Cuando compré mi carro comencé a manejarlo a diario para ir al trabajo, llamando la atención de mis compañeros de labores quienes desde siempre habían adquirido vehículos de segunda o tercera mano.
Pronto se dieron cuenta que salía más a cuenta comprar algo nuevo y durante mucho tiempo no tenías que ocuparte de reparaciones. Se generó un alza en la adquisición de carros nuevos en las que sobresalían las secretarias, posiblemente hijitas de familia, quienes compraban los carros más caros que los de los Ingenieros.
Durante años he usado mi billetera en el bolsillo posterior derecho. La billetera no solamente llevaba dinero sino también documentos: libreta electoral, tarjetas de crédito, tarjeta de propiedad del carro y el brevete. Era entonces muy abultada y hacía mucho bulto en mi nalga derecha.
Después de años de manejar mi carro con cuatro o cinco salidas fuera de Lima, comencé a sentir malestar en la parte posterior de mi organismo, y fue también que leí un artículo en una revista que hablaba del “síndrome de la billetera”.
Esto me permitió tomar conciencia de lo que me estaba sucediendo, al mismo tiempo que haciendo una reparación en mi casa, parado sobre una silla sobre una mesa, sentí como un choque eléctrico en la parte media de mi muslo izquierdo (no estaba en contacto con la corriente eléctrica).
Posiblemente se debía a que acostumbraba llevar mi monedero en el bolsillo lateral izquierdo, las más de las veces el monedero estaba abultado.
Pude determinar el lugar exacto del “choque eléctrico” pero los médicos no lo lograron y por ello no me dieron ningún tratamiento.
El tratamiento lo hice yo: Al subir a mi carro, ponía mi billetera en la consola del auto. A partir de este momento no volví a poner ningún bulto en el bolsillo lateral izquierdo de mis pantalones. Mi monedero va siempre en el bolsillo derecho.
En mi favor debo decir que mi llavero lo llevo colgado de mi cinturón sobre el bolsillo derecho.
Bueno, hace muchos años que ya no tengo carro ni tampoco manejo porque mi vista tiene serios problemas, además de haber perdido la audición, pero los cuidados sobre mi pierna izquierda continúan y ya no uso tampoco billetera.
