PELIGRO EN LA CASA

            En la cervecería existían reglas de oro que tenían categoría de ley: Nunca utilizar las botellas de cerveza para almacenar sustancias peligrosas, fueran cuales fueran.

            Jamás se debía poner soda o ácido, de uso frecuente en limpieza, en botellas de cerveza. Tenían que estar siempre en su propio envase rotulado. Las sanciones eran graves por lo cual jamás se desobedecían.

            Todos, jefes y supervisores, teníamos que estar atentos para evitarlo en todo momento.

            En nuestra casa, cuando se producía la aparición de pericotes utilizábamos venenos conocidos como “matarratas”, colocados en lugares escondidos donde no pudieran llegar ni los niños ni las mascotas.

            Aun recordamos la tragedia que ocurrió en el Iquitos de mi niñez, muy lamentable. Mi profesor Raúl Olórtegui Agüero se casó con la joven más agraciada de la Comercial y formaron una hermosa familia.

            El Profesor además se hizo famoso porque como abogado se hizo nombrar Presidente de la Asociación de Motociclistas de Iquitos y con memorial en la mano, atronando la ciudad con el zumbido de las motos se presentaron ante el Prefecto para exigir que no se cumpla en Iquitos la orden a nivel nacional de usar casco de protección cuando se maneja motocicleta. Se argumentaba que el uso de casco afectaría, por la calor, la salud del cuero cabelludo. Se exhibían letreros de “NO QUEREMOS QUEDARNOS CALVOS”.

            La petición fue aceptada habida cuenta que lo planteaba un letrado.

            Mi profesor tenía dos niños pequeños que rondando por su casa encontraron dos botellas de gaseosa pero que contenían venenos. Ambos fallecieron de inmediato.

            Con eso en mente, cuando apareció un pericote en la casa, lo primero que pensamos fue en el matarratas pero la presencia de la bebé lo hacía poco menos que imposible.

            Decidieron mi hija y su esposo seducir al gato de un vecino y atraerlo a nuestra casa donde es atendido a cuerpo de rey. Era hembrita pero había un programa infantil en el que el conductor tenía sobre su escritorio un gato de peluche al que llamaba Tom. De ese modo Ainhoa le puso de nombre Tom al gato. Tenía el minino un collar de sus dueños donde constaba su verdadero nombre “Misha”. Pero para todos nosotros es Tom. Tom Cat.

            Antes era Luisa  quien ponía nombres a todo, pero ella ahora vive con su familia en otra casa. Aquí los nombres los pone Ainhoa. A un gato del vecino que viene a visitar le llama Pepe. A las galletad empanadita de boda ella le cambió el nombre por galletas arco iris porque están bañadas con grageas multicolores.

            Le compran de todo para tenerlo contento, tiene su cama (solamente duerme en nuestra casa), es el engreído y Ainhoa juega con él, tiene su propio arenero. Charito contrata a una especialista que le baña y la lleva al Veterinario en su propia jaula especial para gatos, le ponen su vacuna, y solamente come paté de salmón de Purina Cat. Solo come en nuestra casa y siempre parece tener hambre. Es muy engreído pero lo compensa jugando con todos. Le ponen tapetes especiales  en los muebles donde quiere dormir la siesta.

            En verdad el gato o gata se hace querer y nos ha evitado para siempre el tener que recurrir a tóxicos porque desde que entró a nuestra casa no hay alimañas de ninguna clase.

            Esto sumado a la experiencia que conté sobre lo ocurrido en mi niñez, todos tenemos sumo cuidado de no confundir jamás los envases. Una gran medida.

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