86 ES MALA EDUCACIÓN LER CARTAS AJENAS

            El primo Tito estaba de viaje en México y siempre enviaba cartas a sus padres a quienes amaba, contándoles cosas que ocurrían en esa gran urbe.

            Tito es el apelativo con el cual lo llaman sus padres. Es común en las familias de la sierra llamar de algún modo característico a sus propios hijos. Su nombre es en realidad Mario Soto Moriano, artista plástico, cantautor y poeta, que es la manera que gusta ser reconocido. Es el artista de la familia.

            Aunque, en realidad, toda su familia cantaba, en castellano y en quechua y el tema que más los emocionaba era Laulico. Basta que alguien comience:

Salías de tu cabaña

en busca de un mundo mejor

a veces por la mañana

a veces al ponerse el sol.

            Y todos los familiares, padres, hermanos, tíos, primos, etc., acudían de cualquier rincón de la fiesta a sumarse a voz en grito, que Laulico fue el líder fuerabambino que quiso devolver la libertad al dios Apu Wamani. (Fuerabamba, provincia Cotabambas, departamento Apurímac).

            Desde siempre se dedicó a la poesía y al canto, al igual que al dibujo. Fue contratado por la Marina de Guerra para ilustrar historietas sobre el héroe Miguel Grau.             Decía que era admirador de la Nueva Trova pues su canto contenía reclamos acerca de la injusticia y la discriminación, acompañado de su fiel guitarra.

            Una editorial de textos escolares lo contrató para ilustrar sus libros y con la finalidad de que se dedicara al 100% a su tarea le puso un departamento en San Borja, con todas las comodidades.

            Así las cosas, de repente decidió ir a la ciudad de México para desarrollar su arte y enriquecer sus conocimientos. Estuvo algunos años por allí y conoció a muchos amigos que lo apoyaron.

            Estábamos en una fiesta en casa de sus padres en el jirón Bello Horizonte en San Martin de Porres, cuando su padre don Pascual Soto me trajo la última carta que les llegó de México y la tía Regina Moriano, su esposa, me animaba a leerla. Era la carta de un poeta, no era una carta intima, que los poetas dicen cosas hermosas cuando dicen algo.

            Lleno de emoción me puse a leer en voz alta para todo el grupo de familiares que nos rodeaban cuando de pronto, un familiar  mal educado soltó ese lugar común:

  • Es mala educación leer cartas ajenas.

            Era a todas luces una impertinencia, decir eso es nada más que un lugar común que no tenía nada que ver con la grandiosidad de lo que estaba ocurriendo.

            Es restarle valor al documento de un poeta, el cual por sí mismo ya es suficiente para ser leído en voz alta. Es no apreciar el arte y el valor del artista.

            Mis tíos me conocen y saben que en mi familia todos somos artistas y apreciamos mucho el canto, la música, el dibujo la pintura, la literatura porque todos lo practicamos y cuantas veces acudía a visitarlos me pasaba horas conversando con Tito y por ello me entregaron la carta porque sabían que lo comprendería bastante bien y lo apreciaría con el corazón. Y así fue realmente.

            La impertinencia cesó cuando le dije son sencillez:

  • No es carta ajena, es carta escrita a sus padres pero dirigida a todos nosotros porque todos nos compenetramos con él, más que una carta es un poema, un canto de amor. Si prestas atención podrás comprenderlo pero no nos vengas con esas vulgaridades.

            Un hermoso documento que nos contaba de sus éxitos rotundos en México City y los muchos amigos que lo apoyan, pero narrados como un poema.

            Mario Soto, Tito, un gran artista cuyo arte perdura para siempre.

El libro del Poeta

84 DON NOÉ

            Don Noé Alva Vargas, papá de mi amada esposa María Judith Alva Rivera, es natural de Cajamarca. Pero eso es todo lo que sabemos de su origen. Nunca dijo de donde, exactamente, provenía. Lo único que pudieron sacarle en claro es que salió de su tierra a causa de su madrastra.

            Suponemos que hizo un largo recorrido desde Cajamarca a Chiclayo y de aquí a Tarapoto. De Tarapoto, también por carretera hasta Yurimaguas, pasando por “El Paredón”.

            A partir de Yurimaguas el recorrido es por el río Huallaga hasta desembocar en el río Marañón, cerca de Puntilla en el departamento de Loreto. Viajando por el río Marañón hasta Nauta donde el Marañón confluye con el Ucayali pera formar el río Amazonas.

            De Nauta subiendo por el río Ucayali llegó a Requena, el destino que deseaba arribar.

            Solamente para ser levado por el Ejército puesto que estaba en edad militar y llevado con el Batallón de Infantería Nº 9  en la nave América al mando del Teniente Primero don Manuel A. Clavero, en 1911, desembarcaron en La Pedrera a orillas del río Caquetá. Victoria completa registra la historia el Combate Naval de La Pedrera.

            Luego de dos años fue dado baja por tiempo cumplido con el grado de Sargento Segundo. Lógicamente se dirigió a Requena donde tenía interés en desarrollar todo su potencial.

            Trabajó en la hacienda de la familia Rivera donde dio muestras de conocimiento excepcional en tareas agropecuarias que nos hacen pensar que en su tierra había trabajado en una hacienda.

            Sabía cazar, podía capar cerdos para engorde y mejoramiento de su carne. Un chancho sin capar se llama verraco y su carne apesta a pichi. Tenía conocimiento superior acerca de sembríos, de arroz, plátanos, yuca, frejol maní. Intercalaba un sembrío con otro sin interrumpir su desarrollo. Saber combinar el sembrado de plantas requiere mucho conocimiento y experiencia.

            Naturalmente enamoró a la niña de la casa y se casó con ella, doña Natividad Rivera Pérez. A partir de allí ambos se dedicaron en cuerpo y alma a sus chacras (haciendas).

            Tuvieron 6 hijos; Dolores, Javier Domingo, María Florentina, Martha, Noé Segundo y mi amada esposa Maria Judith a quien todos en su casa la llamaban “la bebe”. Es decir que es la huinsha o la benjamina, o sea la menor de todos.

            Mientras los padres atendían la cuestión agropecuaria, los hijos estudiaban internados en los colegios.

            Don Noé surtía de alimentos al Ejército, al Colegio Agustín López Pardo de varones y al colegio del Sagrado Corazón de Jesús, de mujeres. Tenía además cultivos de caña de azúcar y fabricaba chancaca y aguardiente. De acuerdo a la técnica ancestral hacía “podrir” la yuca durante la creciente para obtener almidón y fariña que es el principal alimento para los soldados y los estudiantes en la Selva.

            Pero una característica resaltaba Judith como algo especial, muy especial: Se ponía en cuclillas en la ribera y oteaba el horizonte. Miraba el río como si escuchara lo que le está diciendo, de repente se ponía de pie y sabía: la creciente se va a adelantar o todo está normal. Si se adelanta la creciente del río se hace imperativo cosechar el arroz sembrado en las playas del río antes que se lo lleve la corriente. Fue el primer empresario que contrató mujeres para cosechar el arroz.

            El Nóbel peruano en sus andanzas por la Selva Amazónica ha podido enterarse de las habilidades de mi suegro, de la misma manera que obtuvo informaciones para su novela Pantaleón y las Visitadoras, porque en su novela  Travesuras de la Niña Mala dedica un capítulo entero a Arquímedes constructor de rompeolas, quien conversa con el mar y decide donde se debe construir el rompeolas para evitar que se arene o se lo lleve el mar.

            Paralelos imposible de existir, tiene que haber escuchado acerca de las habilidades de mi suegro don Noé. Leroy Jethro Gibbs, protagonista de la serie de televisión NCIS, dice, las coincidencias no existen.

            Desde luego, mi suegro, don Noé, era el único que tenía ese don y nadie se explicaba cómo es que él podía detectar y establecer el ritmo de la corriente del río para decidir de inmediato qué hacer en cada caso.

            También mencionaba Judith la habilidad de su padre para construir canoas y tejer tarrafas. Las canoas en nuestra selva se hacen de una sola pieza sin junturas. Se escoge el tronco, se abre un canal donde se echa agua hirviendo que lo va expandiendo y poco a poco va tomando la forma característica de la canoa. Se le inserta una quilla y se plantan tablones transversales que sirven como bancos. Se tiene cuidado de establecer cuál es la proa y cuál es la popa. La tarrafa es una red tejida con hilo del cero de unos 5 metros de diámetro en cuyos bordes se insertan trozos de plomo para que una vez desplegado en su totalidad la red sobre el agua, las pesas de plomo al irse hundiendo van cerrando la red y todos los peces que están por allí quedan atrapados. Lanzar la tarrafa, cual tarzán, desde la proa de la canoa requiere habilidad y experiencia.

            Fue su hijo Javier cuando regresó de Lima quien sembró cedros en su terreno y al cabo de algunos años tenían un cedral que le dio más precio a la chacra cuando tuvieron que vender todo lo que tenían en Requena para trasladarse a vivir a Iquitos, donde ya se habían establecido Dolores y Maria Judith, mi amada esposa.

Don Noé – Mi suegro

83 COCHE A LA VISTA

            El automovilismo es uno de los espectáculos más populares del mundo y algunas competiciones, como por ejemplo la Fórmula 1, cuentan con más seguidores que muchos otros deportes.

            Así mismo, es el que mueve más dinero, involucrando a un gran número de empresas, fabricantes, deportistas, Ingenieros y patrocinadores.

            Los Ingenieros desarrollan las últimas tecnologías en motores, aerodinámica, suspensión y neumáticos para lograr el máximo rendimiento; estos avances han beneficiado a la industria automotriz, con los neumáticos radiales y el turbocompresor, así como otros adelantos.

            En el Perú la competencia más importante y que motiva a más personas es Los Caminos del Inca la cual se disputa durante una semana y es, en verdad, un rally de varias etapas y todas de distinto recorrido, duración y tipos de pista.

            Los personajes más memorables de nuestro automovilismo son Henry Bradley, Arnaldo Alvarado, Chachi Dibós y “El Zorro” Yangali. Teodoro “El Zorro” Yangali, al ser de Huancavelica y camionero de minerales en la sierra tiño de mestizaje y provincianismo a la competencia, antes era muy elitista.

            Entre las personas con quienes estuve relacionado no hay muchos que alienten este tipo de competencias. Había un Ingeniero en Backus quien saliendo de su turno de trabajo a las 08:00 de la mañana se fue al Aeropuerto para ver llegar al Concorde que venía al Perú por primera vez. Un avión impresionante y el Ingeniero José Pino su único admirador en la cervecería.

            En temas de autos solamente mi yerno el Ingeniero Juan Vargas Fernández es el único que disfruta de las competencias de autos, principalmente de Fórmula 1.

            Pero en La Oroya, en 1972, Ricardo Boullosa Ramírez era fanático de los Caminos del Inca.

            Ricardo fue mi compañero de estudios en la UNAP, era el único que llegaba a la universidad en una motocicleta de 250 cc y sabía manejar toda clase de carros. Su hermano mayor tenía una factoría de reparación de autos y se había acostumbrados a los vehículos y las competencias.

            Ricardo tenía un amigo “Lobo” Zanatti en Iquitos que participaba en carrera de motos en la Carretera Circular y, cuenta Ricardo, en Lima fueron al cine Cinerama para ver El Grand Prix de John Frankenheimer y en una secuencia en la que el protagonista se salía de la pista el Lobo “metió freno”, tan involucrado estaba con la película que él pensó estar manejando el carro de Fórmula 1.

            Ahora se estaba realizando la más famosa carrera de autos del Perú, Los Caminos del Inca en el tramo Huancayo-Lima, pero, cosa curiosa, no pasaban los carros por la ciudad de La Oroya (tenían que pasar por el Puente Cascabel)  sino por el interior de las instalaciones de la Cerro de Pasco Corp. en La Oroya, la carretera interior que comunica a todas las Plantas Metalúrgicas.

            Instalaron una caseta en alto para transmisión radial de la carrera y habían puesto megáfonos por los cuales nos enterábamos del paso.

            El fanático Ricardo nos sacó de nuestras Plantas para mirar el evento:

  • Vamos “Gordo”, te va a gustar.
  • ¿Carrera de autos?
  • Sí, Caminos del Inca. Y van a pasar frente a nosotros.
  • Bueno, pues, vamos.

            Una veintena de Ingenieros Químicos, Mecánicos, Electricistas, Metalurgistas, estuvimos espectando el camino en la oscuridad cuando de pronto atronó el megáfono:

  • Coche a la vista.

            No puedo decir si vi o no vi. Luego del aviso escuchamos el ruido atronador de un coche sin silenciador y un rayo de luz de los faros semicubiertos por la neblina y vimos pasar como una exhalación dejando una estela de humo y polvo, algo inexplicable. No sé lo que vi.

            Una y otra vez hasta que terminaron de pasar la veintena de participantes en esta grandiosa carrera.

            Ricardo estaba conmocionado:

  • ¿Te das cuenta “Gordo”? Qué emoción, clarito lo vi, el primero era el “Zorro” Yangali, ese va a ganar porque esta es la última etapa de la carrera.

            El vehículo de Yangali era diferente en su forma a los demás competidores, era un Ford Mustang y más bien trompudo y por eso se le reconocía.

            Ese año, 1972, ganó la carrera Los Caminos del Inca, Teodoro “Zorro” Yangali, al igual que en 1971. Se ganó un lugar en la historia.

            ¿Si me divertí? Es algo que se puede discutir pero me alegró estar reunidos todos los Ingenieros que estábamos de Guardia en el Turno de 4 a 12 en el Complejo Metalúrgico, y sobre todo, la alegría que llenaba a Ricardo, mi compañero de estudios, colega y amigo.

La Llegada Fórmula 1
Piloto peruano»El Zorro Yangali»

77 GOOOL

            El fútbol es el deporte que más se practica a nivel mundial y el que cuenta con mayor cantidad de espectadores, doblando la audiencia de los Juegos Olímpicos.

            El Campeonato Mundial de Fútbol se realiza cada cuatro años y entre ellos se realizan partidos eliminatorios para clasificar al Mundial.

            Hasta ese momento, abril de 2014, nuestro país había participado en los Mundiales de Fútbol de 1930 (Uruguay), 1970 (México), 1978 (Argentina) y 1982 (España). O sea, una sequía de 32 años nada menos.

            Y nuestros compatriotas que desde que nacen ya son futboleros y las más de las veces constituyen un serio “dolor de cabeza” cuando juegan en la calle disparando “taponazos” sin control y ocasionando lesiones a las personas que tienen que pasar por esas calles.

            Y esto ocurre en todo el Perú, además que los diarios publicitaban como la gran cosa el “Mundialito de El Porvenir”, partidos de fulbito en la calle.

            Habíamos viajado a la ciudad de Iquitos con mi amada esposa, con ocasión del fallecimiento de mi hermano Pedro.

            Nuestro hotel quedaba en la segunda cuadra de la calle Pevas y en la esquina en el cruce con la calle La Condamine había un restaurante denominado “Al Vuelo”. Este lugar nos encantaba por la tranquilidad y la poca cantidad de personas; aquí podíamos disfrutar platos típicos de la región sin tener que ir a buscarlos por otro lado. Podíamos comer ensalada de chonta, cebiche de paiche, juane de gallina, tacacho, cecina, chorizo, etc.

            Pero ese domingo el lugar estaba atestado y la televisión estaba pasando el partido. Al maniático no le importa quien juegue con tal que sea fútbol.

            Queríamos almorzar rápido para salirnos del lugar cuando de pronto de todas las mesas brotó un grito estremecedor:

  • ¡Goool!

            Hacía 32 años que Perú no participaba en un mundial pero eso a los fanáticos no les interesa. Estaban jugando en España la Copa del Rey, Barcelona contra el Real Madrid, ganó el Real Madrid por 2 a 1.

            Resulta difícil hacerse a la idea que nuestros paisanos se pudieran identificar con algún equipo de fútbol de otros lugares lejanos, pero era así.

            Es en realidad sorprendente, por decir lo menos, que personas de Iquitos pudieran gritar a pleno pulmón y, sobre todo, alegrarse y abrazarse entre ellos porque el Real Madrid metió un gol, ni que fuera el Sacachispas Fobal Club o el Once Amigos de la Pablo Rosel.

            Me parecía estar escuchando el insigne Augusto Ferrando cuando narró la carrera donde ganó el caballo Santorín, el Pellegrini, en el Palermo. Argentina:

  • Hemos visto ganar, con lágrimas en los ojos, a un equipo (caballo) de acero…

            Es inquietante que por donde vaya uno, los restaurantes pongan televisores con la sintonía del fútbol con la finalidad de atraer clientes, sin pensar que el comensal que viene a ver el partido no se va y en consecuencia el negocio no aumenta, además que existimos personas que no nos interesa el fútbol. Lo jugué en mi juventud pero en una cancha de fútbol, el campo del Club Dos de Mayo, jugué fulbito en las canchas del Club Sporting Cristal, organicé un Campeonato de Fútbol Inter Comunidades Industriales en el campo del Club Sporting Cristal, pero jamás me he detenido a mirar partidos de fútbol en la televisión.

            Amén de que jamás fuimos al Estadio Nacional porque allí murió mi cuñado Noé Segundo Alva Rivera el 24 de mayo de 1964. Y esto ha creado un trauma en nosotros.

            Al regresar a nuestro hotel yo iba canturreando el canto del Sacachispas (Pelota de trapo):

  • Les metimos un pepino, se pusieron, se pusieron a llorar.

            En mi casa solamente veíamos partidos donde jugaba la Selección Nacional, fuera cual fuera el campeonato y nuestras hijas se encargaban de ponerle color con sus gritos.

            Esto fue así hasta que llegó mi yerno Jorge Canaval quien juega fulbito todos los sábados de su vida y es capaz de ver fútbol en la televisión de cualquier equipo o de cualquier país.

Restaurante Al Vuelo – Iquitos

72 PAPÁ CUÉNTANOS OTRA HISTORIA DEL ENANO ESE

            Cuando mi Claudita me lo dijo, entendí que no me había sabido explicar. Siempre les contaba historias de la fábrica Backus y las más costeantes eran sobre Chaparro.

            Mis hijas entendieron que Chaparro era un apodo relacionado con baja estatura y de allí que se refirieran a él como un enano, chato, pequeño.

            Tuve que decirles que Chaparro era su apellido, que él tenía la misma estatura que yo. Pero era una persona muy tacaña y devoto de la “virgen del puño”, por lo cual todas las historias tenían que ver con cuestiones de dinero.

            Pero, ojo, no gastaba porque todo guardaba y se mandó construir una casa en San Borja.

            Aquí algunas historias:

LA MEDIA SUELA

  • Mi señora me ha pedido que le compre un par de zapatos.
  • ¿Le vas a comprar?
  • Estoy pensando.

            Luego de un rato se acerca y me cuenta su “decisión”:

  • Le voy a mandar a poner media suela a su zapato y le voy a dar quince soles para que gaste en lo que quiera.
  • ¿Piensas que ella lo va a aceptar?
  • Peor para ella si no acepta, se queda sin zapato nuevo y sin los quince soles.

YA SE HA MUERTO MI TÍO AYAYAY

  • Suárez, se ha muerto mi tío en Huacho.
  • ¿Vas a ir?
  • No. Si voy ahora me van a hacer pagar el entierro o la comida o el café. Mejor voy cuando ya haya pasado todo y así no tengo que pagar nada.

            Nunca deja de sorprenderme sus ocurrencias, pero la de esta vez fue tremenda:

  • Suárez ¿Del tío también se hereda?

            No me quedó más que sonreír aunque era típico de Chaparro, no gastar y sí sacar ganancia.

EL SUELDO

            La esposa de Juan Chaparro, pese a que ya no era una chiquilla, se comportaba como una niña: Todo su sueldo le entregaba a su mamá, el sobre cerrado.

            Cuando se casó le entregó todo su sueldo a su esposo y le dijo:

  • A mi mamá le tengo que entregar…
  • No ¿para qué?
  • Siempre le entregaba a ella todo mi sueldo.
  • Ya no, pues. No hay que acostumbrarla mal.
La media suela

69 LAS OLIMPIADAS UNIVERSITARIAS

            Era el año de 1964 y la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos, recibió la invitación para participar en las Olimpiadas Universitarias que se realizarían en la ciudad del Cusco.

            Nuestra universidad era joven, de reciente fundación y no teníamos ninguna visión en materia de deportes. Había muchos deportistas individuales, jugadores profesionales de fútbol, algunos que practicaban basquetbol, pero no teníamos ninguna organización.

            El mismo Rector Emilio Gordillo Angulo sugirió:

  • Le mandamos a Panchito Carbone que nada como un pez.

            Arturo Miyake Vela, de Agronomía, se propuso a sí mismo para esgrima, algo sorprendido le pregunté:

  • ¿Sabes la esgrima?
  • He estado en Cuarto Año de Cadete en la Escuela Militar de Chorrillos. Sí, sé esgrima con espada y florete.

            Carlos Mathews, de Agronomía, proponía a Quiñe para la Maratón. Quiñe jugaba de Arquero en un equipo de fútbol. No pude evitar preguntarle:

  • ¿Estás seguro?
  • Claro que sí. Antes de cada partido se da 10 vueltas a la cancha. Qué rico tipo para correr. Nadie mejor que él para la Maratón.

            Muchos propusieron a Luis Ríos Chiong, de Agronomía,  para ajedrez  habida cuenta que toda su familia y la familia de su tío “Pipi Vargas” lo juega, todos son muy aficionados y conocen todas las salidas y mates.

            Armaron un equipo de Fútbol, teniendo en cuenta que algunos estudiantes eran jugadores de Primera División.

            Así, ensamblando un equipo de deportistas a la de Dios, es decir de forma por demás improvisada y sin ningún entrenamiento, los mandamos al Cusco, el ombligo del mundo.

            Iquitos es una ciudad moderna que está a 104 msnm y el Cusco está a 3,400 msnm, lo cual es una diferencia notable que tiene, de todas maneras, que influir en el rendimiento deportivo de nuestra Selección.

            A Quiñe le tuvieron que poner oxígeno, Miyake perdió, el Fútbol perdió. Lucho ganó su primera partida de Ajedrez pero se “pegó una bomba” y no se presentó a la segunda competencia y fue eliminado. Solamente Pancho Carbone Mora trajo una Medalla de Bronce por su magnífico desempeño. Algo es algo.

            La cosa es que, a pesar de no haber tomado en cuenta el tema de los deportes en nuestra joven universidad, hicimos frente al desafío que representaba participar en los Juegos Olímpicos Universitarios, y todavía en el Cusco.