Mi amada nieta Andrea Canaval pasaba temporadas con nosotros en Pueblo Libre y, como es natural, a donde teníamos que ir ella iba con nosotros.
Estudiaba en el Nido Mi Primera Casita, cercano a su casa y era un buen Nido donde les enseñaban el Inglés con intensidad y en general les enseñaban acerca de todas las cosas de la vida.
Decía Andrea, repitiendo las lecciones del Nido:
- Los varones tienen pene y las niñas tienen vagina.
No me había percatado cuánto les enseñaban hasta que cierto día cruzamos la avenida.
Está claro que en sus lecciones formaba parte los semáforos y habían practicado la manera de cruzar las calles.
Por otra parte, en nuestra familia existía la consigna de que Andrea no cruza sola la calle, siempre tomada de la mano del adulto con quien esta caminando.
Como todo niño que intenta transgredir las normas llegando exactamente hasta el límite sin atreverse a desobedecer, muchas veces salía a la carrera y justo en el borde de la esquina se detenía. Nunca cruzó sola.
Debíamos cruzar la avenida Sucre, era día domingo y había poco tráfico, la llevaba cogida de la mano. Miré a ambos lados y comencé a cruzar la avenida con ella. Pero Andrea me dijo:
- ¡Abuelo, estamos en rojo!
- No viene carro.
- Pero, abuelo estamos en rojo.
Cruzamos la avenida en rojo pero al llegar a la otra vereda volvió a machacar. Intenté explicarle que había tomado en cuenta que no venía carro y podía cruzar la calle de manera segura, pero no había caso: “Abuelo, estamos en rojo”.
Por eso mi amada esposa repetía una frase que ella decía que era de su padre don Noé Alva Vargas: “Al necio cederle y al sordo…” (soltarle un pedo).
Era su formación académica y no tenía yo derecho a tergiversarle su aprendizaje, de manera que acepté el reclamo:
- De acuerdo, Andreíta. No volveremos a cruzar estando en rojo.
Es necesario darle valor a lo que aprende el niño en su escuela y ayudarle a reforzarlo en vez de alterarlo.
