YA ESTOY VIEJO

            El insigne bardo limeño Felipe Pinglo Alva lo dijo con toda claridad:

Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente

Mis pupilas tienen un débil mirar.

            Te das cuenta que ya estás viejo cuando:

  • Usas calcetines negros con pantuflas.
  • Tu sillón tiene más opciones que tu automóvil.
  • Te cansas caminado las escaleras hacia abajo.
  • Volteas a ambos lados antes de cruzar un salón.
  • Tu auto que compraste nuevo, es ahora de colección.
  • Todas tus películas favoritas volvieron a salir en color.
  • Tienes más cabello en tu nariz  y orejas que en la cabeza.
  • Siempre buscas en la radio, la estación de música suave.
  • Vas a una fiesta en un jardín y te interesa más el jardín.
  • Llegas a la conclusión que tu peor enemigo es la gravedad.
  • Cuidar tu jardín se convierte en la parte más importante de tu vida.
  • La gente llama por teléfono a las 9 de la noche y preguntan, ¿Te desperté?
  • Te das cuenta que tu boca promete cosas que tu cuerpo no puede cumplir.
  • Tu compañía de seguros te manda su calendario de cortesía, mes por mes.
  • Una estampilla de correo, ahora cuesta más que cuando ibas al cine de pequeño.
  • La ropa que guardaste hasta que volviera estar de moda, está de moda otra vez.
  • El mesero te pregunta cómo quieres tu carne cocinada y tú contestas en pedacitos.

            Ahora les voy a contar de las cosas que me he percatado recientemente:

 Que la esquina de mi casa está dos veces más lejos que antes… Y además,  hay una pequeña subida en la que antes no me había  fijado.


 Que me di cuenta que los peldaños de las escaleras ahora son mucho más altos.


 Que no sirve de nada pedirle a la gente que hable más claro, porque todos ahora hablan tan bajo que no se entiende casi nada.


 Que la ropa que quiero comprarme ahora la hacen tan apretada, sobre todo en la cintura

 y en las caderas, que me resulta muy desagradable.

Que la gente ha cambiado, ahora es mucho más joven que cuando yo lo era… Y por otro  lado, la gente de mi edad es mucho más vieja que yo.


Tanto es así que el otro día me encontré con una antigua conocida y ha envejecido tanto que no me reconoció.


También he dejado de correr detrás del autobús, porque me di cuenta que ahora parte mucho más rápido que antes.


Todo esto lo reflexioné esta mañana, mientras me arreglaba frente al espejo.


 A propósito. ¿Se dieron cuenta que los espejos ya no son tan nítidos  y claros como hace 50 años?

USOS Y COSTUMBRES

            Los usos y costumbres se refieren a las tradiciones memorizadas y transmitidas desde generaciones ancestrales, originales, sin necesidad de un sistema de escritura; es decir, son actitudes. Por ejemplo en muchos países se celebra el “Día de difuntos” o la Navidad.

            Esto es más notable en el uso del lenguaje porque utilizamos las palabras que más escuchamos en nuestro diario trajinar.

            La señora Juana Venegas de Herbozo, Directora y propietaria de la Escuela Práctica de Iquitos, desde pequeños nos corregía nuestro lenguaje: No debemos decir mangua sino mango. La palabra mango es castizo pero mangua es de uso general en Loreto.

            En Lima decimos mango pero cuando vamos a Iquitos decimos mangua y sachamangua. Éste último es un fruto que solamente existe en la Selva, de manera que no van a poder corregirnos.

            En Lima es general del uso de la palabra mandarina para referirse al fruto cítrico dulce cuya cáscara es anaranjada, el cual en Loreto siempre hemos llamado tansharina. Posiblemente derivado del brasileño tangerine que lo pronuncian tansherine.

            Pero nuestra lengua es dinámica y siempre está cambiando a merced de las corrientes de las nuevas generaciones.

            Hace más de 20 años cuando toda la familia Suárez Alva acudíamos a bañarnos en la Playa San Pedro, recalábamos siempre en el poblado de Lurín buscando los sabrosos chicharrones de chancho, café negro y pan caliente típico de Lurín. Todo el mundo sabe muy bien que el sánguche de chicharrón se acompaña de todas maneras con una buena salsa criolla.

            La salsa criolla por su propia denominación viene a ser la manera más simple de preparar un aderezo de cebolla, limón y ají. Le añade al chicharrón la textura crocante de la cebolla.

            Pero, de pronto comenzamos a ver en las pizarras de los negocios de chicharrón la denominación de “sarsa” criolla.

            Pregunté a la chica que nos atendía:

  • ¿Por qué escriben sarsa si saben que así está mal escrito?
  • Escribimos sarsa y no salsa para que no vayan a pensar otra cosa.
  • ¿Cómo qué, por ejemplo?
  • Vayan a pensar que es para bailar salsa.

            Más bien pensé en si la joven estaba pecando de ingenua o tonta: un local lleno de gente comiendo chicharrón y alguien va a pensar que allí se puede bailar algo que no es música. Increíble pero cierto.

            No me había dado cuenta cuánto se había entronizado esta palabreja en el léxico de la gente hasta que hoy día leí en un restaurante elegante Honey room, en la avenida Parque de las Leyendas, frente a Metro, en el menú colocado en la vitrina de la entrada:

Arroz con chancho acompañado de sarsa criolla.

            ¿Le atribuimos al desconocimiento de nuestro lenguaje o a la adaptación, sin más, de nuestro lenguaje criollo habida cuenta de que son vietnamitas?

            Pero lo cierto es que en todos los restaurantes en Lima anuncian sin ningún recato la palabra sarsa en vez de la correspondiente y castiza salsa. ¿Se han plegado por facilidad o flojera? ¿Quién lo sabe?

            Para nosotros es y seguirá siendo siempre Salsa criolla.

            Pero lo más curioso es que escriben sarsa solamente cuando se refieren a la salsa criolla, para todos los demás casos escriben salsa sin más: Salsa huancaína, salsa de tomate, salsa Bechamel, salsa tártara, etc. Muy curioso.

Salsa criolla

GRACIAS PAPÁ GRACIAS MAMÁ

            Era 1997 cuando recibimos sendas invitaciones para asistir a la Ceremonia de Graduación de nuestro sobrino Walter Ernesto Ramos Alva en el Auditorio de la Universidad.

            Se graduaban al menos medio centenar de Psicólogos y era, pues, un acontecimiento importante.

            Jóvenes egresados que irían a conformar el grueso de profesionales en nuestra caótica ciudad y en nuestro país que estaba saliendo de la terrible situación que ocasionaron los terroristas que habían puesto en jaque al país.

            Pese a ello, el optimismo que mostraban lo jóvenes egresados que confiaban plenamente en el futuro de nuestro glorioso país era digno de tomarse en cuenta.

            Nuestro sobrino Walter, como Presidente de la Promoción dio el Discurso de Orden a nombre de todos los integrantes de su Promoción.

            Llama mucho la atención que los jóvenes graduados de una universidad no sean capaces de hilvanar siquiera tres frases cuando les dieron micrófono libre para manifestar su emoción.

            El primero alcanzó a decir:

  • Gracias papá, gracias mamá, por haberme ayudado a concluir mis estudios.

            Los siguientes, sin excepción, repitieron la “fórmula ganadora”:

  • Gracias papá, gracias mamá…

            No hubo, en este caso, ni uno solo que supiera decir otra cosa, algo sorprendente en unos jóvenes recién graduados que deben estar versados en lengua, literatura y poesía. Pero nada de ello se les vino a la memoria.

            A su mamá y a su papá le pueden dar gracias todos los días de su vida y no necesitan de un micrófono ni público para ello. Pero lo que esperábamos escuchar eran frases para la posteridad, fruto de su magnífica formación intelectual y profesional. Pero no hubo caso. Solamente supieron decir:

  • Gracias papá, gracias mamá.

            Incluido Walter, quien no fue criado por sus padres sino por la abuelita Natividad y la tía Lolita quienes lo formaron, le hicieron estudiar en un colegio particular y le enviaron a Lima para estudiar en una universidad particular. Pero no hubo una sola mención para la tía Lolita.

            Esto sí nos sorprendió y sublevó: que por cumplir con la frase común, está bien, pero no agradecer a quien sí le crio, definitivamente era por demás incorrecto.

            Su gracias papá, gracias mamá sonó, más bien a falta de respeto. Qué pena.

Los Graduados sin palabras pra la posteridad