318 MAESTRO SABE LO QUE HACE

            Es una historia que nos contaba mi suegra, doña Natividad Rivera Pérez, y la frase lo usaba siempre cuando alguien se creía demasiado: “Maestro sabe lo que hace”.

            La historia es bastante simple:

            “En un remoto poblado de la selva trabajaba un maestro y por sus conocimientos y profesión no aceptaba que nadie le corrija. Cuando alguien lo intentaba, el señor le decía, invariablemente: Maestro sabe lo que hace.

            Y en todos los casos les respondía igual. Es decir, que nadie podía saber más que el maestro y, por lo tanto, nadie le podía corregir o llevarle la contra. Todo el tiempo, entonces, su respuesta era: Maestro sabe lo que hace.

            Un buen día, el maestro se fue a bañar al río, pero el río estaba bastante crecido, perdió pie y se estaba ahogando. Había pobladores observando y cuando alguien preguntó ¿por qué no le salvamos?, el grupo contestó a una sola voz: Maestro sabe lo que hace”.

            Es una lección, bastante dura, pero era una lección: Dura lex, sed lex es un principio general del derecho, proveniente del derecho romano, que puede traducirse como «la ley es dura, pero es ley».

            Y es que en los poblados, en la costa, la sierra y la selva, el Maestro es un personaje preponderante y en toda reunión comunal está presente junto con el alcalde pedáneo, el Teniente Gobernador y el Juez de Paz. Su sola imagen le llena de un aura de autoridad y su opinión es la más respetada y decisiva en los acuerdos de la asamblea.

            Pero en algunos casos, como el que nos ocupa, se sobrepasa y entonces recibe su merecido.

314 MUJER

Mujer o fémina es el ser humano femenino o hembra, independientemente de si es niña o adulta. Tiene diferencias biológicas con el varón, como la cintura más estrecha, cadera más ancha y pelvis más amplia, diferente distribución y cantidad de vello, tejido adiposo y musculatura. Sus genitales son diferentes y sus mamas, a diferencia del varón, están desarrolladas.

            Mujer también remite a diferencias de carácter cultural y social que se le atribuyen por género.

            El Día Internacional de la Mujer se celebra el 08 de marzo.

  Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre

            Muchas páginas se han escrito sobre la persona humana femenina, poemas y canciones al igual que muchos cuadros y esculturas. La referencia artística más antigua acerca de la figura femenina lo constituyen la Venus de Hohle Fels (Suabia, Alemania), una escultura de marfil de 6 centímetros de alto y de aproximadamente 35,000 años de antigüedad, y la Venus de Willendorf (Austria), una estatua de 11 centímetros de alto y corresponde a una fecha entre el año 27,500 a 25,000  a. C. La estatua más famosa, sin embargo, es la Venus Calipigia (copia de un original helenístico del siglo III a. C.), estatua en mármol blanco de 152 cm de alto. Calipigia significa “la de bellas nalgas”.

            Ilustres escritores la mencionan como un dechado de prudencia: Don Miguel de Cervantes y Saavedra le hace decir a Sancho panza  en el Segundo Tomo, Capítulo 7  del Don Quijote de La Mancha: “Teresa dice – dijo Sancho –  que ate bien mi dedo con vuesa merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien destaja no baraja, pues más vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no le toma es loco”.

            Pero no falta quien las maltrata simplemente por ser mujer: “Las mujeres son animales de pelo largo e ideas cortas”.  (Schopenhauer, filósofo alemán, siglo XIX).

            En la cháchara común y vulgar se suele decir “Mal con ellas, peor sin ellas”.

            Un chiste antiguo dice que el país más feliz de la tierra es el Japón, porque tiene la “China” al lado.

            Mi hija Claudia, cuando estudiaba Diseño Gráfico en la Pontificia Universidad Católica, tenía una compañera que decía de sí misma: Soy una “descarada”, una “despechada” y una “despótica”; quien tenga oídos para oír que entienda.

            Pero de hecho nadie puede vivir sin una mujer al lado que es quien hace resaltar la verdadera valía del hombre: “Detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer”.

            Es una gran frase con mucho sentido del valor, es decir, de lo que vale una mujer. Se cuenta una anécdota presidencial en los Estados Unidos:

            «No hace mucho tiempo, la pareja presidencial estadounidense, Barack y Michelle Obama, fueron a cenar a un modesto restaurante al que solían ir en sus épocas universitarias. El dueño del lugar, le solicitó al cuerpo de seguridad de los Obama que le permitieran acercarse a la primera dama para saludarla, a lo cual accedieron.

            Barack Obama le preguntó a su esposa por qué el dueño del merendero estaba tan interesado en saludarla y ella le respondió: “es que hace muchos años él estuvo enamorado de mí”. Y el Presidente le dijo: “O sea que, si te hubieras casado con ese hombre, tú serías la dueña de este restaurante”. Y su mujer remató: “No. Si me hubiera casado con ese hombre, él sería el presidente de los Estados Unidos”».

            En la Universidad de la Amazonía Peruana (UNAP), Iquitos, en la cátedra de Sociología, con el profesor Enrique Grajeda Chalco realizamos un estudio sociológico en Belén zona baja. La conclusión más relevante fue que por cada hombre había 9 mujeres  en esa parte del mundo.

            Una madre, dos abuelas, tres tías, seis primas, tres hijas y tres nietas, me han proporcionado suficiente información para poder decir que la mujer nunca tiene la culpa.

            Estábamos ya casados y viviendo en nuestro mini departamentito en Iquitos, por supuesto frente a la casa de su mamá, listos para salir por la tarde, ella al trabajo y yo a la Universidad, cuando de repente se encendió. El hombre es fuego y la mujer estopa, viene el diablo y sopla, y cómo soplaba el condenado.

            Jamás me he enterado por qué se molestaba, por algo que quizás yo había hecho o que quizás no había hecho, pero estaba tan molesta que tiró la puerta del botiquín del baño que se reventó en mil pedazos. Me miró desafiante y me dijo “¡tú te tienes la culpa! y se fue al trabajo. Yo a la universidad, y al regresar mandé cambiar el espejo porque el botiquín viene incluido con el departamento. Lo bueno de las tempestades familiares es que son como las tormentas de verano en la Selva, duran muy poco.

            En Iquitos es común y enteramente normal que las damas usen zapatos  bajos para ir al trabajo y sandalias decorativas para salir a pasear pues resaltan la belleza de sus pies bien cuidados. Cuando viajamos a Lima  para nuestra Luna de miel Judith se ponía unas sandalias de color rosado, ribeteados, que lo compré expresamente para este fin. Paseábamos por el Centro de Lima visitando las tiendas, museos y Palacio de Gobierno y no había mujer que no bajara la vista para mirarle los pies a mi esposa. En Lima no existía esta moda y las mujeres no se atrevían a mostrar sus pies desnudos en verano por la ciudad. En suma, llamaba claramente la atención de propios y extraños. Ella se abochornaba al principio porque llamaba la atención, pero después se adaptó y le gustaba.

            Huelga decir que ella ha dirigido desde siempre toda mi vida: me hizo poner una camisa de nylon de colorines para ir al trabajo, donde me decían pareces globo de fiesta, me hizo poner calzoncillo bikini cuando yo toda mi vida había usado calzoncillo militar bermudas. Me hizo usar zapatos Makarios de cuero de guante y tacones, propio para jovencitos y me compró cinturones gruesos de suela con grandes hebillas de bronce que parecían más apropiados para macanas y también unas corbatas muy anchas que estaban de moda y venían con pañuelo del mismo color para el bolsillo del saco. En fin, ella hizo mi vida y mi vida fue hermosa. Demás está decir que me hizo tomar café, que es desde entonces la bebida familiar.

313 ESTE DICCIONARIO NO SIRVE

            Tomasa era nuestra empleada y nana de nuestras hijas. Estudiaba en el Turno de Noche para terminar la Educación Primaria, en un Colegio que estaba ubicado en la Misma Plaza Manco Cápac, cercano a nuestra casa. Tomasa era oriunda de la Sierra, de Apurímac, donde son mayormente quechuahablantes.

            Todo sus ingresos lo destinaba a su educación, inclusive era la única estudiante de la Nocturna que iba al Colegio con Uniforme Único. El Uniforme Único solamente era obligatorio para los estudiantes del Turno Mañana y el Turno Tarde, pero no para la Nocturna, pero ella asistía orgullosa al Colegio con su uniforme.

            Los ratos libres en el día los dedicaba a hacer sus tareas escolares y era empeñosa en realizarlos.

            Un día mientras yo leía un libro en la sala, vi que estaba haciendo su tarea en la mesa del comedor. De repente la escuché decir:

  • Este diccionario no sirve.

            Era un Pequeño Larousse, chiquito, desde siempre el más recomendable para el nivel de Primaria, lo tiró al tacho y salió a comprar otro en una librería que había en nuestra misma cuadra.

            Regresó con un Pequeño Larousse más grande y se puso de inmediato a cumplir con su encargo, pero al rato se repitió la situación:

  • Este diccionario tampoco sirve.

            También lo tiró al tacho y salió a comprar otro diccionario más grande. Con este sucedió lo mismo.

  • Tampoco sirve este diccionario.

            Fue entonces cuando me interesó su tarea y decidí ayudarla con la fabulosa palabra que no estaba en los diccionarios y le dije:

  • Tomasa, aquí en mi biblioteca tengo un Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de 4 tomos, un Diccionario Enciclopédico de 8 tomos y una Enciclopedia de 10 tomos, aparte de varios Pequeños Larousses. ¿Qué palabra estás buscando?
  • “Desceplena”, señor. Busco en la letra D, des, des, des y no hay desceplena.
  • Tomasa, el problema no son los diccionarios sino tu lengua. Estás tan acostumbrada a hablar quechua que tus oídos no pueden distinguir los sonidos en español. La palabra que estás buscando es Disciplina, tienes que buscar en las letras d i s y vas a encontrar la palabra que te han encargado buscar. También lo vas a encontrar en los diccionarios que has botado.
  • Ya, señor. Ya lo encontré. Gracias.

            Desde siempre, una biblioteca tan grande infunde bastante confianza, aunque, debo reconocer, también infunde cierto temor a aquellas personas no acostumbradas a escoger un libro determinado en un maremágnum de obras. Mi hija Claudia, cuando era pequeña,  me contó que cuando iban a la casa de sus compañeros de salón, se sorprendían no ver en su sala ningún libro, tal como era en nuestra casa, una biblioteca bien organizada por temas y autores que estaba en la sala, habida cuenta que nuestro departamento en la Plaza Manco Cápac era bastante pequeño. Tanto que en cuanto pudimos nos mudamos a Pueblo Libre, con biblioteca y todo, sobre todo con nuestro auto que ya teníamos cochera.

312 EL QUECHUA

            Muchas personas que vinieron a Lima procedentes de la Sierra, por lo general son   bilingües, hablan español y quechua. Les es difícil cambiar su idiosincrasia y prefieren mantener las costumbres con las que nacieron.

            Los adultos, sobre todo, se expresan entre ellos en quechua y eran cultores de Radio El Sol que a las 6 de la mañana les saludaba en quechua y reían a carcajadas que el quechua se presta para decir cosas en verdad graciosas.

            Los jóvenes, sin embargo, pese a que nacieron y crecieron parte de su vida  en algún lugar de la Sierra, se niegan a expresarse  en ese idioma; no solamente eso sino que niegan saberlo.

            Aquellos que lo niegan desconocen, sin duda, la influencia que tuvo el Imperio de los Incas en todo el país puesto que por todas partes se encuentra topónimos derivados del quechua, lengua oficial del imperio.

            Toda mi familia, por el lado paterno es del Departamento de Apurímac, Provincia de Grau, Distrito  de Mamara, y he tenido la oportunidad de conocerlos y hablar con ellos. En especial mi tía Agustina Panuera Suárez, casada con Julio Benites. Les encantaba hablar en quechua y escuchar Radio el Sol, su favorito. Pero sus hijos no. Inclusive consideraban vergonzoso saber cocinar. Yolanda le decía a su madre:

  • Mamá, ¿verdad que yo no sé cocinar?
  • ¡Qué vas a saber cocinar! – respondía su mamá siguiéndole la corriente a su hija.

            Mi tío Faustino Suárez Soto casado con Martha Moreano Barrientos, los tíos más extraordinarios que he conocido, eran el punto obligado de encuentro de los familiares que venían a la capital. Gustaban mucho del quechua y en su casa siempre había un plato suculento de sopa al estilo de su tierra para todo visitante. Pero sus hijos, bien educados preferían solamente la modernidad. Orlando me juraba que no sabía quechua, a pesar que había nacido en Mamara y vivido parte de su existencia allí.

            Ello fue así hasta que el Dictador General Velazco Alvarado dio un Decreto Ley por el que se declaraba al Quechua como Idioma Oficial del Perú, al igual que el idioma Español.

            Ese fue el punto de quiebre. Resulta que mi primo Orlando no solamente hablaba sino hasta cantaba en quechua. Sonreí cuando le escuché cantar a voz en cuello la canción que era entonces como un himno de la serranía:

“Valicha lisa pasñari
Niñachay de veras
Maypiraq kutanky”

            El canal 4 tenía un programa en quechua y el canal se anunciaba como:

“Tawa canal limamanta pacha”

            Era la locura en quechua, todos los que lo negaban salieron del “closet” para ser cultores del nuevo idioma oficial del Perú. Con una ventaja adicional: hablar quechua conlleva de hecho el bailar huayno. La felicidad es pues completa.

            El eslogan de moda era Kausachun Perú (Viva el Perú) y Kausachun Velazco (Viva Velazco), cómo no.

Danzantes de huayno y quechuahablantes

311 LA PUSANGA

            Siempre me ha intrigado cómo la gente le atribuye a determinadas cosas, fuerza o capacidad para alcanzar límites insospechados en cuestiones relacionadas al amor.

            Me refiero al amor mundano, ese que solamente busca deleitarse en la relación carnal, completamente alejado del amor, ese sentimiento especial hacia una persona que solamente es posible alcanzar a partir del conocimiento y el trato cotidiano y amistoso.

            La pusanga se asume que es un preparado exótico que se dice que proviene de la selva más profunda de nuestra Amazonía, producto de conocimientos ancestrales sobre la botánica herbolaria.

            Se cuenta que con un poco de esa sustancia enmascarada en tu perfume personal puedes hacer que el objeto de tus deseos lascivos caiga a tus pies.

            Nada más falso, no existe ninguna sustancia en el mundo que pueda lograr que alguien, una persona, que no te conoce, te siga y sienta un impulso muy fuerte de estar contigo. De existir ese producto el mundo sería un caos, superior al COVID-19.

            Pero nadie más interesado en la pusanga que los fuerinos que escuchan maravillados, atontados diría mejor, a los loretanos que les cuentan historias fantásticas de la Selva.

            Quienes no son loretanos tienen creencias absurdas sobre la vida en Loreto. En primer lugar piensan que Loreto es la Selva de Tarzán y por donde vayas te vas a encontrar con un león o un gorila, cuando no con un elefante. Si tienen que viajar a Iquitos van con traje de cazador, casco de explorador y botas altas. No se permite subir al avión con un machete, de lo contrario lo llevarían para abrirse paso en la “selva enmarañada”.

            En segundo lugar se cuentan entre ellos que en Loreto estamos a las ocho de la mañana esperando que caiga el pan del árbol para tomar desayuno.

            Todo loretano que conocen “ha peleado” con un otorongo, con un cocodrilo o con una boa de 10 metros de largo.

            Escuchan embelesados estas historias y, siempre, invariablemente, preguntan por la pusanga. Nada les satisface más que oír estos cuentos libidinosos.

            En la Cervecería Backus trabajaba en las Bodegas de cerveza un obrero de Iquitos a quien los otros trabajadores miraban con admiración porque les contaba “historias personales” con la pusanga. Les enseñaba un frasquito pequeño, color caramelo, pero no les permitía tocarlo. Les decía que podían hacerle perder su efecto.

            Siempre que coincidía en mi turno, un empleado de Bodegas se sentaba a mi lado en la mesa del comedor, y mientras comíamos nuestros alimentos comenzaba a averiguar sobre la pusanga. Decía que el “Charapa” les contaba que estaba saliendo con una Fly Hostess; y siempre sus “víctimas” eran Fly Hostess, en aquel entonces eran damas de elevado nivel personal. El empleado decía que era cierto, que le llamaban por teléfono chicas bellísimas de alto nivel, aunque no sé cómo hacía él para saber que quien llamaba al teléfono era una mujer bellísima y de alto nivel, pero en fin. Y no se explicaba cómo el “Charapa”, un obrero sin educación, con una voz gruesa y desentonada podía conquistar a tales damas, sino fuera por la dichosa pusanga.

            En el Mercado de Belén, en Iquitos, hay muchos puestos de venta de pusanga y otras sustancias que las vendedoras llaman afrodisíacos, para que el varón pueda cumplir como Dios manda en sus enredos pecaminosos. Le llaman 7 Raíces, Para para, Levántate Lázaro, etc. Y quienes los buscan son los venidos de afuera  en busca de la maravilla que los va a convertir en superhombres, aunque fuera solo por un momento.

            No faltan tampoco las vendedoras de hechizos denominados “amarres” para hacer volver al que se fue en busca de mejores aires.

            En Lima, en Jesús María, una dama de la selva puso una tienda para atender con estos productos. Era la época en que se había puesto de moda poner una h en el medio, de manera que su tienda era SHELVA. Mis hijas se burlaban de ese nombre y la llamaban como estaba escrito, Shelva y no Selva.

            Shelva era cliente de mi esposa y en cierta oportunidad le pregunté por ella. Me dijo que había cerrado su tienda y estaba corrida porque, como es lógico pensar, sus “amarres” no habían dado resultado positivo y la cliente vino a pegarle y a exigirle la devolución de todo su dinero que, naturalmente Shelva no estaba dispuesta a cumplir.

            Como les recuerdo, la Selva es maravillosa y es un buen lugar para pasear y divertirse y conocer lugares verdaderamente exóticos, así como los animales propios del sitio. Las ciudades son modernas con calles amplias y bien diseñadas y sobre todo limpias. Comidas y bebidas propias del lugar y playas bellísimas.

            Visiten la Selva y volverán encantados, con ganas de regresar.

La pusanga

306 LAS CHARAPAS SON ARDIENTES

            El diccionario dice que una persona es ardiente cuando es apasionado y siente un fuerte deseo sensual.

            Charapa, según el mismo diccionario, es la denominación que se da a quienes son oriundos de la Selva Amazónica, o a todo lo que se relaciona con esta población.

            Específicamente se denomina charapa a los loretanos, de la misma manera que a los arequipeños se les dice characatos, o mochicas a los chiclayanos, churres a los piuranos, mazamorreros a los limeños y chalacos a los habitantes de El Callao.

            Estábamos en una reunión social y la esposa de un colega me seguía por todos lados y me decía “las charapas son ardientes”, “¿por qué las charapas son ardientes?”.

            Estaba bebida y yo trataba de esquivarme de su presencia, pero siempre me agarraba para decirme lo mismo.

            De haber estado sobria me habría gustado darle una explicación, pero no había caso, estaba bebida y ninguna explicación la podía calmar.

            Cuando estuve hospitalizado en el Hospital Rebagliati por un infarto que tuve en noviembre de 2013, ya estabilizado luego de la operación para instalarme un stent en la arteria coronaria, recibí la visita protocolar de cuatro chiquillas, estudiantes de la Escuela de Enfermeras.

            Me rodearon e hicieron preguntas sobre mi problema coronario y mi estado de salud. Ya saben, ¿siente algún dolor?, ¿siente alguna molestia?, ¿le están atendiendo bien?, ¿le vienen a ver sus familiares?, ¿de dónde es usted?

            Cuando dije que era de Iquitos, sus ojitos brillaron y sonrieron. Ya sabía lo que estaban pensando, de manera que les di una cátedra:

            Mucha gente, sin pensarlo bien, acostumbra decir “las charapas son ardientes”. Pero eso no es cierto.

            ¿No? – dijeron al unísono.

            No. Las charapas no son ardientes, les expliqué. El ardiente es el charapa. El varón loretano es sumamente ardiente, capaz de realizar prodigios indescriptibles. La mujer simplemente debe estar a la altura de las circunstancias. Por eso la mejor pareja para un loretano es una loretana. A propósito, estoy casado con una Profesora loretana.

            El problema se presenta  cuando algún varón viene de afuera y se encuentra con una dama loretana, ella le gana lejos. No por una oreja o una cabeza sino por varios cuerpos de ventaja. A ese varón que no alcanza a explicarse lo sucedido solamente se le ocurre decir “las charapas son ardientes”. Y así nace la leyenda.

            Pero ahora ya ustedes lo saben, los loretanos somos los ardientes.