374 LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER

            Novela humorística y satírica de Mark Twain, seudónimo del célebre escritor Samuel Clemens.

            Mark Twain es también autor de obras  inmortales, tales como El Príncipe y el mendigo, Un yanqui en la corte del Rey Arturo, pero es más conocido por su novela Las aventuras de Tom Sawyer y su secuela Las Aventuras de Huckleberry Finn.

            Tom Sawyer es un chico travieso, aventurero y enamorador, con una imaginación muy activa que lo mete en muchos problemas. Aparentemente sus aventuras ocurren en un poblado a orillas del rio Mississippi (Estados Unidos).

            Es esta novela la que hizo mis delicias en mi niñez y, pese a su extensión, son dos secuencias las que recuerdo con mucho cariño porque pintan de cuerpo entero al personaje:

Uno

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La escuela dominical

Los tres niños marcharon a la escuela dominical, lugar que Tom aborrecía con toda su alma; pero a Sid y a Mary les gustaba.

Las horas de esa escuela eran de nueve a diez y media, y después seguía el oficio religioso. Dos de los niños se quedaban siempre, voluntariamente, al sermón, y el otro siempre se quedaba también…, por razones más contundentes. Al llegar a la puerta, Tom se echó un paso atrás y abordó a un compinche también endomingado.

  • Oye, Bill, ¿tienes un vale amarillo?
  • Sí.
  • ¿Qué quieres por él?
  • ¿Qué me das?
  • Un cacho de regaliz y un anzuelo.
  • Enséñalos.

Tom los presentó. Eran aceptables, y las pertenencias cambiaron de mano. Después hizo el cambalache de un par de canicas por tres vales rojos, y de otras cosillas por dos azules. Salió al encuentro de otros muchachos, según iban llegando, y durante un cuarto de hora siguió comprando vales de diversos colores.

Entró en la iglesia, al fin, con un enjambre de chicos y chicas, limpios y ruidosos.

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Las lecciones de la escuela dominical

Llegó el momento de dar las lecciones y fueron saliendo trabajosamente del paso, y a cada uno se le recompensaba con vales azules, en los que estaban impresos pasajes de las Escrituras.

Cada vale azul era el precio de recitar dos versículos; diez vales azules equivalían a uno rojo, y podían cambiarse por uno de éstos; diez rojos equivalían a uno amarillo, y por diez vales amarillos el superintendente regalaba una Biblia, modestamente encuadernada (valía cuarenta centavos en aquellos tiempos felices), al alumno.

La entrega de uno de estos premios era un raro y notable acontecimiento.

El alumno premiado era un personaje tan glorioso y conspicuo por aquel día, que en el acto se encendía en el pecho de cada escolar una ardiente emulación, que solía durar un par de semanas. Es posible que el estómago mental de Tom nunca hubiera sentido verdadera hambre de uno de esos premios, pero no hay duda de que de mucho tiempo atrás había anhelado con toda su alma el éclat que traía consigo.

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El Superintendente

Al llegar el momento preciso el superintendente se colocó en pie frente al púlpito, teniendo en la mano un libro de himnos cerrado y el dedo índice inserto entre sus hojas, y reclamó silencio. Empezó de esta manera:

  • Ahora, niños os vais a estar sentados, todo lo derechitos y quietos que podáis, y me vais a escuchar con toda atención por dos minutos.

Pero todo ruido cesó de repente al extinguirse la voz de mister Walters, y el término del discurso fue recibido con una silenciosa explosión de gratitud.

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Los visitantes

Buena parte de los cuchicheos había sido originada por un acontecimiento más o menos raro: la entrada de visitantes. Eran estos el abogado Thatcher, acompañado por un anciano decrépito, un gallardo y personudo caballero de pelo gris, entrado en años, y una señora solemne, que era, sin duda, la esposa de aquél. La señora llevaba una niña de la mano.

Se dio a los visitantes el más encumbrado asiento de honor, y tan pronto como mister Walters terminó su discurso los presentó a la escuela. El caballero del pelo gris resultó ser un prodigioso personaje, nada menos que el juez del condado; sin duda el ser más augusto

en que los niños habían puesto nunca sus ojos. Aquél era el gran juez Thatcher, hermano del abogado de la localidad. El Superintendente y todos los funcionarios se pusieron a presumir.

Y cerniéndose sobre todo ello, el grande hombre seguía sentado, irradiaba una majestuosa sonrisa judicial sobre toda la concurrencia y se calentaba al sol de su propia grandeza, pues estaba «presumiendo» también.

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El premio

Sólo una cosa faltaba para hacer el gozo de mister Walters completo, y era la ocasión de dar el premio de la Biblia y exhibir un fenómeno. Algunos escolares tenían vales amarillos, pero ninguno tenía los necesarios: ya había él investigado entre las estrellas de mayor magnitud.

Y entonces, cuando había muerto toda esperanza, Tom Sawyer se adelantó con nueve vales amarillos, nueve vales rojos y diez azules, y solicitó una Biblia. Fue un rayo cayendo de un cielo despejado. Walters no esperaba una petición semejante, de tal persona, en los próximos diez años. Pero no había que darle vueltas: allí estaban los vales y eran moneda legal. Tom fue elevado en el acto al sitio que ocupaban el juez y los demás elegidos, y la gran noticia fue proclamada desde el estrado. Era la más pasmosa sorpresa de la década; y tan honda sensación produjo, que levantó al héroe nuevo hasta la altura misma del héroe judicial.

El premio fue entregado a Tom con toda la efusión pero el superintendente se daba cuenta, instintivamente, de que había allí un misterio. Era simplemente absurdo pensar que aquel muchacho tenía almacenadas en su granero dos mil gavillas de sabiduría bíblica, cuando una docena bastarían, sin duda, para forzar y distender su capacidad.

El juez le puso la mano sobre la cabeza y le dijo que era un hombrecito de provecho, y le preguntó cómo se llamaba. El chico tartamudeó, abrió la boca, y lo echó fuera:

  • Tom.
  • No, Tom, no…; es….
  • Thomas.
  • Eso es. Ya pensé yo que debía de faltar algo. Bien está. Pero algo te llamarás además de eso, y me lo vas a decir, ¿no es verdad?
  • Dile a este caballero tu apellido, Thomas -dijo Walters-; y dile además «señor». No olvides las buenas maneras.
  • Thomas Sawyer, señor.
  • ¡Muy bien! Así hacen los chicos buenos. ¡Buen muchacho! ¡Un hombrecito de provecho! Dos mil versículos son muchos, muchísimos. Y nunca te arrepentirás del trabajo que te costó aprenderlos, pues el saber es lo que más vale en el mundo: tú serás algún día un hombre grande y virtuoso, Thomas, y entonces mirarás hacia atrás y has de decir: «Todo se lo debo a las ventajas de la inapreciable escuela dominical, en mi niñez; todo se lo debo al buen superintendente, que me alentó y se interesó por mí y me regaló una magnífica y lujosa Biblia para mí solo: ¡todo lo debo a haber sido bien educado!» Eso dirás, Thomas, y por todo el oro del mundo no darías esos dos mil versículos. No, no los darías. Y ahora ¿querrás decirnos a esta señora y a mí algo de lo que sabes? Ya sé que nos lo dirás, porque a nosotros nos enorgullecen los niños estudiosos. Seguramente sabes los nombres de los doce discípulos.
  • ¿No quieres decirnos cómo se llamaban los dos primeros que fueron elegidos?

Tom se estaba tirando de un botón, con aire borreguil. Se ruborizó y bajó los ojos: Mister Walters empezó a trasudar, diciéndose a sí mismo: «No es posible que el muchacho contestase a la menor pregunta… ¡En qué hora se le ha ocurrido al juez examinarlo.» Sin embargo, se creyó obligado a intervenir, y dijo:

  • Contesta a este señor, Thomas. No tengas miedo.

Tom continuó mudo.

  • Me lo va a decir a mí -dijo la señora-. Los nombres de los primeros discípulos fueron…
  • ¡David y Goliat!

Dejemos caer un velo compasivo sobre el resto de la escena.

Dos

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CAPÍTULO XXII

Tom ingresó en la nueva Orden de los «Cadetes del Antialcoholismo», atraído por lo vistoso y decorativo de sus insignias y emblemas. Hizo promesa de no fumar, no masticar tabaco y no jurar en tanto que perteneciera a la Orden. Hizo en seguida un nuevo descubrimiento, a saber: que comprometerse a no hacer una cosa es el procedimiento más seguro para que se desee hacer precisamente aquello. Tom se sintió inmediatamente atormentado por el prurito de beber y jurar, y el deseo se hizo tan irresistible que sólo la  esperanza de que se ofreciera ocasión para exhibirse luciendo la banda roja evitó que abandonase la Orden.

El «Día de la Independencia» se acercaba, pero dejó de pensar en eso, lo dejó de lado cuando aún no hacía cuarenta y ocho horas que arrastraba el grillete, y fijó todas sus esperanzas en el juez de paz, el viejísimo Grazer, que al parecer estaba enfermo de muerte, y al que se harían grandes funerales por lo encumbrado de su posición. Durante tres días Tom estuvo preocupadísimo con la enfermedad del juez, pidiendo a cada instante noticias de su estado.

A veces subían tanto sus esperanzas, tan altas estaban, que llegaba a sacar las insignias y a entrenar frente al espejo. Pero el juez dio en conducirse con las más desanimadoras fluctuaciones. Al fin fue declarado fuera de peligro, y después, en franca convalecencia. Tom estaba indignado y además se sentía víctima de una ofensa personal. Presentó inmediatamente la dimisión, y aquella noche el juez tuvo una recaída y murió. Tom se juró que jamás se fiaría de un hombre como aquél.

El entierro fue estupendo. Los cadetes desfilaron con una pompa que parecía preparada intencionadamente para matar de envidia al dimisionario.

Tom había recobrado su libertad, en cambio, y eso ya era algo. Podía ya jurar y beber; pero, con gran sorpresa suya, notó que no tenía ganas de ninguna de las dos cosas. Sólo el hecho de que podía hacerlo le apagó el deseo y privó a aquellos placeres de todo encanto.

373 LA MASCOTA COMO PRETEXTO

            Existe una serie de personas y de organizaciones que se preocupan mucho por los animales. Viven haciendo apología de la crianza y cuidados. Se ocupan de regalarlos “sólo a personas responsables” para darles un hogar.

            Hasta el Alcalde de Pueblo Libre que no ayuda a los ancianos y discapacitados se preocupa de organizar ferias de mascotas y de cuidar su registro, vacunación y cuidados de los animales. Las personas que pagan sus impuestos de lo cual cobra su salario, carecen de importancia para él y toda su administración.

            Un hermano del EPCA (Encuentro de Promoción Cristiana de Adultos) de la Parroquia Santa María Magdalena, Jorge Sánchez, se retiró de nuestro grupo. Su esposa Lupe nos dijo que pasa sus días echado en la cama, no quiere salir. Parece que le agarró la depresión. Quizás se aburrió porque cuando acudía a nuestra Misa le encargaban invariablemente vender las hojitas en la puerta del templo. Pero es que él mismo nos dijo que no veía bien, por lo cual no podía participar en las Lecturas de la Misa. Hago notar que vender las hojitas en la entrada de la Misa es un mandato y una obligación

            Un día le vi paseando un perrito por el parque El Carmen. Encontrarme con doña Lupe fue costeante, me miró y rompió a reír “paseando perrito, ya dice”.

            El 14 de mayo del año 2016, en el Vaticano, el papa Francisco criticó a quienes exageran el interés hacia los animales:

            El papa Francisco criticó a quienes «exageran el interés hacia los animales» mientras quedan «indiferentes ante el sufrimiento del prójimo».

            «Hoy se debe estar atentos a no confundir la piedad con el pietismo, que consiste sólo en una emoción superficial, que no se preocupa del otro», manifestó el pontífice.

            «Tampoco se puede confundir con la compasión hacia los animales, que exagera en el interés hacia ellos mientras deja indiferente ante el sufrimiento del prójimo», completó.

            «Cuántas veces vemos gente tan ligada a los gatos y perros y luego dejan librado al hambre al vecino y a la vecina. No, eso no. ¿De acuerdo?».

            Una vecina me preguntó cuando le comenté esta situación: “¿Qué hacer cuando se tiene tiempo? ¿No es mejor cuidar una mascota?”.

            Le conté que mi esposa al jubilarse tenía tiempo y fue a la Casa de San Martín de Porres, frente a la Casa de Santa Rosa de Lima, en El Centro, para ayudar en la cocina. Es un comedor donde atienden gratis a los ancianos. Ella hacía las labores más humildes con mucha satisfacción. La vi trabajar orgullosa vistiendo el hábito del santo que se ponía desde que nacieron mis mellizas. Esa fue una decisión lógica. Existen muchas organizaciones que requieren voluntarios para atender a personas: los hospitales del Ministerio de Salud, hospitales de Essalud, los bomberos, etc. Mi esposa fue al comedor de San Martín hasta que nació nuestra nieta Andrea. Entonces nos abocamos a ella.

            En cuanto a quienes dejan de atender y cuidar a sus padres, les recuerdo que el Cuarto Mandamiento de la Ley de Dios es “Honrar padre y madre”.

            Cristo mismo les dice a los fariseos:

            «Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres». Y Jesús añadió: «Ustedes dejan tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición». Así, por ejemplo, Moisés dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte.

            En cambio, según ustedes, alguien puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es Corbán («consagrado»), ya lo tengo reservado para el Templo». «Y ustedes ya no dejan que esa persona ayude a sus padres». «De este modo anulan la Palabra de Dios con una tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a éstas». (Marcos 7, 8 – 13)

            En cuanto al amor al prójimo podemos enterarnos también en la Sagrada Escritura:

            Un fariseo preguntó: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?». Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos». (Mateo 22, 36 – 40)

            Como podemos notar, es muy importante la atención a las personas, ya sea tu prójimo o tus padres, o simplemente una persona que requiere tu ayuda y tu cuidado, mucho más que las mascotas. No debemos olvidarlo.

            ¡Que Dios te bendiga!

Una mascota importa más a algunos.

372 EL CATECISMO

            Todo lo que sabía de religión nos lo inculcaron en la niñez. Todo lo que aprendí provino de nuestra preparación para la Primera Comunión.

            El padre José María Quintana, sacerdote agustino, vino a la Escuela Práctica a darnos una charla sobre el Catecismo.  Nos habló sobre Dios, uno y trino: tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

            Nos dijo para comprar un catecismo. Costaba cincuenta centavos y era un pequeño librito que contenía todas las oraciones necesarias para nuestra formación religiosa:

  • Yo pecador
  • El Credo
  • El Padre nuestro
  • El Ave María
  • El Dios te Salve
  • Los 10 Mandamientos de la Ley de Dios
  • Los 5 Mandamientos de nuestra Santa Madre Iglesia

            Cuando rezábamos el Yo pecador teníamos que golpear tres veces nuestro pecho al son de: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.  Parece que golpeábamos demasiado fuerte como queriendo sacar a la fuerza la culpa que en la actualidad solamente debemos tocar suavemente con la palma de la mano abierta nuestro pecho.

            El dogma que más caló en nuestra mente es: Dios está en el Cielo, en la tierra y en todo lugar. Jamás lo olvidamos y hacia cualquier lugar que volteamos siempre encontramos a Dios en la persona humilde, conocida o no, que necesita una mano.

            Con el padre Quintana aprendimos los cánticos clásicos.

  • Oh buen Jesús
  • Tú reinarás
  • Salve, Salve

            Para hacer la Primera Comunión no debíamos comer pasada las seis de la tarde del día anterior hasta después de realizada la Comunión. Ahora solamente es necesario  abstenerse de tomar alimentos 1 hora antes de la comunión. Pero en mi época lo tomaban muy en serio. Luego de la ceremonia nos servían un suculento desayuno, digno de esta buena causa.

            Es por esta razón que hice la “Primera Comunión” en la Escuela Práctica  en el Tercer año de Primaria (correspondiente al Primer Grado de Educación Primaria), Cuarto y Quinto Año de Primaria en la Escuela de Segundo Grado Nº 161, también con el padre Quintana, y los cinco años de estudios Secundarios en la Gran Unidad Escolar “Mariscal Oscar R. Benavides”. Incluso cuando fui soldado hice la “Primera Comunión” en el cuartel GAC 2 “Coronel Bolognesi”, siendo mi padrino el Teniente Rodríguez. Los desayunos eran de película y yo siempre fui “tragoncito”, según mi mamá y mi esposa.

            Aprendimos  en la Escuela Práctica acerca del Bautismo. El sacramento lo administra el sacerdote pero en caso de necesidad cualquier persona bautizada puede bautizar, asperjando el agua bendita en forma de cruz y bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

            Yo bauticé al niño muerto de Genoveva con agua bendita que tomé de la Iglesia Matriz.  Tenía yo 8 años de edad. El padre Ricardo Rebolleda, Asesor Espiritual del EPCA, me dijo que estaba bien pero que no era necesario: porque todos los niños al morir van de frente al Cielo.

            Con solo este bagaje religioso tuve que hacer frente a la vida, desarrollarme, hacerme Ingeniero, casarme, tener una familia, formar a nuestras hijas y ayudarlas a formar su propia familia. No estuvo mal el resultado, es decir que está de lo más bien. Y doy gracias porque esos dogmas me ayudaron a construir mi vida. Con solo un catecismo de cincuenta centavos. Ahora tenemos un catecismo de 702 páginas que tiene muy desarrollado lo que en mi tiempo fue  un simple librito de poco precio.

            En la Misa en la Iglesia de santa Rosa de Lima, el 30 de agosto, al final de la ceremonia el sacerdote invita para que se acerquen las personas que han traído imágenes para bendecirlas. Muchas personas llevan “Niñitos” o “Santarrositas”. Luego de la bendición regresan llevando en alto sus imágenes para no chocar pero la gente trata de tocar las imágenes para sentirse igualmente bendecidas. Un señor se puso a gritar: “Allí no está Dios”, “Allí no está Dios”. Se volteó hacia mí y me dijo “¿Verdad que allí no está Dios, no señor?”. Bueno – respondí – a mí me dijeron cuando era niño que Dios está en el Cielo, en la tierra y en todo lugar.

            El señor parece que entendió el mensaje, se tranquilizó y miraba serenamente a quienes pugnaban por tocar las imágenes bendecidas, y se sintió satisfecho.

371 UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

            El género es una característica de nuestro sistema lingüístico que corresponde generalmente a una cuestión de sexo. En el colegio, en clase de Castellano se incidía en que existe tres géneros: Masculino, femenino y ambiguo.

            Masculino: muchacho, perro, doctor.

            Femenino: muchacha, perra, doctora.

            Ambiguo: El agua, la agua, el hacha, la hacha.

            Pero en la actualidad las cosas se han complicado hasta el infinito y muchas veces no se sabe a ciencia cierta cómo decirlo bien.

            En una clasificación Morfológica, el género masculino es la forma no marcada o inclusiva: la frase “los alumnos de esta clase” haría referencia a alumnos de sexo masculino y también de sexo femenino; el género femenino es la forma marcada y por tanto resulta exclusiva o excluyente: la frase “las alumnas de esta clase” haría referencia solamente a las alumnas de género femenino.

            En una clasificación Semántica las palabras tienen género común, epiceno y ambiguo.

            Género común: los nombres que designan entes animados que tienen una sola terminación y diferente artículo. Ej. El violinista, la violinista, el espía, la espía, el dentista la dentista. Pertenecen a este grupo los participios activos derivados de tiempos verbales como presidente, estudiante, atacante o saliente. Pero existen excepciones históricas en profesiones donde las funciones laborales de los sexos biológicos solían variar, como sirviente, sirvienta.

            Genero epiceno: los nombres de animales que tienen un solo género gramatical para ambos sexos biológicos. Ej. El ratón macho, el ratón hembra, el cóndor macho, el cóndor hembra, la hormiga macho, la hormiga hembra.

            Género ambiguo: sustantivos que admiten indistintamente el artículo masculino o femenino. Ej. El mar, la mar, el calor, la calor, el puente, la puente.

            A propósito de los participios activos derivados de tiempos verbales, la Profesora de Instituto Superior de España, Mónica Seara, nos dice que «el del verbo ser es “ente”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «ente».

            Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción».

            Pero en la actualidad eso ha cambiado y si quien preside es mujer se le dice presidenta. Pero debe ser muy reciente el cambio porque la señora Mirtha Vásquez que preside el Congreso del Perú nos dice; «Acá todavía cuesta llamarme presidenta y algunos colegas prefieren decirme “coleguita”, “mi reina” o “presidente”».

            La Ingeniera Jiovanna Manríquez nos manifiesta lo siguiente:

            «La lengua española ha acogido femeninos como abogada, arquitecta, bióloga, candidata, catedrática, diputada, física, ginecóloga, ingeniera, licenciada, matemática, ministra, música, odontóloga, torera, etc.

            En cambio, otros sustantivos como fiscala, jueza, edila, soldada o médica han recibido desigual aceptación».

            En resumen, en materias gramaticales están ocurriendo tantos cambios que nos cuesta mucho conocerlos todos.

            Toda esta cuestión semántica viene al caso porque recordé una anécdota de mi juventud:

            La vecina René Pezo nos contaba que una persona de sexo femenino se había enfrentado a un ladrón en la esquina de la casa. Le pregunté:

  • Esa dama desconocida ¿era joven o ya mayor?
  • Era joven – respondió de inmediato para luego corregirse a sí misma.
  • Jóvena, era jóvena.

            Pertenecía René a ese grupo de personas que piensan que todo lo relacionado a la mujer debe terminar en a, aunque mujer o femenino no terminan precisamente en a, pero la vecina no era, en realidad, puntillosa en cuestiones gramaticales.

            Aun el Colegio de Ingenieros del Perú – CIPLIMA está convocando a actualizar nuestros datos, firma y sello con indicación expresa de género. Es decir que si eres colegiada mujer debes poner Ingeniera. Hasta no hace mucho, todos, hombres y mujeres, éramos Ingenieros.

Mónica Seara
Ingeniera Jiovanna Manríquez

370 HUMOR NAVAL 2

UNA VISITA AL BARCO

            El típico niño que visita el puente de un ferry y comienza a preguntar al oficial:

  • ¿Si se hunde el ferry, cómo saldríamos?
  • En los botes salvavidas.
  • ¿Y si no funcionan todos, cómo saldríamos?
  • Entonces usaríamos las balsas.
  • ¿Y si hay más gente que botes y balsas, por dónde se sale?
  • Por la televisión, hijo, por la televisión.

EL PIRATA

            En la barra de una Cantina caribeña se encuentra un mozo y un veterano pirata tomando unos cacharros, el joven observa que el pirata, es prácticamente un tullido, con su pata de palo, garfio en la mano y parche en el ojo. Impresionado, le pregunta donde perdió la pierna, el pirata le cuenta un feroz abordaje a un barco de su graciosa majestad donde un cañonazo se llevó por delante su pierna. Le pusieron una de palo.

            La curiosidad puede más que el mozo y vuelve a inquirir al viejo pirata sobre su mano, éste le cuenta que en otro abordaje, un español se la arrebató con un mandoble de espada cuando el barco estaba casi rendido. Por eso le colocaron un garfio donde tenía la mano.

            El mozo impresionado, no sale de su asombro y le pide que le cuente como perdió el ojo. El pirata hace un silencio, y dice:

  • Eso fue culpa de una mosca al día siguiente de perder la mano.

LOS PIRATAS

            Dos piratas consiguen huir de una prisión en un velero, y tras diversas vicisitudes, una impresionante tormenta los desarbola dejándolos a la deriva sin comida, ni agua, la situación es desesperada.

            Entonces uno ve un navío de guerra en el horizonte y exclama:

  • ¡Qué mala pata!


            Y el otro contesta indignado:

  • ¡Quémala tú!

EL EXAMEN NAVAL

             Cuentan las malas lenguas que lo relatado a continuación ocurrió en un examen oral de maniobra, donde el catedrático interactúa con un alumno:

  • Imagínese que está al pairo esperando para entrar en puerto, y se levanta un fuerte viento de la mar hacia tierra. ¿Qué haría usted si no puede arrancar la máquina?
  • Daría fondo.
  • ¿Y si el viento arrecia?
  • Fondearía con otra ancla.
  • ¿Y si continúa refrescando?
  • Mandaría fondear otra ancla.
  • ¿De dónde saca usted tantas anclas?
  • Del mismo sitio que usted saca los vientos.

CAPITÁN SOBRIO

            Dicen que esta historia sucedió en el Cabo Ibarra, durante un viaje a Brasil.


            Cierta noche entró el Capitán en el puente sorprendiendo al Primer oficial ligeramente embriagado y en buena compañía de visita por el puente, tras un breve intercambio de opiniones, el Capitán sale indignado y escribe en el Diario de navegación “el Primero estaba borracho hoy a la 01:15, testigos…”.

            Al día siguiente, el Primero se ha recuperado y le pide al Capitán que borre el asiento, tras otro intercambio de opiniones, el Capitán se niega. Entonces el Primero entra en el puente y escribe en el Diario “el Capitán estaba sobrio hoy”.

ES UN BARCO

            Dos engrasadores se suben a un autobús de regreso al barco, en el autobús viajaban también otros marinos. Uno dice al otro:

  • ¿Para dónde irá este bote?»
  • Esto es un bus – le replica el amigo.
  • No, que es un barco, mira el montón de marinos.
  • No seas bruto, que es un bus.
  • Un barco.
  • ¡Borracho, necio, que es un bus!
  • ¡Que es un barco, y te lo voy a demostrar!

            Entonces se lanza del bus, y al caer rebota y rueda por toda la carretera. Entonces le grita el otro:

  • ¡Ves es un bus!
  • No, es un barco. Pero si te lanzas, hazlo por el otro lado, que aquí está la playa y está llena de piedras.
Estaba bien seguro

369 CUANTOS AÑOS TIENES

            Esta es una historia que ocurrió en un bus camino al Centro de Lima.

            Una chica estaba sentada y al lado un muchacho de pie, conversaban, parecía que estudiaban en el mismo instituto, pero, supongo, no tenía mucha educación el joven.

            De repente le preguntó a boca jarro a la chica:

  • ¿Cuántos años tienes?
  • Veinticuatro.
  • Eres mayor que yo

            La chica se ruborizó. Para aumentar aún más su torpeza,  el chico agregó:

  • Yo tengo ya visualizado que voy a hacer cuando tenga veinticuatro años.
  • ¿Sí?
  • Sí. Voy a tener seis mototaxis.
  • ¿Por qué seis?
  • ¿Sabes tú a cuanto se alquila un mototaxi? Voy a hacerme rico bien pronto.
  • Sí, estoy segura que sí.

            De esto podemos colegir que la chica fue más generosa que el compañero impertinente.

            A una joven que ingresó a trabajar como Bióloga en el Laboratorio Central de la Cervecería Backus le pregunté “¿Cuántos años tienes?”. Al instante saltó el Ingº Héctor Núñez para llamarme la atención:

  • Ingeniero Suárez, a una dama no se le pregunta la edad.

            Era, a todas luces una impertinencia de su parte, pero preferí explicarle:

  • A una dama mayor no se le pregunta la edad. Eso dicen las reglas de la educación. Pero a una jovencita se le pregunta para resaltar lo rápido que alcanzó su grado universitario siendo aún muy joven. Debería usted aprender eso para no andar corrigiendo lo que no sabe.

            Cuando lo digo pienso siempre en mi amada esposa, quien a los 15 años terminó la Educación Secundaria y a los 18 años de edad ya era toda una Señorita Profesora con título Profesional. Debo hacer hincapié que en esa época la mayoría de edad se alcanzaba recién a los 21 años de edad.

            Luego del lío que me hizo cuando descubrió que era mi mayor, cuando cumplí los 21 años de edad me acompañó al Registro Electoral para sacar mi Libreta Electoral en la primera cuadra de la calle Napo, en Iquitos. Hoy en día a este documento se le llama DNI (Documento Nacional de Identidad), pero sigue funcionando como libreta electoral puesto que le añaden un estíquer en cada votación que se realiza en el Perú.

El mototaxi de esta historia