58 ESTABA SANCOCHANDO CEBADA PARA SEMBRAR

Cuando era niño la Botica La Loretana, ubicada en la cuadra 3 del Jr. Lima en Iquitos, nos obsequiaba el Almanaque Bristol, aunque fuera un niño quien lo solicitaba. Una revista con información de las fechas importantes y las fases de la luna. De manera que sabíamos de esta manera cuando toca luna nueva para cortar las uñas de las niñas, o para sembrar o cuando era luna llena para salir a pasear por las noches porque el alumbrado era pésimo.

También traía el Almanaque Bristol una historia en cuadros cual historieta, las más de las veces ilustrativa y con moraleja. Era la parte que más me agradaba leer y lo comentábamos con mi mamá, también lectora empedernida.

En la portada había un señor con barba y abundante cabello y se convirtió en el paradigma del corte de cabello: cuando sentías que ya estabas para ir a la peluquería lo justificabas diciendo “Estoy bristol”, es decir mi cabello ya está muy largo, lejos del ideal masculino que se debatía entre el estilo boxeador o el estilo caballito.

El Almanaque Pintoresco de Bristol

Una de esas historias recuerdo particularmente porque nos hizo debatir con mi mamá sobre su pertinencia.

Se trataba de un viajero que se dirigía a buscar oro en algún lugar y se había alojado en el hospedaje. Al despuntar el día le pidió a la dueña que le diese fiado una docena de huevos duros, para ir sosteniéndose por el camino hasta encontrar lo que buscaba y al regreso le pagaría con creces.

Al cabo de un año regresó feliz el minero y le pagó a la dueña por los huevos que le había fiado, pero ella al ver el oro se llenó de ambicia y le dijo que, dado el tiempo transcurrido y considerando lo que ella hubiera podido obtener con esos huevos que él se llevó, le correspondía quedarse con todo el oro. Y se lo quitó.

No aceptaba ninguna consideración del viajero y finalmente fueron al Juez a quien la ambiciosa mujer le presentó sus cálculos en los que se basaba para quedarse con todo el oro.

El Juicio

Decía que le dio a su inquilino 12 huevos, esos 12 huevos se convertirían en gallinas y en tres meses cada una pondría 25 huevos con lo cual tendría 300 huevos que en tres meses se convertirían en 7,500 huevos, estos a su vez se harían al cabo de tres meses 187,500 y finalmente tendría 4’687,500 huevos en un año.

  • Saque su cuenta Señor Juez, a sol cada huevo entonces me corresponde todo el oro que trajo mi cliente.

El juez estaba sorprendido y le dijo que, en principio ella tenía la razón pero que él deberá pensarlo un poco más. Necesitaba un poco más de tiempo.

Triste y abatido estaba el minero sentado en la vereda afuera del juzgado cuando se presentó un hombrecito que le dijo que no se preocupe que él es abogado y le va a ayudar en el Juicio.

Llegó el día del Juicio y el abogado no llegaba, para aumentar más la desolación de nuestro minero. Cuando llegó el abogado, todo presuroso y sudando, se disculpó con el Señor Juez por su tardanza y le dijo

  • Pido perdón Su Señoría por la tardanza, deberá disculparme, pero es que estaba sancochando cebada para poder sembrarla
  • ¿Sancochando cebada para sembrarla? ¿Está usted loco? Cómo va a sancochar la cebada para sembrar, no va a germinar nada porque ya está muerta.
  • Exactamente Su Señoría, no se puede sancochar la cebada para sembrar porque ya está muerta. Lo mismo pasa con los 12 huevos cocidos ¿Qué pollos puede producir si los huevos ya están muertos?
  • Señora ¿los huevos estaban cocidos?
  • Pasaditos nomás, Señor Juez
  • Entonces solamente le corresponde el valor de los 12 huevos cocidos y nada más.

Y se hizo justicia.

56 NUESTRAS TRADICIONES NAVIDEÑAS

Cuando era niño, allá en la lejana ciudad de Iquitos, la Navidad era una fiesta muy esperada y la recibíamos con mucha alegría.

Mi mamá preparaba para la cena Gallina asada en olla, no teníamos horno ni siquiera de barro, chocolate caliente y chicha fresca de maíz.

La costumbre de cenar pavo vino mucho después cuando ya vivíamos en Lima y todo el mundo adquirió esa costumbre, sobre todo porque en la empresa donde trabajaba nos daban cada año un pavo.

En Iquitos se vendía para esas fechas “Bizcocho de Navidad”, era un bizcocho grande con muchas pasas y muy dulce. Años después se puso de moda cenar con panetones traídos de Lima. Cuando nos casamos, los dos trabajábamos y “ya teníamos plata”, decidimos adquirir un Panetón de Navidad. Compramos un panetón D’onofrio que resultó muy seco y quemado por los lados, una desilusión. Mejor era nuestro Bizcocho de Navidad. En aquel entonces no había esa ley que obliga al fabricante a mostrar la fecha de vencimiento.

Por la noche, cuando era niño, salíamos toda la familia a visitar las tiendas del Jirón Lima (ahora insisten en llamarle Jirón Próspero) para mirar los juguetes novedosos que los empleados diligentes los hacían funcionar para admiración y animación de los paseantes. Nunca me compraron un juguete en las tiendas, no era ese el fin de nuestro paseo, solamente ver la maravilla de juguetes que cada año salían novedades.

Nunca me compraron juguetes porque al amanecer del día 25 aparecía en  mi almohada el juguete que me traía el “Niño Jesús”. Y nosotros muy contentos.

Ese día la conversación con mis compañeros de barrio era ¿Qué te trajo el Niño Jesús? Y era nuestro orgullo mostrar el juguete nuevo.

Me contaban mis padres que “una vez” fueron a la Misa del Gallo pero terminaba después de la media noche y por eso preferían pasarlo en la casa con nosotros. Una Navidad en familia es lo más que podemos pedir en nuestra vida.

En aquel entonces la fiesta de Navidad se celebraba en tres fechas: Navidad (25 de diciembre), Año nuevo (01 de enero) y Fiesta de los Reyes Magos (06 de enero, que era feriado). Los Pastores, eran una agrupación costumbrista formada por niños pero organizada y conducida por adultos, salían la víspera y el día de fiesta cantando villancicos hacia alguna casa que los había invitado para cantar y recitar poesías relativas a la ocasión. Era una actuación muy emotiva y el dueño de casa les agasajaba con las viandas típicas de la fecha: sánguches de chancho asado y chicha fresca de maíz. Durante tres años de mi infancia y adolescencia fui pastor.

El árbol de Navidad

En el cine veíamos que la costumbre era comer 12 uvas en la noche de Año nuevo, una por cada golpe del reloj, pero era una costumbre muy difícil de seguir por la sencilla razón de que en Iquitos no se dan uvas y no había entonces tiendas que las vendieran trayéndolas de Lima o de Estados Unidos; y más difícil aún porque nadie tenía reloj que diera las campanadas. La Iglesia Matriz de la Plaza de Armas, es cierto, daba las campanadas pero dentro de la casa era imposible escucharlas.

También nos enteramos que en Año Nuevo  si das una vuelta a la manzana cargando una maleta, era seguro que ese año ibas a viajar. Algunas veces vimos a algunas personas dar la vuelta por mi casa con su maleta pero nunca se nos ocurrió hacerlo, puesto que nunca creímos en cábalas y si teníamos que viajar, pues viajábamos, sin tener que realizar el paseo de Año Nuevo. Con todo, en ese tiempo podías salir a dar la vuelta a la manzana a la medianoche sin correr ningún peligro.

Sabemos que en Lima muchas personas son muy tradicionales en su celebración navideña y prefieren consumir tamales en la Cena de Navidad. He podido observarlo, la venta masiva de tamales,  en El Callao, en el Jirón Cochrane, a media cuadra del Mercado Central, en Jesús María, Jirón República Dominicana y en Pueblo Libre en el Boulevard de Andalucía.

En nuestra casa en Lima, con mi esposa María Judith y nuestras hijas Luisa Iliana, Claudia Inés y Rocío del Pilar, hemos mantenido esa costumbre de que el regalo les trae el Niño Jesús hasta que cumplieron 7 años. En el octavo año les explicamos por qué habíamos hecho eso, para mantener la pureza de la inocencia tal y como nuestros padres nos inculcaron.

Hasta que mi esposa se enfermó sin remedio, asistimos a la Misa del Gallo en la Parroquia Santa María Magdalena porque empezaba temprano y a más tardar terminaba a las 10 de la noche.

Entonces nos pegábamos un salto, en nuestro carro, a saludar a nuestros padrinos de Matrimonio Víctor H. Montenegro Vílchez y Luz Marina Otiniano Soto en Magdalena. Lo hicimos hasta que sus hijos nos avisaron que ya estaban bastante ancianos y se iban a descansar temprano. Y los íbamos a visitar el 24 por la mañana, hasta que se fueron con el Señor.

55 JAIME VÁZQUEZ IZQUIERDO

Jaime Vásquez Izquierdo fue un amigo a quien admiré desde que era adolescente cuando ingresé a estudiar el Primero de Secundaria en la Gran Unidad Escolar “Mariscal Oscar R. Benavides” de Iquitos y él estaba por terminar la Secundaria.

Estaba yo practicando el clarinete para tocar en la Banda de Músicos bajo la enseñanza del gran maestro Beny Soto, Profesor de música y Director de la Banda, y él ensayaba “Granada” de Agustín Lara con el mismo Profesor. Nunca antes había visto cantar en vivo a un tenor.

Ambos ejecutábamos nuestro arte en el Salón de Actos de la Municipalidad  en el Programa “La Hora de la Gran Unidad Escolar” que se propalaba por Radio Nacional que, justamente, tenía allí sus instalaciones. El programa se realizaba los jueves a las 8 de la noche.

Jaime Vázquez Izquierdo

Nos encontramos nuevamente en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos cuando estábamos en Estudios Generales. Nuestro Profesor de Educación Cívica en la Universidad era el mismo que nos enseñó en el Colegio este mismo curso y era también su jefe en la Dirección de Trabajo donde laboraba Jaime.

Siempre amable y conversador, sin embargo jamás me imaginé que era ya un poeta y escritor consumado. Jamás lo dejó traslucir. Era más bien dado a contar bromas.

En cierta oportunidad recibimos sendas cartas algunos de los estudiantes, entre los que también estaba Teddy Bendayán, invitándonos, por nuestras características particulares, a fundar el “Club de los Excéntricos”.

No llegábamos a 6 los “miembros” del club, pero no duró mucho tampoco: Nos hizo llegar Citaciones para la Asamblea General que no se realizó porque él no llegó. Al día siguiente apareció un papel en el lugar de la Asamblea que decía:

Citación

Bueno, al final de cuentas  él fue el verdadero excéntrico mientras que nosotros apenas llegábamos a principiantes.

He sabido del elevado honor que le cupo al ser Docente Universitario y Poeta y Escritor reconocido a nivel Nacional e Internacional.

También me he enterado que fue uno de los fundadores del Grupo Cultural Bubinzana, que me fue siempre esquivo y nunca pude conocer mucho de este grupo. Cuantas veces le pregunté al Profesor Humberto Morey Alejo sobre cómo podría unirme a este Grupo, me contestaba con evasivas y cambiaba el tema. Ambos éramos Profesores en la Escuela Regional de Bellas Artes de Iquitos.

Supe del fallecimientode Jaime  cuando empecé a buscar a mis compañeros del Colegio y de la Universidad, por Internet. Encontré a algunos, a algunos otros demasiado tarde.

Su hondo legado ha dado pie a hermosas elegías que sus amigos le han dedicado en páginas imborrables que resaltan siempre su don de gentes. Lamento no haberlo buscado antes pero me alegra haberlo conocido y haber compartido con él momentos entrañables de amistad.

Sobre su cualidad de tenor el único que hizo mención fue Josef Nájar en el Post

Jaime Vásquez Izquierdo, el último sefardí de Iquitos

En más de una oportunidad sucedía que los visitantes esporádicos, invitados a los kabalat Shabat, quedaban más sorprendidos por la voz del cantor que por la misma ceremonia. Jaime siempre tuvo cualidades de tenor;”

Tu afecto y tu sinceridad, querido Jaime, siempre calaron hondo en mi ser y te recordaremos como el gran y carismático amigo que supo llegar a todos nosotros.

Ha sido un gran honor haberte conocido y haber sido tu amigo.

 

54 PARA LA PRIMERA NIETA TODO

Cuando era pequeña Andrea Canaval, nuestra primera nieta, la cuidábamos y la llevábamos a todo sitio. Era parte de nosotros.

Una vez acompañé a mi esposa a sus negocios en la Galería de Zapatos para Damas en Jesús María, con Andreíta.

No pasó desapercibido para una amiga que nos dijo emocionada por la manera que veía cómo tratábamos a nuestra bebé.

  • Para la primera nieta todo…
  • ¿Por qué lo dices?
  • Así es, pues. Para la primera nieta…todo, cuando nació mi hijita, ya nada.

Me sorprendió mucho sus palabras y el desconsuelo con que lo decía. Me pareció que ella exageraba. En  mi mundo a todos los nietos los tratamos igual.

Pero ni ella ni yo nos fijamos en un aspecto primordial: La edad de los abuelos.

Cuando nace la primera nieta estamos aún “jóvenes” y brindamos todo el apoyo que corresponde, pero los años no pasan en vano y nuestras fuerzas van mermando y cada vez se nos hace más difícil cumplir igual con los otros nietos. Ya nada es lo mismo.

Peor si enfermamos.

No es que a los otros nietos no los queramos, no es que a los otros nietos no los cuidemos, pero es que ya no podemos hacerlo. Quizás también nosotros necesitamos que ahora nos cuiden.

Quizás nuestros deseos de estar con todos los nietos quede solamente en eso: “deseos” y tal vez nunca más podamos cumplir con todos, y al final  tal vez con ninguno.

Nuestra amiga en vez de lamentarse que a su hijita no le da su mamá todo el cariño que vio que le daba a la primera nieta, debió pensar más en su mamá y ver qué le falta para ayudarla a sobrevivir. Quizás su mamá es quien ahora necesita el apoyo y el cariño de sus hijos y nietos.

Nuestras nietas

53 NUESTRO PAN DEL ÁRBOL

Es bien conocida mi opinión acerca del fruto del Pan del Árbol que abunda en la Amazonía y es de consumo generalizado. Generalmente conocido como “Pandisho”

Existe en el continente asiático un Pan del Árbol, de la misma familia que nuestro pandisho pero que es completamente diferente.

El de Asia es un árbol similar al nuestro y también pertenece al género Artocarpus pero de él se aprovecha su masa, su pulpa. No tiene semillas.

Nuestro pandisho es comestible únicamente sus semillas. Su pulpa se descarta, hasta que algún Graduado de la UNAP determine una utilidad para su uso mediante pruebas y análisis. Por ahora es solamente alimento para chanchos.

Mi buen amigo Javier Wong Melho se refirió a la obra Motín a Bordo como una “prueba palpable” de que se iban al Asia para recoger nuestro pandisho. Pero esto no es cierto por lo que acabo de decir.

Para mayor abundamiento de datos he preparado un resumen de dos documentos que lo mencionan:

“William Bligh, el cebiche y el árbol del pan” de Caius Apicius

“20,000 Leguas de Viaje Submarino” deJulio Verne

Espero que les agrade su lectura, y, en cuanto puedan, prueben el pandisho y ahítense con esta delicia.

«En 1787 zarpó de Inglaterra el buque armado Bounty al mando del teniente William Bligh, para dirigirse a Tahití para traer el árbol del pan para alimentar con sus frutos a los esclavos de las plantaciones en Jamaica.

Esta expedición fracasó en su misión porque se produjo un levantamiento de la tripulación, a pesar de que habían cargado con las plantas y sus frutos del árbol del pan, hecho que está registrado en la historia como ‘Motín del Bounty'».

Fue en 1793 que recién se pudo traer a Jamaica el árbol del pan en el Providence al mando del mismo teniente William Bligh.

Que no se trata de nuestro pan del árbol sino otro diferente lo especifica Julio Verne en “20,000 Leguas de Viaje Submarino” en la que el arponero Ned Land era un experto conocedor del fruto del árbol del pan. Que no tenía semillas.

El libro de Julio Verne

Dice Julio Verne en el Capítulo XXI, página 158:

“Hablo del árbol del pan, muy abundante en la isla de Gueboroar, que ofrecía esa variedad desprovista de semillas que se conoce en malayo con el nombre de rima”

Y más adelante dice

“Algunos no habían alcanzado aún un grado suficiente de madurez y su piel espesa recubría una pulpa blanca pero poco fibrosa. Otros, en muy gran número, amarillos y gelatinosos estaban pidiendo ser ya cogidos. Los frutos no contenían hueso”

Dicho lo cual, concluimos que tanto el teniente William Bligh como “20,000 Leguas de Viaje Submarino” hacen referencia a un árbol del pan diferente al de nuestra Amazonía que sí tiene semillas y es lo único comestible del fruto.

El pan del árbol de nuestra Amazonía