LAS CLASES DE RELIGIÓN 4

Nuestro profesor de Religión en la GUEMORB, padre José María Arroyo, era un profesor muy especial y que a veces sacaba roncha.

En cierta oportunidad tomó Examen Final y  como estaba apurado entregó las pruebas al Auxiliar de Educación de 5º Año “Potocho” Núñez y le dijo que las califique. El Potocho protestó – Pero padre cómo voy a calificar, qué sé yo de Religión.

El padre Arroyo le dijo, pones 14, 13, 12, 11 y 10, otra vez 14, 13, 12, 11 y 10, y así hasta terminar.

El problema fue que al Presidente de la UNEC (Unión de Estudiantes Católicos) le puso 10 y éste se quejó a la Dirección del plantel y el Director le llamó severamente la atención al padre Arroyo.

El padre Arroyo le reclamó al Potocho Núñez y él le dijo:

  • Pero padre, usted mismo me dijo que ponga 14, 13, 12, 11 y 10, y así lo hice.
  • Está bien, pero te hubieras fijado, pues.

LAS CLASES DE RELIGIÓN 3

El padre José María Arroyo, Sacerdote Agustino y profesor de Religión en el Primero de Media de la GUEMORB, nos contó esta anécdota que les ocurrió a sus paisanos españoles que arribaban a México.

Los recibía el Jefe de Migraciones, quien hacía las interrogaciones, y su secretario que asentaba el expediente según se lo dictaba el jefe, con las clásicas preguntas de nombre y ocupación y terminaba con el estribillo “apunta manito”.

  • Que pase el primero ¿Nombre?
  • Napoleón Rodríguez de Balmaceda y Villafuerte.
  • ¿Ocupación?
  • Odontólogo.
  • ¿Y eso qué es?
  • Pues, yo me dedico a hacer curaciones en los dientes y a sacar muelas.
  • Apunta manito, sacamuelas.
  • Que pase el siguiente ¿Nombre?
  • Carlos González y Carbone Mora.
  • ¿Ocupación?
  • Jurisprudente.
  • ¿Y eso qué es?
  • Usted verá, yo me encargo de asuntos legales, juicios y demandas.
  • Apunta manito, picapleitos.
  • El que sigue ¿Nombre?
  • Laureano Bosmediano de las Flores Secas.
  • ¿Ocupación?
  • Filántropo.
  • ¿Y eso qué es?
  • Bueno, vea usted, yo me dedico a hacer el bien a la gente, los ayudo. Yo me muero por amor a los hombres.
  • Apunta manito, maricón.

En otra ocasión nos narró lo que le pasó a su colega, Sacerdote Agustino, Capellán del Ejército y, como tal, con derecho a disfrutar del Círculo Militar que estaba ubicado en la Plaza de Armas de Iquitos.

Estaba tomando con sus amigos y de otro grupo un oficialito, que sabía su condición de sacerdote, se puso a molestarlo gritando “cura maricón”, una y otra vez.

Hasta que se fastidió el Sacerdote y le dijo ¿cura maricón? Trae a tu mujer para que veas cómo te la empreño.

El oficialito de marras no volvió a molestarlo en el resto de la noche.

LAS CLASES DE RELIGIÓN 2

En Segundo Año de Secundaria nuestro profesor de Religión en la GUEMORB fue el padre Pastor, un cura por quien se derretían las chicas de Iquitos.

Nos explicaba sobre los Sacramentos y que hay algunos que solamente se dan una vez en la vida porque imprimen Carácter.

Carácter, decía, es una señal indeleble que no te lo quita ni tu abuela.

Esa vez el Examen de Fin de Año fue oral y con un jurado presidido por el Obispo. Cuando le llegó el turno al alumno León Urrunaga, éste sacó su balota y le tocó, justamente, Carácter.

Suelto de huesos respondió de paporreta lo que tantas veces nos había dicho el padre Pastor:

  • «Carácter es una señal indeleble que no te lo quita ni tu abuela».

El obispo, abriendo tamaños ojos dijo:

  • ¿Eh?

León Urrunaga le dijo:

  • Así nos enseñó el padre Pastor.

Y este dijo al Obispo:

  • Les dije así para que se les grabe bien en la memoria – y al alumno – no debiste decirlo así, por respeto.

LAS CLASES DE RELIGIÓN 1

En nuestra época las clases de Religión lo daban exclusivamente los Sacerdotes; y en nuestra ciudad, en la GUEMORB, lo daban Sacerdotes Agustinos.

El más popular fue el Padre José María Arroyo, español, pues en su clase hablábamos de todo, inclusive de vida sexual, menos de religión. Y cuando nos hablaba de religión, esta tenía un matiz especial.

Nos dijo que Dios hizo al hombre de la limonada. El origen del hombre se ubica en la antigua Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates, y allí el barro de llama limo. Entonces Dios tomo barro (limo) e hizo al hombre y con un soplo le dio vida de la nada. Así Dios hizo al hombre de la limonada.

También nos contó que cuando era estudiante en su lejana España un profesor les había “jalado” a final de año. Un grupo de desaprobados, embozados, le emboscó y le dieron una tunda. Los alumnos le dijeron: entonces ya sabemos qué hacer si nos jala:

  • Atrévanse.

Nos respondió levantando su larga pierna hasta la altura de su cabeza mostrándonos su zapato talla 46.

Un día se apareció con zapatillas, los sacerdotes usaban siempre  zapatos cerrados negros, y todos le celebraban:

  • Qué buenas zapatillas, ¿piensa dedicarse al deporte?
  • Qué deporte ni qué nada – nos dijo – Calzo 46 y es un verdadero problema conseguir zapatos de mi talla, los tengo que mandar a hacer.

El día anterior había ido a la Casa Acuy en el jirón Lima, entre Morona y Sargento Lores, y conversando con el dueño vio arriba las zapatillas y preguntó. El Sr. Acuy le dijo que alguien había traído esa zapatilla de muestra y la dejó para ver si alguien se interesaba, pero no regresó:

  • Si le sirve se lo regalo.

Era justamente de su talla y el padre andaba ufano con sus nuevas zapatillas.

En ese entonces el profesor fumaba en clases y el padre Arroyo fumaba cigarrillos Piel Roja, colombianos, algo suaves y baratos. Un buen día apareció con una cajetilla Lucky Strike, de inmediato todos los muchachos le alabaron:

  • Padre estamos bien, tenemos plata, ya fumamos finos, etc, etc.

El padre Arroyo, sonriendo, mostró su cajetilla de Piel Roja dentro de una envoltura de Lucky Strike. El cigarrillo Piel Roja es un producto colombiano de bajo precio y el Lucky Strike es norteamericano, de precio muy caro. Ambos traídos de contrabando.

También fue mi profesor de Composición y Elocución Castellana en la UNAP.

Allí se suscitó una situación, lo enviaron al Congo. Escuché al Ingº Mario Quijano Casimiro, catedrático de matemáticas, contar a otro profesor la razón de su traslado; decía que el padre Arroyo le había mandado a la M al obispo y este muy amoscado le dijo:

  • ¿Así? Está bien, yo me voy a la M pero tú te vas al Congo.

LA VIUDA

Uladislao Martínez estaba de mal humor. Ya era la media noche y sólo había hecho dos carreras con su viejo taxi. Así no se puede progresar, pensaba.

Cuando llegó a la Plaza 28 de Julio, una dama vestida de negro y con el rostro cubierto con un espeso velo de tul negro, subió al taxi y le pidió una carrera por La Circular (antigua carretera de circunvalación).

Recorrieron todo el trayecto en silencio y al pasar por el Cementerio General le hizo detener y, ofreciéndole pagar el doble, le pidió que la esperara pues sentía deseos de rezarle a su pobre esposo difunto.

No opuso reparos Ula pues el precario estado económico en que se encontraba no le permitía tener remilgos.

Había transcurrido media hora y a él le parecía que ya estaba bueno de rezos. Necesitaba seguir trabajando, así que entró al cementerio para pasarle la voz a la extraña viuda; mira que ponerse a rezar a la media noche y todavía en el cementerio, se dijo a sí mismo.

Al fondo del cementerio vio a la viuda arrodillada frente a una sepultura. La tocó en el hombro y la instó para que prosiguieran el viaje para llegar a su destino. La mujer se volteó a mirarle y quitándose el velo le dijo con voz nasal:

  • Ya he llegado al fin de mi destino.

¡Horror!, era una calavera. De pronto sintió que el cabello se le erizaba y su cuerpo se ponía tieso. Haciendo un tremendo esfuerzo logró vencer el miedo y emprendió una veloz carrera, arrancó el taxi y salió disparado.

Dos cuadras después, en la esquina del Charol divisó a un policía. Detuvo el carro y le explicó al policía lo que acababa de pasarle:

  • Esa mujer era una calavera – terminó.

¡Qué fatalidad! Las fuerzas del demonio se cernían sobre el pobre Uladislao. Sus dientes castañetearon y sintió que se desmayaba cuando el policía, quitándose el quepí, le mostró su cabeza calva y huesuda y le dijo:

  • ¿Así como yo?

El policía era también una calavera: estaban muertos la viuda y el policía. Logró vencer el miedo que lo tenía paralizado y no paró hasta llegar a su casa.

Cuando logró calmarse le contó a su esposa el extraño suceso que le había ocurrido; ella le reconfortó y le dio a beber una manzanilla caliente. Ya más tranquilo se acostó prometiéndose no volver a recoger a ninguna mujer vestida de negro y menos a la media noche.

Esa noche se le aparecieron en sueños, terrible pesadilla, el guardia y la viuda. Sin poder disimular su cólera le gritaban:

  • Agradece que tienes espíritu fuerte, eso te ha salvado. Sino ahora estarías muerto como nosotros y te estaríamos llevando al infierno.

LA VIEJA PILLURÍA

En nuestro barrio de la Pablo Rosell en la esquina de la calle Nanay vivía una señora de edad que tenía una especie de granja: una vaca lechera.

Vendía la leche tan aguada que, una vez compré un litro, lo hervías una hora y no se concentraba por nada, no pudimos tomarla. Los vecinos le llamaban la “Vieja Pilluría”.

Sus vecinos, hijos de la señora Polita, sobre todo Corina, decían que cuando se le iba a espiar por las topas de la cerca se la podía escuchar cómo reñía en voz alta a sus “cholos”:

  • ¡Ya están queriendo echar agua a la leche! ¿no sinvergüenzas? – bajando la voz agregaba – Echa más agua, echa más agua.
  • Después los vecinos dicen que yo les ordeno echar agua a la leche – en voz baja –Echa más agua, echa más agua.
  • Cuidadito con echar agua a la leche – a sotto voce – echa más agua echa más agua.

De modo que su leche era pues mala leche. Nunca más volví a comprarle su leche cristiana, por el agua que le agregaba a modo de bautizo.

Rosa Celis de Pollack Saludo a Corina y oración Para Polita…incluidas en esta narración.