84 LA IMPULSADORA

Una impulsadora es una vendedora que promociona y muestra las ventajas de un producto en un punto de venta (generalmente un supermercado), con el fin de influir en la compra de dicho producto. Un sinónimo de impulsadora es  promotora de ventas.

Fuente: Diccionario Abierto de Español

De hecho, nos facilitan la vida, ayudándonos en la elección de tal o cual producto. Mi esposa me mandaba a Metro del barrio para comprar cosas propias de mujer, champú y acondicionador, tintes  y crema para peinar, etc, y acudía a las señoritas del área de cosméticos quienes me informaban acerca de sus bondades para elegir mejor.

Cabe anotar que jamás he usado champú ni acondicionador y la cabeza me lavo con el mismo jabón de baño con el que lavo mi cuerpo.

Mis favoritas eran la impulsadoras de Monterrey y Todos, cercanas a nuestra casa en Pueblo libre. La impulsadora de Pepsi me veía llegar, saliendo del trabajo, me señalaba con el dedo y decía “helada”. Encantadoras las impulsadoras de queso y jamón, nos atiborrábamos con ellos. Una tarde vino a visitarnos mi sobrina Nena con todos sus hijos, gustosamente los llevamos con mis hijas a “pasear” por estas dos tiendas y también ellos salieron encantados con la atención y ahítos.

En cierta oportunidad se nos acercó una señorita, iba yo con mi hija Charito, y la chica nos ofreció el champú Head and Shoulder. Charito le dijo

  • Me da caspa
  • A mí también – contestó la joven

Lo dijo mientras nos sonreía. Me pareció la joven impulsadora más encantadora de todas las que he visto, por su sinceridad, pero trabajo es trabajo.

Otra joven me hablaba y no le di importancia, mientras miraba lo que había ido a buscar, y ya me estaba retirando hasta que le escuche decir, “no le tiene que poner sal ni ajo”. Me llamó fuertemente la atención. Todo el mundo sabe que cuando uno cocina el tema más escalofriante es la cantidad de sal a poner, y ajo no le ponía nunca.

Regresé donde la joven y le pedí que repitiera todo lo que había dicho, ahora sí le prestaba toda la atención del mundo. Desde entonces en casa es obligada la presencia de Deli Arroz en la cocina y es el favorito de mi yerno Pedro, quien es el “arrocero mayor del reino”. Todos cocinamos el arroz en todas sus formas con Deli Arroz.

En otra oportunidad, un joven impulsadora me ofreció queso fresco Bonlé en un pequeño y endeble táper. Le dije

  • El problema con el queso fresco es que no dura, el frío de la refrigeradora lo quema y luego tengo que botarlo
  • Yo vivo sola – me dijo – y un táper de esto me dura 15 días y se conserva muy bien
  • ¿En serio?
  • Sí, además tiene muy buen sabor

Gracias a la impulsadora conocemos uno de los mejores quesos frescos de la ciudad de Lima y estamos satisfechos con este producto así como también con los quesos curados.

Dios ha puesto a las impulsadoras en  nuestro camino para hacernos la vida más fácil y más satisfactoria. Gracias Señor.

La impulsadora

83 LAS ANDANZAS DE MI AMADA ESPOSA 2

Maria Judith Alva Rivera de Suárez, como reza en su DNI, es mi esposa, afectada por el Mal de Alzheimer y ha perdido el conocimiento, la memoria y la razón.

Pero lo que no perdió ni perderá jamás es el amor de su esposo, hijas, yernos y nietas. Recordamos con cariño todo lo que a ella se refiere porque ella se hizo grande en nuestro corazón, porque ella nos amó primero.

No era muy afecta a la tecnología, excepto en lo que se refiere al café, el arroz y el microondas.

Me fastidió mucho su tenaz oposición a la compra de una cámara filmadora  Super 8 en Sears Roebuck, ahora es Saga, donde podía pagarla hasta en 24 meses. Realmente casi todas nuestras cosas las compramos en Sears pagándolas en 24 cuotas, refrigeradora, lavadora, cocina, cama camarote, muebles de sala, cámara fotográfica Zorki, copia exacta de la cámara alemana Leica, entonces la mejor cámara fotográfica del mundo. Me fastidió mucho, sí, y por eso  nunca tuvimos cámara filmadora. La lavadora la compramos a insistencia de Claudia nuestra segunda hija melliza porque en la televisión se mostraba con una canción pegajosa: “solita lava, solita enjuaga, y en Sears, solita se paga”. Es la lavasola de Sears que nos duró muchísimos años.

Cuando teníamos que comprar algo, mirábamos en El Comercio el anuncio sobre qué producto castigaba esa semana Sears. La rebaja era de hasta la mitad del precio. Entonces estábamos a la caza de la oportunidad. Acostumbramos ir toda la familia a la tienda, pues era inmensa y había siempre muchas novedades que daba gusto verlas, además que era una manera de enseñar a nuestras hijas a observar, indagar y decidir la mejor compra. La experiencia podía serles muy útil en su vida futura.

Habíamos comprado nuestro primer televisor a colores, Tatung, pero en esa época teníamos que instalar una antena en la azotea de nuestro edificio de 4 pisos y conectar al televisor en nuestro departamento con cable para antena. Pero aun así la imagen no salía muy bien y teníamos que reorientar la dirección de la antena continuamente.

Cuando pasamos a vivir en Pueblo Libre la cuestión no mejoró mucho. Vimos en esa oportunidad un anuncio de una antena especial que se ponía junto al televisor y se veía una imagen nítida. Se vendía en un local de Carsa en la avenida Larco en Miraflores. Fuimos todos, y mientras veíamos extasiados el funcionamiento de la dichosa antena especial, vino mi esposa a decirme que había negociado un “paquete de aparatos”: un enorme horno microondas, una olla arrocera grande y una máquina cafetera, y solamente teníamos que pagar una única cuota al mes, y nos lo entregaban en ese mismo instante.

Las compras de mi amada esposa

Siempre me ha llamado la atención la capacidad de mi esposa para negociar, a nivel experto, pero esta vez la sorpresa fue mayor, se salió de todos los límites: Mi esposa adquiriendo aparatos de alta tecnología, era simple y llanamente increíble.

Cargamos todas las cosas en nuestro SW Datsun y volamos a nuestra casa. Nadie se acordó de la antena. Un VHS adquirido en la Feria del Hogar, el mismo lugar de la Feria Internacional del Pacífico, vino a solucionar el problema. ¿Para qué queríamos buena imagen en el televisor si podíamos ver una película completa sin cortes de publicidad y bien nítida?

Una semana después de nuestra mágica adquisición, se produjo inundaciones en el norte, en la Refinería de Talara que originó desabastecimiento de gas propano. Nuestra cocina a gas estaba inútil, pero doña Maria Judith nos tenía el almuerzo a la hora. ¿Cómo fue posible? Se las arregló para cocinar todo el almuerzo en su gran horno de microondas.

¿Cómo se animó a cocinar en un aparato que jamás había ni siquiera escuchado su nombre? “La necesidad”, me dijo.

La he visto dorar el ajo y la cebolla en su olla arrocera para presentarnos un inmejorable arroz, como dice mi hija Claudia “arrocito recién hecho, qué rico”. Pienso que su arrocera fue muy de su agrado porque, inquieta como era, la olla arrocera eléctrica cocina sola. No le tienes que estar cuidando, bajando el fuego, poniendo la plancha de metal para que no se queme, etc.

Y la cafetera eléctrica definitivamente era su favorita De pequeños, solamente hacíamos café en olla, pero en la cafetera eléctrica la ves pasar gota a gota deleitándonos con el aroma de café que se está haciendo, para degustarlo con fruición una vez que termina de pasar.

Una vez asentó la jarra de vidrio de la cafetera sobre la mayólica de la mesa de la cocina, quizás con más fuerza que la requerida, y se rajó. No dijo nada, nunca decía nada cuando algo no andaba bien, pero cuando bajé a la cocina a ver en que podía ayudar encontré a la cafetera pasando café en un táper de plástico. ¿Y la jarra? “se rompió” me dijo.

En los supermercados de nuestro barrio, Monterrey y Todos, vendían milanesas en táper de plástico redondo con tapa. Venían 10 milanesas. Era de plástico grueso y resistía el calor de la plancha de la cafetera, así que doña Judith no se quedaba sin su café de cafetera eléctrica, de ninguna manera.

Cuando me operaron de desprendimiento de retina me cuidaba con dedicación. Durante 6 meses no me dejaba cargar una caja de cerveza, prefería cargarlas ella. Una mujer de 1.65 m y 45 kilos de peso cargaba la cerveza sin ningún empacho. Cuando ella decía no, más valía no contradecirla. “A cocachos aprendí”.

Mi hija Claudia estudiaba Diseño Gráfico en la Facultad de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Católica y allí les enseñaban en computadoras Macintosh, de manera que no se opuso a la adquisición de un Centro de Cómputo PowerMacintosh de Apple, computadora, escáner e impresora, por la irrisoria suma de diez mil dólares. Así aprendió a no oponerse a la tecnología, convertida ya en una necesidad, al igual que su microondas, su arrocera o su cafetera.

La Power Macintosh y la PC de mi casa

 

 

73 EL INGLÉS

            El inglés es el idioma más aprendido como segunda lengua. Si bien el número de nativos que hablan inglés son entre 300 y 400 millones, el número de personas que lo aprenden como una segunda lengua es el mismo, superando al resto de los idiomas.

Fuente: Sprachcaffe.com

Allá en la lejana Iquitos, bella tierra que me vio nacer, estudiando el Tercer Año de Primaria en la Escuela de Primer Grado Escuela Práctica, un día, la Directora y dueña del colegio, doña Juana Venegas de Herbozo, nos informó que a partir del lunes siguiente tendríamos clases gratuitas de Inglés al final de las clases de la tarde.

Debíamos avisar en nuestra casa que tardaríamos una hora más para regresar al hogar. Que teníamos que comprar un cuaderno de 50 hojas para el curso de Inglés.

Resulta que una “gringa” había venido a vivir en la casa de la Directora, que estaba en la misma escuela, y a manera de compensación se ofreció a dictarnos las clases de Inglés.

Fue el primer contacto directo que tuve con el idioma de los gringos que tanto daba que hacer porque todas las películas, con excepción de las películas mexicanas, eran en inglés con subtítulos en español y era cosa de leer una cosa y escuchar otra diferente porque la traducción lo hacían en México y, ya se sabe, los mexicanos tienen un español muy especial, diferente al español de España y más diferente al español del Perú.

La gringa era una persona no joven pero muy amable y nos agradó a todos los alumnos, chicos y chicas. Daba gusto escucharla pronunciar una y otra vez para que lo aprendamos bien:

Table, chair, copybook, pen, pencil, ink, lesson. Aún no se había inventado el bolígrafo.

Also the numbers: one, two, three, four five, six, seven, eight, nine, ten.

The colors: Black, white, green, yellow, orange, red, pink.

Of course, the verbs: to walk, to run, to eat, to drink, to rain.

Hasta la llegada de la gringa nosotros acudíamos donde doña Leonila, sirvienta, cocinera, ama de llaves, administradora de los Hernández y madre de Guillermo, Ulises y Lucho, para preguntarle sobre los nombres de las personas en inglés. Y aún hasta ahora me sorprende su conocimiento: ¿Luis? Louis, ¿Jorge? George, ¿Carlos? Charles, ¿Pablo? Paul, ¿Pedro? Peter.

Con la gringa se abrió para nosotros un mundo enteramente nuevo que jamás olvidaremos.

En el colegio Secundario teníamos clases de Inglés del Primero al Quinto, con resultados diversos, con bastantes altibajos. Solamente en el Cuarto año, al contestar todas las preguntas en Inglés que hizo el profesor “Borolas” recibí como premio un ticket, una especie de estampilla que era un cupón del International Youth service, una institución sin fines de lucro que trataba de relacionar a jóvenes de todo el mundo para escribir cartas en inglés.

Me tocó Josefa Polfliet de Antwerp (Amberes), Bélgica y durante varios años mantuvimos correspondencia como una manera de practicar nuestro inglés pues en Bélgica hablan el francés y el flamenco. Tenía ella varias amigas deseosas de tener amistad con otras personas, pero casi nadie de mis compañeros quiso participar. Hubo uno, Díaz Aguilar, que se relacionó con una chica de Paris que le dijo que su papá era diplomático y le invitó a visitar Paris con todo pagado, pero él se asustó y dejó de escribirla.

Cuando estuve en el Ejército no pude continuar con la amistad epistolar y dejamos de “vernos”. En la actualidad no la ubico por ningún lado. Supongo que se habría casado y cambiado por ello su apellido.

En la Universidad teníamos un curso de Inglés como parte del currículo de formación, nuestra primera profesora era una gringa ya mayor cuyo único mérito era ser norteamericana, pero nada de docencia y menos superior.

La siguiente profesora fue una dama no agraciada pero muy versada en su tema. Fue una excelente profesora de Inglés y, pese a su apariencia completamente alejada de la impronta norteamericana la llamábamos “la Gringa”, porque precisamente enseñaba Inglés.

Daba mucha importancia a la composición, todo el tiempo debíamos escribir una composición sobre el tema que se nos ocurriera y a mí siempre se me ocurría escribir “about my motorbike”. Al parecer ella nunca se aburrió cuando leía mis peripecias con mi motocicleta, Honda de 125 cc, modelo CKD con dos cilindros, color rojo metálico. Y encendido eléctrico.

En el examen teníamos una conversación personal en inglés y aprobamos con una buena calificación. Me encantaba el Inglés.

Pero nunca fui bueno escuchando. Podía leer en inglés y comprender lo que leía pero no entendía lo que escuchaba, a diferencia de Leopoldo Ríos Castro quien nunca estudió este idioma en ninguna academia pero hablaba, escribía y conversaba en inglés. Aprendió leyendo revistas en inglés que su mamá le traía del Hotel de Turistas donde lavaba ropa.

Cierta vez escuché un tema de los Beatles y le oí cantar

  • ¿Sabes la letra? – le pregunté
  • Por supuesto, es bien fácil – se la sabía de memoria
  • ¿Me lo puedes escribir?

De esa manera tuve un tema que podía cantar, dicen que la mejor manera de aprender el idioma es cantando o viendo las películas sin subtítulos. Aprendí así “Can’t Buy me love”.

Can’t buy me love

En la Cerro de Pasco Corp. En La Oroya, Ricardo Boullosa conversaba en Inglés con los gringos, pero él había estudiado Inglés en el Instituto Ike de Iquitos. Y era el único de todos los Ingenieros del Plan Cerro (20 Ingenieros de todo el país) que hacía eso. Los demás preferíamos hablar en español.

Mi hija Luisa destacó en el idioma Inglés en el Colegio San Norberto en Santa Catalina, La Victoria, y quedó en el Segundo Puesto a Nivel Nacional en el Concurso Interescolar de idioma Inglés. La ceremonia de premiación fue en el Ministerio de Educación, donde le dieron la “Pluma de Plata”. En la Universidad Cayetano Heredia donde se graduó de  Cirujano Dentista no se exige el idioma Inglés para graduarse, por lo cual no necesitó estudiar más Inglés.

En la Universidad Católica sí es obligatorio aprobar los Niveles Básico y Medio (10 cursos) para poder graduarse, pero tienen que estudiar por su cuenta, no forma parte del currículo académico. Mi hija Claudia para graduarse de Diseñadora Gráfica estudió el Inglés en el Instituto de Idiomas de la misma PUCP. En cambio mi hija Charito rompió moldes y estudió el idioma Inglés en el Centro Cultural Británico. La escuché conversar en Inglés con una funcionaria de Estados Unidos. Me pareció agradablemente sorprendente.

Cuando trabajaba en la Cervecería Backus, me enviaron a la Cervecería Garza Blanca de Chiclayo. Viví tres semanas en esta cervecería que queda a 60 km de Chiclayo, y en un cajón del escritorio encontré un libro que lo devoré con especial interés. “The House of the Spirits” by Isabel Allende. Pude así conocer lo más íntimo de la autora, acerca de un tema que nos tocó de cerca, el golpe de estado de Pinochet y sus consecuencias.

The house of the spirits

Lo conté a mis hijas, como todo lo que me pasa, y en aquel entonces Claudia estudiaba Inglés en el Instituto de Idiomas de la PUCP. Claudia le comentó a su profesor de Inglés que su papá había leído «La Casa de los Espíritus» en Inglés. El profesor sorprendido le preguntó

  • ¿Dónde aprendió Inglés tu papá?
  • En ninguna parte, creo que nació sabiendo Inglés.

Considero, de lejos, el mejor homenaje que una hija puede hacer a su padre.

71 BISTEC MONTADO

En nuestra casa,  en Iquitos, mi mamá nos festejaba con un opíparo almuerzo cuando participábamos en el Desfile Escolar por Fiestas Patrias.

El plato de bandera era un suculento bistec montado con dos huevos. El bistec era frito por ambos lados, jamás pude soportar la carne a medio hacer, bañado con una deliciosa salsa de tomate y cebolla, por supuesto, fritos y saborizados, y montado con dos “huevos a la inglesa”, esto es, con la yema suave, y todo sobre una cama de arroz recién hecho.

Como teníamos restaurante, el bistec montado era siempre un pedido recurrente entre la feligresía, y todos salían contentos y agradecidos por la preparación.

Crecí en la creencia que a donde fuera, si pedía un bistec montado, me servirían tal y como lo hacía mi mamá. Craso error.

En el resto del país no conocen el bistec montado ni por el forro de sus botones. Nadie sabe qué es un bistec montado con dos huevos. No tienen ni la más mínima idea.

Con mi padre asistíamos sorprendidos a la desilusión de no poder comer en Lima un bistec montado. En el restaurante que fuera, pedíamos un bistec montado y el mozo nos traía un arroz con un bistec. ¿Y el encebollado? El mozo nos traía un bistec con cebolla frita al costado del bistec. ¿Y el tomate? El mozo nos traía un tomate crudo en rodajas. ¿Y los huevos? El mozo venía con dos huevos fritos tostados en plato aparte.

No hay caso, en Lima jamás pudimos comer nuestro plato especial. Tampoco en Arequipa ni en Moquegua. Ningún mozo ni cocinero se hacía a la idea de lo que significa un bistec montado con dos huevos a la inglesa, con la yema suave, bañados con una salsa de cebollas y tomates fritos y con buena sazón.

En otros países tiene pálidos reflejos pero nunca se acercan lo suficiente como para cumplir nuestras expectativas; El bistec encebollado salvadoreño, el bistec a caballo colombiano o el lomo montado boliviano.

En mi casa mi esposa lo preparaba, ahora lo hace mi hija Charito, porque la mamá ya no puede. Y siempre es un día de fiesta degustar este plato tan sabroso.

Tal vez los Chef tengan una denominación particular para este plato, ojalá sea eso, porque no me hago a la idea de que no sean capaces de preparar un simple bistec montado.

Para preparar un bistec montado se necesita

 

70 ASTUCIA DE UN CIEGO

Cuando éramos niños el libro de lectura fundamental fue el Libro de Víctor Álvarez, todo el tiempo lo consultábamos, amén de que yo lo leí de cabo a rabo una y otra vez.

Muchas historias interesantes contenía el libro de lectura y resultaba siempre muy ameno su estudio. Algunas de aquellas historias hicieron mella en mí y lo recuerdo con cariño y gratitud.

Cada lectura del libro te invitaba a reflexionar sobre el tema y a emitir opinión sobre lo que se dice y hace en la historia, lo cual, de todas maneras, hace de ti un ente pensante y capaz no solamente de entender sino de manifestar un concepto sobre lo que ocurre en la vida diaria. Vamos, un generador de opinión.

Una historia, en particular, me hizo pensar bastante, ya que el personaje era un ciego llamado Colás a quien robaron y supo recuperar lo suyo valiéndose de astucia y sagacidad, para lo cual es menester conocer la sicología del ladrón.

El ciego Colás pedía limosna y juntaba el dinero y lo guardaba en un “lugar seguro” que nadie se podría dar cuenta, en la Iglesia.

La Iglesia tenía el piso de madera y en un sitio, al pie de la tercera banca, empezando de adelante, había una duela floja. Lo levantó aparentando rezar y notó que había suficiente espacio en el suelo para guardar su tesoro, y de esa manera podía guardar el dinero, seguro de que nadie más se iba a dar cuenta y así tendría una fortuna para asegurar su vejez.

Cada semana acudía al templo y guardaba sigilosamente su tesoro, seguro de que nadie lo veía. Pero un día, cuando fue a depositar, se dio con la sorpresa que su dinero había desaparecido. Los ahorros de toda su vida se habían esfumado. Imposible, se decía. No puede ser. Si era el lugar más secreto y más seguro del mundo. “Todo lo que tenía ahorrado para cuidar de mi vejez”. Pero se calmó y estuvo cavilando sobre quién habría sido el tal ladrón.

Habló con su hijo y le pidió que le acompañe al templo a la Misa del domingo.  Le dijo que se quede atrás y observe a las personas. Que se fije si alguno sonreía cuando él se iba a su “sitio preferido” para rezar. Solamente eso, y nada más. El templo estaba lleno cada domingo.

Al volver a su casa el hijo le dijo que la única persona que se había fijado en él era el carnicero. Incluso se sonreía burlonamente de él. Así supo que el ladrón era su «amigo» el carnicero.

A Colás se le ocurrió una estratagema y la puso en práctica. Fue a la carnicería y le contó al dueño, “en secreto”, que estaba pronto a recibir una cuantiosa herencia. Y “a que usted no sabe que yo tengo un lugar totalmente seguro para guardarlo”. “Usted jamás lo adivinaría”. El envío sería la semana siguiente.

El carnicero, avariento y codicioso, se dijo que podría robarle todo al ciego Colás, pero era necesario que éste siga creyendo que su lugar secreto seguía siendo seguro. Así que esa noche el carnicero fue a la Iglesia y puso en el escondite todo el dinero que le había robado, para asegurarse un robo mayor con toda la herencia.

El hijo de Colás observaba al carnicero y cuando salió de la Iglesia se lo comunicó a su papá, quien presto fue al escondite en la Iglesia y tomó todo su dinero, dejando al carnicero con un “palmo de narices”.

La astucia del ciego Colás pudo más que la codicia del carnicero.

El ciego Colás

68 POLLADA PRO DAMNIFICADOS DEL NORTE

Recibí la invitación de mi hermano Pedro (QEPD) para asistir a una Pollada Bailable que estaba organizando. La tarjeta decía

Pollada Bailable Pro Damnificados del Norte

            Asistimos toda la familia. Mi esposa y mis hijas saben el aprecio que siempre he tenido a mi hermano. Disfrutamos el plato que estaba en verdad delicioso, acompañado con su buena cerveza helada. Todo el mundo sabe que la verdadera ganancia está, precisamente, en la venta de cerveza y gaseosa.

Realmente un buen momento para relajarnos de nuestras actividades cotidianas a fin de reintegrarnos con renovados bríos.

Era el año de 1983 y todos recuerdan que el Fenómeno del Niño asoló a la Región del Norte, principalmente Piura, y por los daños causados se denominó a toda esta población como “Los Damnificados del Norte”.

Muchas instituciones humanitarias participaron en su ayuda así como todos los canales de televisión. Inclusive hubo particulares que organizaron eventos para ayudarlos.

Por ello no me extrañó que mi hermano haya organizado esta pollada y participamos de inmediato. No me esperaba lo que sigue.

Pregunté a Pedro

  • ¿Cuándo piensas enviar la plata al Norte?
  • ¿Al Norte, para qué?
  • No estás, pues, haciendo este evento para enviarles ayuda?
  • No, para mí es
  • Cómo para ti, en la tarjeta dice Pro Damnificados del Norte.
  • Sí, pero todo el mundo lo hace así. Todos hacen polladas con esas tarjetas, pero es para ellos mismos, no para enviar a nadie.
  • Ten cuidado, no vaya a ser que tengas problemas. Mejor sería que digas que es Pro Bolsillo y no otra cosa.
  • Está bien, no volveré a hacerlo

Es bueno recordar que esa vez de todas partes del mundo les llegó ayuda porque su problema fue bien grande y ocasionó muchos estragos y para muchos de nosotros fue la primera vez que vimos una cosa semejante.