EL METRO SESENTA

Mi esposa era la Directora del C.E. Nº 1119 en La Victoria y el portero era Abdón, un señor alto, canoso y afable.

Mi hija Charito, de 5 años de edad, de inmediato hizo buenas migas con él, pero entre nosotros no se refería a él como el señor Abdón sino con la chapa que ella misma le había puesto: El Metro Sesenta.

Supongo que, en su modo de ver las cosas, un metro sesenta debía ser una talla excepcional, casi como decir gigante.

Claro que el Sr. Abdón medía más de un metro sesenta, pero entre nosotros se quedó con la chapa de El Metro Sesenta.

EL JERGÓN

Nuestra casa era de calamina, la calle del costado, Bolognesi, era una acequia llena de sapos, culebras y víboras venenosas.

Una noche, después de cenar mi mamá lavó los platos y los estaba llevando al aparador que estaba en la sala para guardarlo cuando de pronto vio atravesada en el pasadizo a una víbora venenosa.

Era un jergón de metro y medio, su cabeza estaba en el dormitorio, su cola estaba en la calle y su cuerpo estaba atravesado en el pasadizo.

Mi madre pegó un grito y yo corrí al dormitorio a coger a mi hermanito Pedro que era un bebé para protegerlo. Bueno, la serpiente venía hacia nosotros.

Un señor que pasaba por la calle escuchó el grito y vino a la casa a ver qué pasaba. Cuando le dijeron que era una víbora dijo:

  • No se preocupen yo me encargo.

Era un señor brasileño, se le nota en su dejo de hablar, y estaba fumando un cigarro fuerte. Entró al dormitorio y sopló una bocanada de humo de su cigarro hacia la víbora que ya estaba preparada para atacar, contoneándose sinuosamente.

A cada bocanada de humo que echaba el señor, avanzaba un paso hacia la víbora y esta comenzaba a hacer sus movimientos más lentos. Hasta que estuvo a un metro, le sopló el humo en la cara de la serpiente y la cabeza cayó al suelo. Tranquilamente pidió una raja de leña y le partió la cabeza. Lo levantó con la misma leña y lo botó en la acequia y se fue como vino, tranquilamente.

EL IMBECILILLO

  • ¿A ver, quién ha conquistado el Perú?
  • Bah, quién no sabe.
  • Di pues, ¿Quién ha conquistado el Perú?
  • Bah, quién no sabe.

Era la respuesta del “maguillo” menor. El papá era el “Mago” porque dicen que era brujo, vivía en la esquina de Pablo Rosell con Nanay, en Iquitos. Sus hijos eran, naturalmente, los maguillos.

El mayor no dio guerra, el segundo era denominado “Shicapa”. Dicen que era ladrón pero ingresó a la Policía de donde, también dicen, lo  botaron por shicapa. Robaba a sus compañeros policías.

Pero el tercero es el protagonista de esta historia. Era muy grande para cursar años tan bajos de primaria y los muchachos del barrio queriéndole probar que no era muy ducho en los estudios le hicieron esa pregunta:

  • A ver, di, pues ¿Quién ha conquistado el Perú?
  • Manco Cápac y Mama Ocllo.

El maguillo se ganó, para siempre, el apodo de “Imbecilillo”

Andando los años quedó a cargo de la casa de la esquina y formó un restaurante. Contrató chiquillas bonitas, las hizo poner uniforme minifalda rosada y las hizo maquillarse bien. Compró cerveza a consignación donde Forifay. El negocio floreció rápidamente.

Cuentan que la primera vez pidió a Forifay 5 cajas de cerveza San Juan y las pagó, la segunda vez pidió 10 cajas y las pagó.

Por último encargó 200 cajas y desapareció. Nunca más lo volvieron a ver. Las chiquillas estaban afuera reclamando:

  • ¿Ahora quién nos va a pagar nuestro trabajo?

Y Forifay:

  • ¿Dónde lo encuentro a este desgraciado?, se llevó la cerveza con todo y envases y las 200 cajas de plástico.

La gente del barrio decía que ya no era imbecilillo si hizo de tontos a tantos.

El Mago hizo saber que no se hacía responsable de nada toda vez que él ya no vivía en esa casa.