo que es Director de la USE del Rímac (Unidad de Servicios Educativos o Supervisión) y él me podía brindar ayuda. Me ofrecí a llevar una caja de cerveza (de mi ración).

            El doctor Forero es un profesional invidente completamente autosuficiente. Cuando le pasábamos el vaso ponía el índice izquierdo en el interior del vaso y se servía. El índice le servía como indicador de cuanto se había servido.

            Muy confiado, el doctor Forero me dijo que conocía a la persona idónea para resolver mi situación, “Se va a sorprender usted” – agregó. El lunes siguiente fui a la USE del Rímac, cercana a la Cervecería y pude verlo en acción.

            Se levantó de su asiento, se ubicó en la parte media de su escritorio y comenzó a caminar, salió de su oficina, giró a la izquierda y regresó con una persona que para mí resultó decepcionante.

            Era un hombrecito que se llenaba la boca con sus habilidades:

  • Soy dirigente del SERP (sindicato de educación de la revolución peruana) y yo entro y salgo del Ministerio de Educación a cualquier hora y puedo hacer cualquier trámite. Yo me voy a encargar de su caso de inmediato.

            Más decepcionado que nunca regresé a mi casa. Tomé dos semanas de descanso de los trámites, para volver a empezar con más fuerza.

            Una tarde, saliendo del trabajo, entré al Ministerio de Educación y me fui a la Oficina de Trámites documentarios solamente para recibir una llamada de atención:

  • ¿Dónde estaba usted? ¿Estaba durmiendo? Hace una semana que ha salido la Resolución de Traslado de su esposa. Debe presentarse en el término de la distancia en su nuevo colegio en El Callao.

            Precisamente cuando menos creí se obtuvo el ansiado traslado. Lleno de emoción llamé a Iquitos para darle la buena noticia y al fin pudimos reunirnos toda la familia y esta vez para siempre.

Rumbo al trabajo
CE 5001 Callao
CE 1119 La Victoria