Cuando estuve en el Servicio Militar, una ceremonia extraordinaria era la despedida de quienes se dan de baja del servicio activo.
Parada militar dentro del cuartel, los licenciados, uno por uno se acercan al estandarte que lo porta un oficial, Alférez o Teniente, escoltado por Clases con pistola ametralladora Uzi. El arma de dotación de la tropa era el moderno FAL (Fusil Automática Ligero).
El uniforme del licenciado consta de pantalón de dril caky, el mismo que antes usabas en el cuartel, una camisa manga larga de dril color celeste, nuevo, zapatos de faena, el mismo que estabas usando. Antes de licenciarte tienes que “internar” tus borceguíes que utilizabas para salir de paseo y los uniformes de parada.
Cada licenciado con paso marcial, más bien rígido, se acerca al estandarte y la besa. Acto seguido regresa a su lugar mientras los otros licenciados hacen lo mismo.
Los mismos licenciados piden a la Banda de Músicos que ejecuten, como despedida, la marcha militar “Los Peruanos Pasan”.
Pude observar que los curtidos Sargentos lloran al besar a la Bandera, y se nota la marcialidad en la marcha final, por última vez que desfilan.
“Los Peruanos Pasan” era la marcha militar por excelencia y no existía otra marcha que los hiciera vibrar desde el fondo de sus corazones.
“«Los Peruanos Pasan» es una marcha militar peruana compuesta por el músico peruano Carlos Valderrama Herrera (Trujillo 1887-Lima 1950).
Marcha en ritmo 2/4, con reminiscencias de tambores y trompetas romanas, incorpora sonidos vinculados al «pasodoble» ibérico e influencias de la tradición pentatónica andina, revelando buen equilibrio musical y gran sentimiento marcial. Es interpretada en los desfiles oficiales peruanos, como el de la fiesta nacional y en ceremonias de importancia civil y militar”.
Fuente: YouTube
Todavía no se había producido el Conflicto del Cenepa, la cual dio origen a la marcha militar “Gigantes del Cenepa”. Esta es ahora la marcha que preside toda ceremonia militar.
Pero “Los Peruanos Pasan” llenó los corazones de quienes fueron militares en mis tiempos. Uno de ellos dijo:
“Cuando salí de baja de mi servicio militar, y besas la bandera, y prometes volver si el país lo necesita, esta marcha suena y se te queda grabada en el corazón”.
Era pues la marcha que presidía toda celebración militar y calaba profundamente en quienes fueron militares.
Cosa diferente ocurrió conmigo. Como estuve en el Centro de Entrenamiento Industrial del Ejército (CEIE) en Chorrillos, cuando terminé el curso volví a mi cuartel GAC 2 “Coronel Bolognesi” de Pueblo Libre (ya no existe) para darme de baja. No hubo parada militar, ni adiós a la Bandera. En la oficina del Capitán, el Teniente me entregó un sobre con mis documentos, mis propinas ahorradas y la hoja de la prueba Psicotécnica que me habían tomado (Prueba ACV).
Y adiós.
Como quien dice, pasé por el Ejército del Perú, sin pena ni gloria. Alcancé el grado de Sargento Segundo. Guardo el galón que me regaló un sargento cuando se dio de baja.
