81 EL HIJO AUSENTE

Cuando era niño, en la ciudad de Iquitos, mi mamá me contaba siempre sobre las historias que había leído o las películas que había visto. La mayoría de las películas que veía eran del cine Argentino y del cine Mexicano.

Conocía a Carlos Gardel, Hugo del carril, Libertad Lamarque, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Luis Aguilar.

Una curiosidad que mencionaba era que cuando vivía Jorge Negrete era el Número 1 y Pedro Infante era el Número 2, Luis Aguilar era entonces el número 3.

Al morir Jorge Negrete, Pedro Infante pasó a ser el Número 1 y Luis Aguilar el Número 2. Y cuando murió Pedro Infante, nadie más fue considerado el Número 1, en México.

Un tema que me narró varias veces era el de una película argentina en la que un joven tiene que viajar lejos de su tierra y su madre siempre lo esperaba.

Cuando enfermó la madre, internada en el Hospital, miraba todo el tiempo hacia la puerta. Nadie sabía por qué miraba la puerta, nadie sabía qué era lo que esperaba, ni a quien esperaba.

Y toda la función era que la madre miraba hacia la puerta, hasta que un buen día el hijo ausente se enteró y regresó después de muchos años a su pueblo y fue al Hospital. Su madre al verlo se alegró tanto que rápidamente se recuperó.

Era un tema recurrente en las historias de mi madre.

El único hijo ausente en mi casa era mi hermano mayor Raúl (QEPD), militar destacado en la zona de las guerrillas.

Cuando mi madre enfermó fue internada en el Hospital Iquitos y me di cuenta que ella siempre miraba hacia la puerta. Pienso que ella imaginaba que su hijito Raúl llegaría al fin y se sanaría, como en la película.

Pero la vida real no siempre tiene finales felices.

Mi hermano nunca llegó y mi madre falleció sin llegar a verlo.

Tampoco llegó al velorio ni al entierro. Cuando pude verlo en Lima, me dijo que había jurado no volver jamás a Iquitos. ¿Qué habría pasado para tamaño juramento?

Su secreto se lo llevó a la tumba.

Pero nosotros siempre recordamos a nuestra madre con mucha alegría y nos sentimos felices y contentos de haberla acompañado hasta el final. Recuerdo con cariño las historias que me contaba, muchas de las cuales forman parte de los libros que he publicado.

Cuando recuerdo este pasaje de mi vida en mi mente resuena la última estrofa del canto a María “Hoy he vuelto”

Aunque el hijo se alejara del hogar,

una madre siempre espera su regreso.

Que el regalo más hermoso que a los hijos da el Señor

es su madre y el milagro de su amor.

 

Hoy he vuelto, Madre, a recordar,

cuántas cosas dije ante tu altar,

y al rezarte puedo comprender

que una Madre no se cansa de esperar.

El Señor la tenga en su Gloria. Bendita seas Madre Querida.

Mi hermano Raúl

79 UNA EMERGENCIA

El conocer la diferencia entre los términos emergencia y urgencia no sólo es importante para el equipo médico, sino para cualquier persona en general. Debemos estar preparados para identificarlas y afrontarlas. Por ejemplo, una urgencia puede convertirse en emergencia sino es tratada de manera oportuna. A continuación les daremos mayor detalle:

Una Urgencia

​            Es una situación de salud que se presenta repentinamente sin riesgo de vida y puede requerir asistencia médica dentro de un período de tiempo razonable (dentro de las 2 o 3 horas).

Ejemplo: Crisis nerviosa, cólico renal o hepático, fiebre elevada, dolor de garganta u oído, sarpullido, bronquitis, dolor de cabeza y mareos, etc.   

Una Emergencia

Es la situación de salud que también se presenta repentinamente, requiere inmediato tratamiento o atención y lleva implícito una alta probabilidad de riesgo de pérdida de vida.

            Ejemplos: Pérdida de conocimiento, abundante pérdida de sangre, dificultad respiratoria prolongada, dolor intenso en la zona del pecho, convulsiones, electrocución, asfixia por inmersión, caídas desde alturas, accidentes de tránsito.

Fuente: mienfermeraperu.com

Muchas veces nosotros mismos consideramos una emergencia toda situación de malestar intenso y no nos preocupamos de los detalles que se denotan en el acápite anterior. En realidad no nos importa aquello que el personal del servicio hospitalario considera obligatorio su conocimiento, porque no está en su “encima” sino como una manera de eludir sus obligaciones.

Acudí  a mi Centro Asistencial de Essalud Francisco Pizarro en el Rímac con un fuerte dolor en la garganta. Esto es terrible para alguien que sufre de malestar crónico en las amígdalas. Pero a la encargada no le pareció válido mi dolor

  • Por un dolor de garganta no le voy a dar atención en Emergencia

Es de todos sabido que las citas para consultorios de Essalud duraban un mes. En un mes podía haberme muerto o haberme sanado vía otros medios. Después son ellos quienes te dicen “no se automedique”, pero su indolencia nos dice todo lo contrario.

Mi hija Luisa estaba muy mal, con un fuerte dolor en el estómago, complicado con problemas bronquiales, un dolor insoportable. Era un día lluvioso y Juan Vargas, su esposo, me dijo que la llevaría a emergencia en una clínica que él conoce en la Avenida La Marina, pese a que yo le decía que en la Clínica Stella Maris la podían atender de inmediato. La Clínica Stella Maris queda cerca a nuestra casa.

Llegamos a la Clínica San Gabriel y sacamos número, el número 40 y aún no empezaban a llamar. Sentados allí en la sala de espera de emergencia de la clínica y viendo a mi hija sufrir. Juan me preguntó

  • ¿En la Stella Maris la atenderían rápido?
  • Mira Juan, mientras tú estás haciendo el trámite en la ventanilla a ella ya la comenzaron a atender
  • Entonces vamos al Stella Maris ahora mismo

Era una noche de lluvia intensa y no se podía correr, pero mientras Juan estacionaba el carro, en el Stella Maris puedes acercarte hasta la misma puerta de emergencia pero no puedes estacionar allí sino que debes salir y estacionarlo en la calle, el personal me recibió a mi hija.

Dije en la Administración que el esposo está estacionando el carro, a Luisa ya le habían internado y le estaban tomando la presión y la temperatura. Cuando Juan llegó, luego de entregar su tarjeta de crédito en la Administración, ya el médico de emergencia la estaba auscultando. Una atención maravillosa que ya yo lo conocía de cuando atendieron a mi esposa, que la operaron del apéndice de urgencia por mi Seguro Médico Familiar de Backus y de cuando atendieron a mi hija Charito por un accidente casero por su Seguro Universitario de la PUCP. Una maravilla, el lugar, el personal y la atención.

Clínica Stella Maris

Tienen también una excelente atención de emergencia en la Clínica Ricardo Palma. Es un pabellón íntegro para Emergencia Pediátrica. Y cuantas veces acudimos con nuestra nieta Andrea Canaval, la atendieron al instante. Y el Dr. Veramendi, su médico Pediatra de cabecera es su amigo.

Dios va a premiar, con seguridad, a aquellas personas relacionadas con la salud que nos hacen sentir que estamos en buenas manos.

Sobre todo  a quienes trabajaron en el Hospital del Niño, a donde acudimos durante tres años para que atendieran a mi hija Luisa por el asma agudo que la aquejaba en ese entonces, entre 1975 y 1978. Tosía desde las 10 de la noche, a las 03 de la madrugada se ponía morada y era el momento en que teníamos que llevarla al Hospital del Niño, con “toque de queda” y todo.

Desarmé un escobillón de una sola patada y rompí una sábana blanca para armar una banderola, la única manera de salir a la calle sin salvoconducto. Mi padre encabezaba el desfile portando de manera visible la banderola, yo cargaba a mi bebé y mi esposa a mi lado. El hospital quedaba a 10 cuadras de nuestra casa.

Hospital del Niño

Pero al llegar al Hospital, me atendían de inmediato los médicos Internos, quienes hacían un diagnóstico y extendían una receta, detrás de ellos estaba el Dr. Estacio, Jefe de Emergencia Turno de noche, y los interrogaba uno a uno

  • ¿Qué tiene?
  • Insuficiencia respiratoria por el asma que le aqueja
  • ¿Qué le has dado?
  • Epinefrina, 0.2 mg
  • Dale 0.3 mg
  • Muy bien doctor

Mi Luisita, apena veía al doctor Estacio, se abandonaba, se sumía en un relax de tranquilidad porque sabía que había llegado su salvación. Luego de la aplicación quedaba en observación. Nunca hubo complicaciones. A las 5 am emprendíamos el regreso, satisfechos, contentos y felices porque el mal se había disipado.

Benditos sean los doctores que nos han ayudado en nuestro dolor, y todo el personal que los acompaña con el mismo carisma.

Siempre he dicho que en el Hospital Santa Rosa de Pueblo Libre me salvaron la vida, cuando tuve el infarto, pero la verdad es que comenzamos con el pie izquierdo:

Desde las 10 de la noche comenzó a dolerme la espalda, pensé que me había dado “el aire”. A las 12 fui a dormir, pero me desperté a las 5 am con un dolor más fuerte. Como el oso, arrimaba mi espalda a la esquina de la pared, presionando mi espalda a ambos lados de mi columna, para tratar de mitigar ese dolor. Hicimos la lonchera y “despachamos” a Charito que se fue a su trabajo.

A las 8 de la mañana le dije a mi esposa para ir al Hospital. Llamé a Charito y le dije que el dolor que sentía en la espalda es demasiado fuerte y que estoy yendo a Emergencia del Rebagliati (Hospital de Essalud). Me dijo que estaba bien.

Pero al rato me llamó para decirme que mejor me fuera al Hospital Santa Rosa que está más cerca, a cuatro cuadras de la casa, que ella nos alcanzaría allí.

En Emergencia del Hospital Santa Rosa había pocas personas, pero el técnico vino a decir

  • Si no están con fiebre no les voy a atender. Vayan a sacar su cita en el hospital.
  • Sin levantar la mirada, le dije de manera muy seria – No me voy a ir a ningún lado, me duele mucho la espalda. De aquí no me muevo ni con grúa

Justo en ese momento se acercó mi esposa, traía en la mano la boleta de Atención en Emergencia del hospital, de lo cual se dio cuenta el técnico.

  • Ah, ya pagó la boleta, bueno pues, le voy a atender, pase usted

El médico de emergencia, al igual que el técnico, indiferentes totalmente a las personas. Sin levantar la cabeza preguntó

  • ¿Qué tiene?
  • Me duele mucho la espalda. Estoy muy asustado. Estoy pensando en Pleuresía, Neumonía o un Infarto
  • ¿Infarto con dolor en la espalda? – Aquí si me miró, se encogió de hombros pero dijo – En fin. Que le tomen una placa y un electro.

Reconozco que leo mucho pero no lo sé todo. Consideré que el examen más importante es el de los pulmones. Fue el momento en que llegó Charito y le dije que primero fuéramos a sacar la placa. Me tomaron de inmediato y el Radiólogo, mirando la placa en el fluoroscopio me dijo que no había ningún problema en los pulmones.

Ahora al electro, una ayudante corrió a buscarlo. El encargado me puso todos los chupones y realizó el examen de manera mecánica. Terminado el cual arrancó la tira de papel milimetrado, lo doblo y me lo entregó “dale al médico” me dijo. Para mí es un simple papel lleno de zigzags que no me dicen nada. De regreso al médico de emergencia le entregué y aquí sí vi alarma en su expresión

  • Tenemos problemas coronarios. ¡No se mueva!, ¡no camine! Ahora le traen una silla de ruedas – Apareció el técnico con una silla de ruedas, me sentaron y me llevaron a la carrera a una sala donde me acostaron en una cama y me “crucificaron” con manguera de oxígeno, una vía en al brazo derecho, otra en el brazo izquierdo, sensores en el pecho y en el dedo

El joven médico de piso me preguntó

  • En una escala del 1 al 10 ¿Cuánto es el dolor?
  • 10
  • Ah, es bastante fuerte

Me preguntaba, supongo que lo hacen para no perder el conocimiento, sobre mi familia. Allí está mi esposa, esa señora irreconocible que sujeta su cartera bajo el brazo. De haber estado sana, ahora mismo estaría dándote indicaciones sobre cómo atenderme. La joven elegante es mi hija Charito, Ejecutiva en una empresa de San Isidro. Tengo una hija que es Cirujano Dentista de la Cayetano Heredia. En este momento a pareció mi hija Luisa. El doctor me preguntó “Ella es de la Cayetano”. Si doctor. La hizo pasar y solamente a ella le permitió estar a mi lado. Receta tras receta la entregaba a Charito. Las medicinas en el hospital no son caras, pero en mi caso eran abundantes.

Hospital Santa Rosa

Cada hora me hacía la pregunta e iba bajando el dolor a 8, a 6, a 4, a 2, hasta 0. Entonces se dio por satisfecho. Habían llamado al Cardiólogo que lo único que decía es

  • Lo llevamos arriba y le operamos
  • Doctor, el paciente es asegurado – le informaba el joven doctor
  • No importa. Lo llevamos arriba y le operamos
  • Doctor, el paciente tiene derechos

El mismo joven doctor llamó al Rebagliati y al momento vino una ambulancia con una doctora joven a recogerme. En el Hospital Rebagliati me operaron de inmediato y me pusieron un Stent en la arteria coronaria, pero es en el Hospital Santa Rosa donde me salvaron la vida. Dios bendiga a ese joven doctor.

Las situaciones en el Hospital Rebagliati están incluidas en mi Libro “Nuestro Amor”, pueden comprarlo para enterarse de las mismas en detalle.

Hospital Rebagliati

74 LA ESCUELA PRÁCTICA

Estudiábamos en la “Escuela Práctica”, un colegio particular de Primer Grado que estaba ubicada a la vuelta de mi casa, razón por la cual nunca llegué tarde. Era nuestra vida en la ciudad de Iquitos, capital de la Provincia de Maynas y del Departamento de Loreto.

En aquel entonces el Sistema Educativo en el Perú designaba Primer Grado  a la Educación primaria correspondiente al Primero, Segundo y Tercer año de Primaria.

Existía un nivel previo que no era obligatorio pues en tu casa podían enseñarte tus padres a leer y escribir, se llamaba Transición o Preparatoria, aunque algunas veces escuché a la señora Juana referirse a ellos como Pre escolar. Pero los chicos de la escuela le decíamos simplemente “Prepasho”, en un perfecto lenguaje loretano.

Con el uniforme de Desfile de esa época

El Segundo Grado, Cuarto y Quinto Año de primaria lo hicimos en la Escuela Urbana Prevocacional Nº 161 “Sargento Segundo Fernando Lores Tenazoa”. Colegio estatal.

La Escuela Práctica estaba ubicada en la primera cuadra del Malecón Tarapacá, al lado de la casa de los Hernández, la casa donde fabricaban los más exquisitos arreglos florales con gramalote, visitada por todos los más famosos artistas mexicanos que llegaban a Iquitos.

Las clases como en todos los centros educativos de la localidad eran de 8 a 12 m y de 3 a 5 pm, de lunes a viernes y el sábado de 8 a 12 m. Transición salía siempre a las 11 am.

Su Directora y dueña de la Escuela Práctica era la madrina de mi hermano Enrique y tomaba “pensión” en nuestro Restaurante. Aprovechaba cada situación para corregirnos y darnos lecciones de vida: No se dice mangüa sino mango. No se hace sonar cuando se agita el azúcar en la bebida en la taza de loza con la cucharita. No se sorbe la sopa, no se apoya los codos en la mesa durante la comida. Nunca se lleva el cuchillo a la boca, es mala educación. Y lo que marcó mi vida para siempre, todos los días debemos ir al baño para hacer la deposición, siempre a la misma hora, aunque no tengamos “ganas”: debíamos dar golpes suaves en las rodillas para estimular la función, “y verán que en pocos días se volverá una costumbre que les va a ser muy provechosa para toda su vida”. Y es verdad que lo fue.

La Directora doña Juana Venegas de Herbozo era alta, de carácter fuerte, se había graduado de educadora en la ciudad de Lima y para ello tuvo que trasponer la Cordillera de los Andes a lomo de mula, entonces no existía el avión. Por esta razón, la mayoría de las personas adineradas de Iquitos se educaban en Madrid, Londres o Paris, porque era más fácil embarcarse en un transatlántico en la ciudad de Iquitos, viajar a través del Amazonas y arribar a uno de esos puertos en Europa. Pero la señora Juana logró su cometido, se graduó de Educadora, y volvió de la misma manera para fundar su propia escuela en la ciudad de Iquitos.

De nuestras maestras recuerdo a la señora Emma Zumaeta, de contextura gruesa, carácter agrio y siempre de luto. Cuando cantábamos canciones a la madre en su día.

“Donde estás madrecita de mi alma

Donde estás, corazón, donde estás”

La señora Emma salía corriendo y llorando hacia la huerta del colegio. Los tres años que estuve en la Escuela Práctica la vi así. Daba pena.

También recuerdo a la señorita Emmita Bardales, hija del Profesor Jorge Bardales, Director de la Escuela de Segundo Grado Nº 161, muy cariñosa y buena gente. Una por dura y mayor, señora Emma, y la otra por joven y cariñosa, señorita Emmita.

En nuestra Primera Comunión

La señorita Ida Campos fue maestra de mi hermano mayor Raúl. En las vacaciones de fin de año, viajando a Yurimaguas para pasar la Navidad con su familia, se hundió la lancha y murió ahogada.

La Señorita Ida Campos

Mi hermano Raúl tenía una compañera de aula, una chinita de 15 años, a quien llamaban simplemente Chong Taipó. Vivía en la calle San Martín tercera cuadra, más allá del “Athletic Club José Pardo”. Una tarde, luego de una agotadora sesión de ejercicios en su casa, tomó baño con agua fría y le dio derrame cerebral. Falleció instantáneamente.

Cuando comencé el Primer año de Educación Primaria, se lo he contado a mis hijas y se lo saben de memoria, mi mamá me lavó las rodillas, usábamos pantalón corto como todos los niños, me dio un cuaderno de cincuenta centavos y un lápiz de cincuenta centavos. Y ese era todo mi “arsenal” educativo. No la tonelada de útiles que ahora se exige a los alumnos de Kinder.

Desfile Escolar

Conforme íbamos avanzando en el nivel educativo avanzaba también la cantidad de útiles, de manera que en el Tercer año ya teníamos varios cuadernos y algunos libros, amén de lápiz bicolor, muy usado en aquel entonces, plumero, tintero, lápices de colores, cuaderno de dibujo Raphael, regla, escuadras, compas, etc.

Había entonces en Prepasho una alumna ya bastante grande, cercana a los 20 años, que, consciente que era bastante mayor para estar en Transición, trataba de aparentar que estaba con los de mayor grado, de manera que llevaba varios legajos, libros y cuadernos usados, quien sabe de dónde los había sacado, pero los muchachos se dieron cuenta “al toque” y la apodaron “Quinto Año”, es decir, que llevaba más cosas que nosotros del Tercer y último Año en la Escuela Práctica. Cuando pasaba por nuestro lado, Transición sale primero, todos los chicos le gritaban “Quinto Año”, “Quinto Año”. Pero ella solamente sonreía, jamás le vi molestarse o avergonzarse de lo que hacía. Era una verdadera mujer. Admiraba su valentía, para decidirse a estudiar a pesar de su edad. Es común que las personas que viven en la chacra, lejos de todo centro poblado, no tienen posibilidades de estudiar. Pero una vez que vienen a la ciudad se dan cuenta que sin estudios no es mucho lo que puedes avanzar en la vida. Y ella decidió estudiar. Bien por ella y por la Escuela Práctica que la recibió sin más ni más.

69 USTED SÍ ES UN INGENIERO DE VERDAD

Desde mis más tempranos recuerdos fluyen nítidamente mi afición por la lectura y mi afición por el dibujo.

Lector infatigable, leía todo cuánto caía en mis manos. Me he pasado muchas noches y el día entero durante mis vacaciones en la Biblioteca Municipal de Iquitos, la cual quedaba en los bajos del Palacio Municipal en la Plaza de Armas de Iquitos.

Dibujante a lápiz emborroné muchos cuadernos Raphael, pero también muchas libretas de apuntes, dibujando paisajes, manos, pies, caras, cuerpos, etc. También incursioné en el dibujo humorístico o caricaturas.

Fue en el Curso de Geometría en el Colegio cuando sentí un fuerte impulso por el Dibujo Técnico, principalmente por el desarrollo de superficies. Construí todos los sólidos desarrollables, en cartulina: cubo, cono, cilindro, prisma, pirámide, dodecaedro y un icosaedro. Esta sensación se intensificó en la Universidad, justamente cuando llevamos Dibujo Técnico y Geometría Descriptiva.

Debido a esta afición fue que acepté el encargo de enseñar en la Escuela Regional de Bellas Artes de Iquitos los cursos de Dibujo Técnico y Perspectiva.

Al graduarme fui a trabajar como Ingeniero Químico en la Cerro de Pasco Corp., en la ciudad de La Oroya. Luego pasé a trabajar en el Instituto de Salud Ocupacional en Lima y finalmente recalé en la Cervecería Backus y Johnston S.A.

Pero nunca dejé de practicar  mis diseños y, más bien, me las pasaba revisando los textos de Geometría Descriptiva de Héctor Velarde, el Technical Drawing en inglés y el Tratado Práctico de Perspectiva de FTD. La parte que más me agradó siempre es el Desarrollo de Superficies. Esto viene a demostrar que enseñar en la Escuela de Bellas Artes no era solamente una opción laboral sino una verdadera afición.

Una vez, trabajando en el Tercer Turno en la Cervecería, me encontraba en el Comedor a las 3 a.m. y me disponía a tomar mi cena cuando apareció un señor que deseaba hablarme.

Era un Contratista Mecánico y estaba forrando las tuberías aéreas con una cubierta de cinc. Estaba “vistiendo” las tuberías y tenía un problema de diseño.

Me dijo que había consultado con el Ingeniero Mecánico de Maestranza, con el Ingeniero Mecánico de la Sección Mecánica del Salón, con los Ingenieros Químicos de Elaboración y de Producción y nadie le había dado una solución. Fue un Supervisor de Producción quien le dijo que  “el único que te puede ayudar es el Ingeniero Suárez, pero ahorita está en el Comedor”.

La necesidad puede más. Me encontró y parecía desesperado

  • Ingeniero, soy Contratista Mecánico y tengo que entregar a las 8 de la mañana todas las tuberías forradas en láminas de cinc. Pero hay varias intersecciones y algunas en cruz y aquí está el problema. No me acuerdo como desarrollar estas superficies. Ya todos los tramos rectos están terminados y esto me está demorando.
  • ¿Tienes los planos?
  • Sí, Ingeniero, aquí tengo los planos con la vista de planta y vista frontal.
  • Entonces será fácil.

El desarrollo de una superficie es la figura plana que se obtiene al desdoblarla  totalmente en un plano.

Un principio fundamental que se tiene que tomar en cuenta, es que cada línea muestre la longitud verdadera de la línea correspondiente en la superficie del cuerpo. Por eso se le llama plantilla.

  • Vamos, pues, a dibujar la plantilla de las tuberías que deberás rolar para cubrir las intersecciones, o sea, vamos a trazar sobre esta lámina el desarrollo de la superficie, de tal manera que al cortarla y plegarla tome la forma del objeto que vas a cubrir.
  • De acuerdo, Ingeniero.

Comenzamos entonces la explicación detallada del desarrollo de la superficie que le preocupaba tanto al mecánico y al poco tiempo, ya entusiasmado, dijo

  • Ya recordé, Ingeniero. Ahora si me acuerdo, y sí, es fácil. Voy a hacerlo de inmediato que la hora me gana. Gracias Ingeniero.

Estaba saliendo del comedor y se volteó para decir

  • Usted sí es un Ingeniero de verdad

Todos los supervisores que estaban en el comedor habían observado con curiosidad la situación y al escuchar lo que dijo solamente sonrieron. Ellos ya lo sabían.

El Ingeniero

 

66 PRECISIÓN Y EXACTITUD

El Jefe de Laboratorio de la Cervecería Backus, Hernán Villavisencio me llamó a su oficina para hacerme una “consulta”. Era sabido que leía bastante y que además tenía una memoria muy grande y podía recordar muchas cosas, por lo que era muy común el preguntarme por diferentes asuntos que requerían una ayuda inmediata. Estaba con el Segundo Jefe José Bettocchi y la pregunta era un tanto salida de los temas comunes.

  • Ingeniero Suárez, tenemos una serie de datos dispersos de una investigación que hicimos, ¿Cómo podemos escribirlo en un informe, qué términos podemos emplear?

Los miré y luego comencé a hablar

  • Cuando estaba en el Ejército…
  • ¿Qué tiene que ver el Ejército en esto? – interrumpió el Jefe

Sin hacerle caso continué hablando

  • Decía, que en el Ejército, en las prácticas de tiro, habían soldados que disparaban sus 10 tiros y las balas salían desperdigadas. Si eres un buen tirador pero el fusil no está calibrado, las balas quedan juntas pero no en el “blanco”. Si usas una “mosca”, que es un disco rojo de 5 cm de diámetro, y apuntas a la mosca, entonces los 10 tiros dan el blanco. En el primer caso se dice, en el Ejército, que “no hay agrupamiento”, en el segundo caso hay agrupamiento, es decir, que en el primer caso no hay precisión, en el segundo caso hay precisión pero no exactitud y en el tercer caso, obviamente, hay precisión y exactitud.

El tiro al blanco

  • Esas son las palabras que estábamos buscando, precisión y exactitud. Si recuerdo nuestras prácticas de tiro en el colegio y también usábamos la mosca.
  • Esos mismos términos y por los mismos motivos se usan en estadística y eso es lo que ustedes están haciendo.
  • Sí, ¿Ya ves Bettocchi? Te decía que el Ingeniero Suárez podía darnos una “luz” en nuestro asunto

La verdad era que les daba luz a cada rato y a todos, hubo alguno que decía de mí que era una enciclopedia andante, hubo otro que, tratando de halagarme, decía que era “Vargas Llosa”, personaje a quien yo, precisamente, no aprecio.

64 EL MANTENIMIENTO DE MI AUTO

Hace algunos años tenía un auto maravilloso, un auto Station Wagon Datsun Modelo Ejecutivo que lo había comprado en la Planta Autodelta de Surquillo, o sea fui su único dueño. La siguiente persona que lo manejó fue mi hija Charito quien hizo sus pininos en esta móvil.

Lo cuidaba como al elemento más preciado de nuestra familia, que nunca nos dejó botado y se adaptaba a todas las circunstancias: Recorrimos el Perú en nuestro auto maravilloso, La Oroya, Huancayo, Chimbote, Trujillo, Huaraz, Callejón de Huaylas, Ica, Pisco, Nazca, Arequipa, etc.

Pero, como corresponde, lo limpiaba y cuidaba su mantenimiento con esmero. Nunca fue necesario hacerle “bajada de motor” pues era un carro eterno.

En el Hotel Accolla en el distrito de El Tambo, Huancayo

A pesar de esto no tenía un “lugar” apropiado para hacerle el mantenimiento; En Autodelta el mantenimiento me salía demasiado caro y a Maquinarias nunca fui porque me habían hecho el “avión” cuando buscaba comprar mi carro. Eran tiempos difíciles.

En cierta oportunidad, que tuve necesidad de conseguir bujías pues se había producido una escasez en todo Lima, recordé haber visto una tienda de autopartes en  General Varela en Breña, cercana a la Comisaría. No tenían bujías pero me dijeron que en el taller que estaba al lado sí tenían.

En este taller nuevo, toda una Planta de Mantenimiento Mecánico, solicité bujías y me ofrecieron “ponerlas” ellos si contrataba el mantenimiento. Me dijeron que tenían que cambiar la empaquetadura de culata porque está mal. Total, un mantenimiento de mil soles.

Acepté dejar el carro en ese taller y le dije al “ingeniero” que iba a retirar mis pertenencias, pero me dijo que no era necesario, que él respondía por sus “trabajadores”.

  • ¿Está seguro?
  • Pongo las manos al fuego por mis “trabajadores”
  • Bueno, allí dejo el manómetro, el plano de Lima y una colonia nueva

Jamás lo hubiera hecho, porque se los robaron. Cuando se lo dije me contestó

  • Francamente no sé lo que ha pasado

Fastidiado me retiré y al día siguiente, mi esposa me dijo que tenía que ir a la Carretera Central, al Centro de Esparcimiento del Seguro Social, el Koricancha, a dejar una “cortesía” de la Cervecería que habían solicitado, raciones de Guaraná, para sus amigas del Seguro Social.

Nunca el carro estuvo tan duro, tan incapaz de avanzar, por más que presionaba todo el acelerador, el carro iba muy lento y la pierna derecha me dolía y se me inflamó porque tenía que pisar a fondo el acelerador. No entendía que podía haber pasado. Acababan de hacerle mantenimiento y esto no era lo que esperaba.

Después de cumplir con el encargo volví al trabajo y al salir a las 3 pm me dirigí a buscar un mecánico. Recordé haber visto un taller en el cruce de la Av. Venezuela con Av. Naciones Unidas en Breña.

Allí conocí al mecánico de autos Carlos Eduardo Patiño Vargas y desde entonces fue el “Mecánico oficial” del Datsun. Desarmó el carburador y al hacerlo encontró que las válvulas de “alta” estaban amarradas con alambre.

Como todos saben, un carburador de gasolina tiene 4 válvulas tipo mariposa, dos son de “baja”, que se abren cuando aceleras a baja velocidad y dos de “alta” que funcionan cuando conduces a altas velocidades. Pues bien, las válvulas de alta estaban amarradas.

¿Por qué?

Esta es la pregunta del millón. Carlos Patiño, mecánico capaz pero muy humilde, solamente se limitó a decir

  • Para mí, para mí, puede ser que le hayan amarrado con alambre para que cuando usted regrese a ese “taller” le digan que el carburador está malogrado y lo tienen que cambiar. Para que, una vez que usted acepte su precio, simplemente le sacan el alambre y entonces le dicen que ya lo cambiaron. Un negocio, malos trabajadores, pero para ellos un negocio.

Y este fulano decían que era “ingeniero”. Carlos agregó que no parece que hayan cambiado la empaquetadura de culata ni de ninguna otra parte del motor de mi carro. Un sinvergüenza es lo que es.