74 LA ESCUELA PRÁCTICA

Estudiábamos en la “Escuela Práctica”, un colegio particular de Primer Grado que estaba ubicada a la vuelta de mi casa, razón por la cual nunca llegué tarde. Era nuestra vida en la ciudad de Iquitos, capital de la Provincia de Maynas y del Departamento de Loreto.

En aquel entonces el Sistema Educativo en el Perú designaba Primer Grado  a la Educación primaria correspondiente al Primero, Segundo y Tercer año de Primaria.

Existía un nivel previo que no era obligatorio pues en tu casa podían enseñarte tus padres a leer y escribir, se llamaba Transición o Preparatoria, aunque algunas veces escuché a la señora Juana referirse a ellos como Pre escolar. Pero los chicos de la escuela le decíamos simplemente “Prepasho”, en un perfecto lenguaje loretano.

Con el uniforme de Desfile de esa época

El Segundo Grado, Cuarto y Quinto Año de primaria lo hicimos en la Escuela Urbana Prevocacional Nº 161 “Sargento Segundo Fernando Lores Tenazoa”. Colegio estatal.

La Escuela Práctica estaba ubicada en la primera cuadra del Malecón Tarapacá, al lado de la casa de los Hernández, la casa donde fabricaban los más exquisitos arreglos florales con gramalote, visitada por todos los más famosos artistas mexicanos que llegaban a Iquitos.

Las clases como en todos los centros educativos de la localidad eran de 8 a 12 m y de 3 a 5 pm, de lunes a viernes y el sábado de 8 a 12 m. Transición salía siempre a las 11 am.

Su Directora y dueña de la Escuela Práctica era la madrina de mi hermano Enrique y tomaba “pensión” en nuestro Restaurante. Aprovechaba cada situación para corregirnos y darnos lecciones de vida: No se dice mangüa sino mango. No se hace sonar cuando se agita el azúcar en la bebida en la taza de loza con la cucharita. No se sorbe la sopa, no se apoya los codos en la mesa durante la comida. Nunca se lleva el cuchillo a la boca, es mala educación. Y lo que marcó mi vida para siempre, todos los días debemos ir al baño para hacer la deposición, siempre a la misma hora, aunque no tengamos “ganas”: debíamos dar golpes suaves en las rodillas para estimular la función, “y verán que en pocos días se volverá una costumbre que les va a ser muy provechosa para toda su vida”. Y es verdad que lo fue.

La Directora doña Juana Venegas de Herbozo era alta, de carácter fuerte, se había graduado de educadora en la ciudad de Lima y para ello tuvo que trasponer la Cordillera de los Andes a lomo de mula, entonces no existía el avión. Por esta razón, la mayoría de las personas adineradas de Iquitos se educaban en Madrid, Londres o Paris, porque era más fácil embarcarse en un transatlántico en la ciudad de Iquitos, viajar a través del Amazonas y arribar a uno de esos puertos en Europa. Pero la señora Juana logró su cometido, se graduó de Educadora, y volvió de la misma manera para fundar su propia escuela en la ciudad de Iquitos.

De nuestras maestras recuerdo a la señora Emma Zumaeta, de contextura gruesa, carácter agrio y siempre de luto. Cuando cantábamos canciones a la madre en su día.

“Donde estás madrecita de mi alma

Donde estás, corazón, donde estás”

La señora Emma salía corriendo y llorando hacia la huerta del colegio. Los tres años que estuve en la Escuela Práctica la vi así. Daba pena.

También recuerdo a la señorita Emmita Bardales, hija del Profesor Jorge Bardales, Director de la Escuela de Segundo Grado Nº 161, muy cariñosa y buena gente. Una por dura y mayor, señora Emma, y la otra por joven y cariñosa, señorita Emmita.

En nuestra Primera Comunión

La señorita Ida Campos fue maestra de mi hermano mayor Raúl. En las vacaciones de fin de año, viajando a Yurimaguas para pasar la Navidad con su familia, se hundió la lancha y murió ahogada.

La Señorita Ida Campos

Mi hermano Raúl tenía una compañera de aula, una chinita de 15 años, a quien llamaban simplemente Chong Taipó. Vivía en la calle San Martín tercera cuadra, más allá del “Athletic Club José Pardo”. Una tarde, luego de una agotadora sesión de ejercicios en su casa, tomó baño con agua fría y le dio derrame cerebral. Falleció instantáneamente.

Cuando comencé el Primer año de Educación Primaria, se lo he contado a mis hijas y se lo saben de memoria, mi mamá me lavó las rodillas, usábamos pantalón corto como todos los niños, me dio un cuaderno de cincuenta centavos y un lápiz de cincuenta centavos. Y ese era todo mi “arsenal” educativo. No la tonelada de útiles que ahora se exige a los alumnos de Kinder.

Desfile Escolar

Conforme íbamos avanzando en el nivel educativo avanzaba también la cantidad de útiles, de manera que en el Tercer año ya teníamos varios cuadernos y algunos libros, amén de lápiz bicolor, muy usado en aquel entonces, plumero, tintero, lápices de colores, cuaderno de dibujo Raphael, regla, escuadras, compas, etc.

Había entonces en Prepasho una alumna ya bastante grande, cercana a los 20 años, que, consciente que era bastante mayor para estar en Transición, trataba de aparentar que estaba con los de mayor grado, de manera que llevaba varios legajos, libros y cuadernos usados, quien sabe de dónde los había sacado, pero los muchachos se dieron cuenta “al toque” y la apodaron “Quinto Año”, es decir, que llevaba más cosas que nosotros del Tercer y último Año en la Escuela Práctica. Cuando pasaba por nuestro lado, Transición sale primero, todos los chicos le gritaban “Quinto Año”, “Quinto Año”. Pero ella solamente sonreía, jamás le vi molestarse o avergonzarse de lo que hacía. Era una verdadera mujer. Admiraba su valentía, para decidirse a estudiar a pesar de su edad. Es común que las personas que viven en la chacra, lejos de todo centro poblado, no tienen posibilidades de estudiar. Pero una vez que vienen a la ciudad se dan cuenta que sin estudios no es mucho lo que puedes avanzar en la vida. Y ella decidió estudiar. Bien por ella y por la Escuela Práctica que la recibió sin más ni más.

73 EL INGLÉS

            El inglés es el idioma más aprendido como segunda lengua. Si bien el número de nativos que hablan inglés son entre 300 y 400 millones, el número de personas que lo aprenden como una segunda lengua es el mismo, superando al resto de los idiomas.

Fuente: Sprachcaffe.com

Allá en la lejana Iquitos, bella tierra que me vio nacer, estudiando el Tercer Año de Primaria en la Escuela de Primer Grado Escuela Práctica, un día, la Directora y dueña del colegio, doña Juana Venegas de Herbozo, nos informó que a partir del lunes siguiente tendríamos clases gratuitas de Inglés al final de las clases de la tarde.

Debíamos avisar en nuestra casa que tardaríamos una hora más para regresar al hogar. Que teníamos que comprar un cuaderno de 50 hojas para el curso de Inglés.

Resulta que una “gringa” había venido a vivir en la casa de la Directora, que estaba en la misma escuela, y a manera de compensación se ofreció a dictarnos las clases de Inglés.

Fue el primer contacto directo que tuve con el idioma de los gringos que tanto daba que hacer porque todas las películas, con excepción de las películas mexicanas, eran en inglés con subtítulos en español y era cosa de leer una cosa y escuchar otra diferente porque la traducción lo hacían en México y, ya se sabe, los mexicanos tienen un español muy especial, diferente al español de España y más diferente al español del Perú.

La gringa era una persona no joven pero muy amable y nos agradó a todos los alumnos, chicos y chicas. Daba gusto escucharla pronunciar una y otra vez para que lo aprendamos bien:

Table, chair, copybook, pen, pencil, ink, lesson. Aún no se había inventado el bolígrafo.

Also the numbers: one, two, three, four five, six, seven, eight, nine, ten.

The colors: Black, white, green, yellow, orange, red, pink.

Of course, the verbs: to walk, to run, to eat, to drink, to rain.

Hasta la llegada de la gringa nosotros acudíamos donde doña Leonila, sirvienta, cocinera, ama de llaves, administradora de los Hernández y madre de Guillermo, Ulises y Lucho, para preguntarle sobre los nombres de las personas en inglés. Y aún hasta ahora me sorprende su conocimiento: ¿Luis? Louis, ¿Jorge? George, ¿Carlos? Charles, ¿Pablo? Paul, ¿Pedro? Peter.

Con la gringa se abrió para nosotros un mundo enteramente nuevo que jamás olvidaremos.

En el colegio Secundario teníamos clases de Inglés del Primero al Quinto, con resultados diversos, con bastantes altibajos. Solamente en el Cuarto año, al contestar todas las preguntas en Inglés que hizo el profesor “Borolas” recibí como premio un ticket, una especie de estampilla que era un cupón del International Youth service, una institución sin fines de lucro que trataba de relacionar a jóvenes de todo el mundo para escribir cartas en inglés.

Me tocó Josefa Polfliet de Antwerp (Amberes), Bélgica y durante varios años mantuvimos correspondencia como una manera de practicar nuestro inglés pues en Bélgica hablan el francés y el flamenco. Tenía ella varias amigas deseosas de tener amistad con otras personas, pero casi nadie de mis compañeros quiso participar. Hubo uno, Díaz Aguilar, que se relacionó con una chica de Paris que le dijo que su papá era diplomático y le invitó a visitar Paris con todo pagado, pero él se asustó y dejó de escribirla.

Cuando estuve en el Ejército no pude continuar con la amistad epistolar y dejamos de “vernos”. En la actualidad no la ubico por ningún lado. Supongo que se habría casado y cambiado por ello su apellido.

En la Universidad teníamos un curso de Inglés como parte del currículo de formación, nuestra primera profesora era una gringa ya mayor cuyo único mérito era ser norteamericana, pero nada de docencia y menos superior.

La siguiente profesora fue una dama no agraciada pero muy versada en su tema. Fue una excelente profesora de Inglés y, pese a su apariencia completamente alejada de la impronta norteamericana la llamábamos “la Gringa”, porque precisamente enseñaba Inglés.

Daba mucha importancia a la composición, todo el tiempo debíamos escribir una composición sobre el tema que se nos ocurriera y a mí siempre se me ocurría escribir “about my motorbike”. Al parecer ella nunca se aburrió cuando leía mis peripecias con mi motocicleta, Honda de 125 cc, modelo CKD con dos cilindros, color rojo metálico. Y encendido eléctrico.

En el examen teníamos una conversación personal en inglés y aprobamos con una buena calificación. Me encantaba el Inglés.

Pero nunca fui bueno escuchando. Podía leer en inglés y comprender lo que leía pero no entendía lo que escuchaba, a diferencia de Leopoldo Ríos Castro quien nunca estudió este idioma en ninguna academia pero hablaba, escribía y conversaba en inglés. Aprendió leyendo revistas en inglés que su mamá le traía del Hotel de Turistas donde lavaba ropa.

Cierta vez escuché un tema de los Beatles y le oí cantar

  • ¿Sabes la letra? – le pregunté
  • Por supuesto, es bien fácil – se la sabía de memoria
  • ¿Me lo puedes escribir?

De esa manera tuve un tema que podía cantar, dicen que la mejor manera de aprender el idioma es cantando o viendo las películas sin subtítulos. Aprendí así “Can’t Buy me love”.

Can’t buy me love

En la Cerro de Pasco Corp. En La Oroya, Ricardo Boullosa conversaba en Inglés con los gringos, pero él había estudiado Inglés en el Instituto Ike de Iquitos. Y era el único de todos los Ingenieros del Plan Cerro (20 Ingenieros de todo el país) que hacía eso. Los demás preferíamos hablar en español.

Mi hija Luisa destacó en el idioma Inglés en el Colegio San Norberto en Santa Catalina, La Victoria, y quedó en el Segundo Puesto a Nivel Nacional en el Concurso Interescolar de idioma Inglés. La ceremonia de premiación fue en el Ministerio de Educación, donde le dieron la “Pluma de Plata”. En la Universidad Cayetano Heredia donde se graduó de  Cirujano Dentista no se exige el idioma Inglés para graduarse, por lo cual no necesitó estudiar más Inglés.

En la Universidad Católica sí es obligatorio aprobar los Niveles Básico y Medio (10 cursos) para poder graduarse, pero tienen que estudiar por su cuenta, no forma parte del currículo académico. Mi hija Claudia para graduarse de Diseñadora Gráfica estudió el Inglés en el Instituto de Idiomas de la misma PUCP. En cambio mi hija Charito rompió moldes y estudió el idioma Inglés en el Centro Cultural Británico. La escuché conversar en Inglés con una funcionaria de Estados Unidos. Me pareció agradablemente sorprendente.

Cuando trabajaba en la Cervecería Backus, me enviaron a la Cervecería Garza Blanca de Chiclayo. Viví tres semanas en esta cervecería que queda a 60 km de Chiclayo, y en un cajón del escritorio encontré un libro que lo devoré con especial interés. “The House of the Spirits” by Isabel Allende. Pude así conocer lo más íntimo de la autora, acerca de un tema que nos tocó de cerca, el golpe de estado de Pinochet y sus consecuencias.

The house of the spirits

Lo conté a mis hijas, como todo lo que me pasa, y en aquel entonces Claudia estudiaba Inglés en el Instituto de Idiomas de la PUCP. Claudia le comentó a su profesor de Inglés que su papá había leído «La Casa de los Espíritus» en Inglés. El profesor sorprendido le preguntó

  • ¿Dónde aprendió Inglés tu papá?
  • En ninguna parte, creo que nació sabiendo Inglés.

Considero, de lejos, el mejor homenaje que una hija puede hacer a su padre.

72 EL CHOFER DEL PAPA

Después de meter todo el equipaje del Papa Benedicto en la limusina, el chofer se da cuenta que el Papa aún está parado en el borde de la acera.

El Papa Benedicto XVI

  • Disculpe Su Santidad, dice el conductor, ¿podría por favor tomar asiento y así poder partir?
  • Verás hijo, dice El Papa, la verdad es que nunca me dejaron conducir en el Vaticano cuando fui cardenal, y realmente me gustaría hacerlo hoy.
  • Lo siento Su Santidad, pero no le puedo dejar conducir, perdería mi trabajo… ¿Y qué si pasara algo? – dice el chofer.
  • ¿Quién va a saberlo? Además, podría haber algo extra para ti – dice El Papa, con una sonrisa.

Reacio, el chofer se sienta atrás y el Papa salta al volante. El chofer se arrepiente rápidamente de su decisión cuando, nada más salir del aeropuerto el Pontífice pisa a fondo acelerando la limusina a 180 Km/hora.

  • ¡Por favor reduzca la velocidad Su Santidad! – suplica el preocupado chofer, pero el Papa hunde el pie en el acelerador hasta que se escucha la sirena.
  • ¡Oh, Dios mío, voy a perder mi licencia y mi trabajo! – se lamenta el pobre conductor.

El Papa se detiene a un lado y baja la ventanilla mientras el policía se acerca, pero cuando el policía le echa un vistazo regresa a su motocicleta y llama por radio.

  • ¡Necesito hablar con el jefe!,

El jefe se pone al aparato y el policía le dice que detuvo a una limusina que iba como las balas.

  • Arréstalo, dice el jefe.
  • No creo que podamos hacer eso, él tipo es realmente importante, dice el policía.

Y el jefe exclama,

  • ¡Con más razón!
  • No, realmente es importante, dice el policía con insistencia.

Entonces el jefe pregunta,

  • A quién tienes ahí, al Alcalde?
  • … más alto.
  • Al Gobernador?
  • … más.
  • Caramba – dice el jefe – ¿quién es el tipo?
  • Creo que es Dios…

Desconcertado el jefe le pregunta:

  • ¿Y porque piensas que es Dios?
  • ¡Porque tiene al Papa de chofer!

 

71 BISTEC MONTADO

En nuestra casa,  en Iquitos, mi mamá nos festejaba con un opíparo almuerzo cuando participábamos en el Desfile Escolar por Fiestas Patrias.

El plato de bandera era un suculento bistec montado con dos huevos. El bistec era frito por ambos lados, jamás pude soportar la carne a medio hacer, bañado con una deliciosa salsa de tomate y cebolla, por supuesto, fritos y saborizados, y montado con dos “huevos a la inglesa”, esto es, con la yema suave, y todo sobre una cama de arroz recién hecho.

Como teníamos restaurante, el bistec montado era siempre un pedido recurrente entre la feligresía, y todos salían contentos y agradecidos por la preparación.

Crecí en la creencia que a donde fuera, si pedía un bistec montado, me servirían tal y como lo hacía mi mamá. Craso error.

En el resto del país no conocen el bistec montado ni por el forro de sus botones. Nadie sabe qué es un bistec montado con dos huevos. No tienen ni la más mínima idea.

Con mi padre asistíamos sorprendidos a la desilusión de no poder comer en Lima un bistec montado. En el restaurante que fuera, pedíamos un bistec montado y el mozo nos traía un arroz con un bistec. ¿Y el encebollado? El mozo nos traía un bistec con cebolla frita al costado del bistec. ¿Y el tomate? El mozo nos traía un tomate crudo en rodajas. ¿Y los huevos? El mozo venía con dos huevos fritos tostados en plato aparte.

No hay caso, en Lima jamás pudimos comer nuestro plato especial. Tampoco en Arequipa ni en Moquegua. Ningún mozo ni cocinero se hacía a la idea de lo que significa un bistec montado con dos huevos a la inglesa, con la yema suave, bañados con una salsa de cebollas y tomates fritos y con buena sazón.

En otros países tiene pálidos reflejos pero nunca se acercan lo suficiente como para cumplir nuestras expectativas; El bistec encebollado salvadoreño, el bistec a caballo colombiano o el lomo montado boliviano.

En mi casa mi esposa lo preparaba, ahora lo hace mi hija Charito, porque la mamá ya no puede. Y siempre es un día de fiesta degustar este plato tan sabroso.

Tal vez los Chef tengan una denominación particular para este plato, ojalá sea eso, porque no me hago a la idea de que no sean capaces de preparar un simple bistec montado.

Para preparar un bistec montado se necesita

 

70 ASTUCIA DE UN CIEGO

Cuando éramos niños el libro de lectura fundamental fue el Libro de Víctor Álvarez, todo el tiempo lo consultábamos, amén de que yo lo leí de cabo a rabo una y otra vez.

Muchas historias interesantes contenía el libro de lectura y resultaba siempre muy ameno su estudio. Algunas de aquellas historias hicieron mella en mí y lo recuerdo con cariño y gratitud.

Cada lectura del libro te invitaba a reflexionar sobre el tema y a emitir opinión sobre lo que se dice y hace en la historia, lo cual, de todas maneras, hace de ti un ente pensante y capaz no solamente de entender sino de manifestar un concepto sobre lo que ocurre en la vida diaria. Vamos, un generador de opinión.

Una historia, en particular, me hizo pensar bastante, ya que el personaje era un ciego llamado Colás a quien robaron y supo recuperar lo suyo valiéndose de astucia y sagacidad, para lo cual es menester conocer la sicología del ladrón.

El ciego Colás pedía limosna y juntaba el dinero y lo guardaba en un “lugar seguro” que nadie se podría dar cuenta, en la Iglesia.

La Iglesia tenía el piso de madera y en un sitio, al pie de la tercera banca, empezando de adelante, había una duela floja. Lo levantó aparentando rezar y notó que había suficiente espacio en el suelo para guardar su tesoro, y de esa manera podía guardar el dinero, seguro de que nadie más se iba a dar cuenta y así tendría una fortuna para asegurar su vejez.

Cada semana acudía al templo y guardaba sigilosamente su tesoro, seguro de que nadie lo veía. Pero un día, cuando fue a depositar, se dio con la sorpresa que su dinero había desaparecido. Los ahorros de toda su vida se habían esfumado. Imposible, se decía. No puede ser. Si era el lugar más secreto y más seguro del mundo. “Todo lo que tenía ahorrado para cuidar de mi vejez”. Pero se calmó y estuvo cavilando sobre quién habría sido el tal ladrón.

Habló con su hijo y le pidió que le acompañe al templo a la Misa del domingo.  Le dijo que se quede atrás y observe a las personas. Que se fije si alguno sonreía cuando él se iba a su “sitio preferido” para rezar. Solamente eso, y nada más. El templo estaba lleno cada domingo.

Al volver a su casa el hijo le dijo que la única persona que se había fijado en él era el carnicero. Incluso se sonreía burlonamente de él. Así supo que el ladrón era su «amigo» el carnicero.

A Colás se le ocurrió una estratagema y la puso en práctica. Fue a la carnicería y le contó al dueño, “en secreto”, que estaba pronto a recibir una cuantiosa herencia. Y “a que usted no sabe que yo tengo un lugar totalmente seguro para guardarlo”. “Usted jamás lo adivinaría”. El envío sería la semana siguiente.

El carnicero, avariento y codicioso, se dijo que podría robarle todo al ciego Colás, pero era necesario que éste siga creyendo que su lugar secreto seguía siendo seguro. Así que esa noche el carnicero fue a la Iglesia y puso en el escondite todo el dinero que le había robado, para asegurarse un robo mayor con toda la herencia.

El hijo de Colás observaba al carnicero y cuando salió de la Iglesia se lo comunicó a su papá, quien presto fue al escondite en la Iglesia y tomó todo su dinero, dejando al carnicero con un “palmo de narices”.

La astucia del ciego Colás pudo más que la codicia del carnicero.

El ciego Colás

69 USTED SÍ ES UN INGENIERO DE VERDAD

Desde mis más tempranos recuerdos fluyen nítidamente mi afición por la lectura y mi afición por el dibujo.

Lector infatigable, leía todo cuánto caía en mis manos. Me he pasado muchas noches y el día entero durante mis vacaciones en la Biblioteca Municipal de Iquitos, la cual quedaba en los bajos del Palacio Municipal en la Plaza de Armas de Iquitos.

Dibujante a lápiz emborroné muchos cuadernos Raphael, pero también muchas libretas de apuntes, dibujando paisajes, manos, pies, caras, cuerpos, etc. También incursioné en el dibujo humorístico o caricaturas.

Fue en el Curso de Geometría en el Colegio cuando sentí un fuerte impulso por el Dibujo Técnico, principalmente por el desarrollo de superficies. Construí todos los sólidos desarrollables, en cartulina: cubo, cono, cilindro, prisma, pirámide, dodecaedro y un icosaedro. Esta sensación se intensificó en la Universidad, justamente cuando llevamos Dibujo Técnico y Geometría Descriptiva.

Debido a esta afición fue que acepté el encargo de enseñar en la Escuela Regional de Bellas Artes de Iquitos los cursos de Dibujo Técnico y Perspectiva.

Al graduarme fui a trabajar como Ingeniero Químico en la Cerro de Pasco Corp., en la ciudad de La Oroya. Luego pasé a trabajar en el Instituto de Salud Ocupacional en Lima y finalmente recalé en la Cervecería Backus y Johnston S.A.

Pero nunca dejé de practicar  mis diseños y, más bien, me las pasaba revisando los textos de Geometría Descriptiva de Héctor Velarde, el Technical Drawing en inglés y el Tratado Práctico de Perspectiva de FTD. La parte que más me agradó siempre es el Desarrollo de Superficies. Esto viene a demostrar que enseñar en la Escuela de Bellas Artes no era solamente una opción laboral sino una verdadera afición.

Una vez, trabajando en el Tercer Turno en la Cervecería, me encontraba en el Comedor a las 3 a.m. y me disponía a tomar mi cena cuando apareció un señor que deseaba hablarme.

Era un Contratista Mecánico y estaba forrando las tuberías aéreas con una cubierta de cinc. Estaba “vistiendo” las tuberías y tenía un problema de diseño.

Me dijo que había consultado con el Ingeniero Mecánico de Maestranza, con el Ingeniero Mecánico de la Sección Mecánica del Salón, con los Ingenieros Químicos de Elaboración y de Producción y nadie le había dado una solución. Fue un Supervisor de Producción quien le dijo que  “el único que te puede ayudar es el Ingeniero Suárez, pero ahorita está en el Comedor”.

La necesidad puede más. Me encontró y parecía desesperado

  • Ingeniero, soy Contratista Mecánico y tengo que entregar a las 8 de la mañana todas las tuberías forradas en láminas de cinc. Pero hay varias intersecciones y algunas en cruz y aquí está el problema. No me acuerdo como desarrollar estas superficies. Ya todos los tramos rectos están terminados y esto me está demorando.
  • ¿Tienes los planos?
  • Sí, Ingeniero, aquí tengo los planos con la vista de planta y vista frontal.
  • Entonces será fácil.

El desarrollo de una superficie es la figura plana que se obtiene al desdoblarla  totalmente en un plano.

Un principio fundamental que se tiene que tomar en cuenta, es que cada línea muestre la longitud verdadera de la línea correspondiente en la superficie del cuerpo. Por eso se le llama plantilla.

  • Vamos, pues, a dibujar la plantilla de las tuberías que deberás rolar para cubrir las intersecciones, o sea, vamos a trazar sobre esta lámina el desarrollo de la superficie, de tal manera que al cortarla y plegarla tome la forma del objeto que vas a cubrir.
  • De acuerdo, Ingeniero.

Comenzamos entonces la explicación detallada del desarrollo de la superficie que le preocupaba tanto al mecánico y al poco tiempo, ya entusiasmado, dijo

  • Ya recordé, Ingeniero. Ahora si me acuerdo, y sí, es fácil. Voy a hacerlo de inmediato que la hora me gana. Gracias Ingeniero.

Estaba saliendo del comedor y se volteó para decir

  • Usted sí es un Ingeniero de verdad

Todos los supervisores que estaban en el comedor habían observado con curiosidad la situación y al escuchar lo que dijo solamente sonrieron. Ellos ya lo sabían.

El Ingeniero