141 QUE MAL PROFESOR

Me habían elegido Delegado, miembro del Tercio estudiantil de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos. Por ese entonces habían convocado a un Concurso de Plazas Docentes para los cursos Órgano de Máquinas y Dibujo Técnico. Como la FIQ era una facultad de reciente creación, conforme íbamos avanzando se cubrían las vacantes docentes.

Un candidato, un Ingeniero Mecánico de apellido Vela, había tenido un comportamiento inadecuado con un estudiante: el alumno Eduardo Linares denunció ante el Delegado Estudiantil Antonio Sinacay Bardález que el tal Ingeniero, poniendo una mano en el hombro le había dicho: “Quieras o no, yo voy a ser tu profesor”. Al parecer eran conocidos.

Antonio Sinacay hizo suyo el reclamo y lo expuso en el Consejo de Facultad. Los profesores aceptaron declarar desierta la convocatoria. Pero al no haber otros postulantes contrataron al Ingeniero Vela para esos dos cursos.

Justo entonces se produjo la elección como Decano de la FIQ del Ingeniero Víctor H. Montenegro Vílchez y como es tradición fuimos todos al chifa para celebrarlo.

Habíamos tomado cerveza y, tal vez por eso, no presté mucha atención al Ingeniero Vela. Me dijo “Alumno Suárez, sé que tú te opusiste a mi nombramiento, ya me han contado, pero he sido contratado”.

Órgano de Máquinas es pura matemáticas y sé que eres bueno en matemáticas, pero en Dibujo Técnico no creo que apruebes”.

La verdad, me entró por un oído y me salió por el otro. Pensé que era el calor de la celebración y la cerveza que habíamos bebido, nada más me zafé y me fui para otro lado.

No me importaba lo que dijo porque yo era profesor de los cursos de Dibujo Técnico y de Perspectiva en la Escuela Regional de Bellas Artes, de manera que me pareció imposible aplazarme en este curso.

Pero me jaló.

Mientras que a mis compañeros de estudios aprobaba sus diseños mal hechos, cuando me tocaba presentar mi lámina Canson el mal profesor cogía su vernier y me hacía mirar:

  • En esta recta ¿ve cuanto mide de espesor?”.
  • Cero punto cinco milímetros”.
  • “¿Y en este otro extremo de la misma recta?”.
  • Cero punto seis milímetros”.
  • “¿Te das cuenta? Está mal pues”.

Y me ponía mala nota a mi lámina y así a todas mis láminas que terminé desaprobando el semestre, por más que afilara mi lápiz Faber Castell 2H y cuidara mucho su punta.

En el siguiente semestre me matriculé en el mismo curso pero el horario se cruzaba con otros cursos y no asistí a ninguna clase ni rendí ninguna prueba. Pero justo el mal profesor renunció. Dijeron que había abierto su propio taller de mecánica.

El profesor a cargo de Dibujo Técnico era el Ingº Agustín Ponce Carranza. Nos conocíamos de antes, desde Estudios Generales.

Al final del curso fui a su Aula y le dije:

  • Ingeniero, vengo a pedirle un favor”.

Le vi el esbozo de una sonrisa mientras decía

  • “¿A ver, qué me va a pedir el señor Delegado?”.
  • Ingeniero, quiero que me jale”.
  • “¿Qué?”
  • Sí, Ingeniero. Vengo a pedirle que me ponga nota desaprobatoria”.
  • “¿Así?” – Me dijo mientras ponía con rojo diez de nota en su Registro.
  • Sí, Ingeniero. Así está bien. Muchas gracias”.

Me retiré con una sonrisa y le estreché la mano dejándole confundido. Quizás había pensado que venía a pedirle que me apruebe, cosa que jamás haría, ni necesité hacerlo nunca. Siempre fui un buen estudiante y, por consiguiente, un buen profesional; y siempre me he sentido orgulloso de mi capacidad y mi formación profesional.

El asunto es bien simple: Si no tengo ninguna nota en el curso, no puedo dar el Examen Sustitutorio, más conocido como Susti y la gran mayoría de estudiantes universitarios en el Perú lo han conocido de cerca.

Aprobar Dibujo Técnico es la cosa más sencilla del mundo. Excepto cuando algún ente malhadado clama venganza sin razón. Del asunto me enteré en el Consejo de Facultad cuando Sinacay lo dijo y los profesores eran siempre benevolentes con nosotros los alumnos y ellos eran mayoría. Es decir ellos desaprobaron el nombramiento. Yo nunca tuve nada que ver con esto, pero fui objeto de su venganza con acusación directa.

Y yo debí denunciar el mal profesor por su actitud desafortunada y no lo hice. Preferí tragarme mi mala nota y pasar la “vergüenza” de ser desaprobado.

 

140 LA MOTOCICLETA

Cuando era niño había en Iquitos solamente tres motocicletas enormes, ruidosas y mala suspensión. Sus dueños eran el pianista Arrarte, un italiano Ventolini y Beny Soto, profesor de música, músico, Director de la Banda de Músicos del Colegio y Director de su propia orquesta. Una vez el maestro Beny me dijo que llevara unos instrumentos musicales sentado en la parrilla de su moto, desde el colegio a su casa (4 kilómetros). Fue un viaje desastroso que nunca más quise repetir. Me sacudió todo el viaje y me molió las nalgas. De terror. En verdad fue un viaje terrible que quien maneja no se da cuenta porque va cómodamente sentado en el asiento especial con resortes que tiene la moto para el piloto.

Luego se produjo en 1964 una invasión de motocicletas japonesas Honda y Suzuki. Todo el mundo quería tener uno. También yo. A pesar de que el modelo era de 50 cc, con mandil, más apropiado para damas con falda, pero era fácil de adquirir. La Moto Honda CUB (Cheap Urban Bike) revolucionó completamente la movilización de personas. Se pasó de depender únicamente de los ómnibus a la total independencia y liberación personal. Ibas a donde querías y cuando querías con tu moto, además de la elegancia de tu desplazamiento, centro de atención de la mirada de las chicas.

Luego tuve la moto que yo quería: Una Honda 125 cc, modelo CKD, con dos pistones y encendido automático, color rojo metálico. Era una moto de paseo. Una maravilla. Fue nuestra compañera de aventuras cuando año a año viajábamos a Iquitos a tomar vacaciones.

Nuestro buen amigo Jorge Barreyro, mecánico de motos, se encargaba de revisarlo todo, una semana antes de nuestro viaje anual. Él le adaptó una parrilla acolchada y nos íbamos a los balnearios, principalmente Pampachica, a orillas del río Nanay,  para refrescarnos y practicar natación en nuestro ambiente natural.  Manejaba yo, detrás mi esposa abrazada a mí, detrás de ella las mellizas abrazadas a la mamá y en la parrilla mi sobrino Pepo. Delante de mí, casi sentada sobre el tanque estaba Charito, bebita, con un arnés especial que yo diseñé y lo confeccionó mi cuñada Lolita, que para eso estudió “Corte y confección” como un hobby.

Era una moto potente, silenciosa y enorme. Cuando estaba en la universidad mi tema favorito en Composition de la cátedra de Inglés, era, por supuesto “My Motorbike”. La gringa nunca se cansaba de leer mis composiciones.

Un hito que sacudió a los motociclistas fue la película de 1969 “Easy Rider” con Peter Fonda y Dennis Hopper, quienes hacen un largo viaje para llegar al Carnaval Mardi Gras en motocicletas únicas Harley-Davidson Capitán América. Su estilo extravagante con el largo eje delantero tirado hacia adelante causó sensación.

Pero no menos impactante fue la película “La Chica de la Motocicleta” de 1968 con Alain Delon y Marianne Faithfull. La película y el tema son intrascendentes pero lo que nos sacudió a los amantes de las “máquinas” fue la moto Harley-Davidson Electra Glide de 1,000 cc. Tenía estribos para posar el pie al igual que los autos antiguos de las películas donde el “joven” nunca manejaba ni entraba al carro sino que iba parado en el estribo  y se bajaba a la volada para entrar a la carrera a salvar a la muchacha o para atrapar a los maleantes.

Ver a la chica devorar kilómetros de autopista era en verdad apasionante, al igual que la maravilla de motocicleta.

En Italia se puso de moda las motonetas, motocicletas de ruedas  chicas, de marca Lambretta y Vespa, como una respuesta a las motos japonesas. En el Perú muy pocas personas las tuvieron; eran más apropiadas para personas de baja estatura y que no amaban la velocidad.

Para todos los efectos, ser motociclista es una pasión que ni siquiera los años alcanzan a atenuar. Cuánto diera por subir a mi moto y salir a pasear por las calles de Iquitos.

Mi moto es una pieza de colección, las motos de 125 cc que salieron después tienen un solo pistón y carecen de encendido automático. Y no tiene ni la estampa ni la potencia de  mi máquina. Qué tiempos aquellos.

 

139 EL RELOJ

 

            «Se denomina reloj al instrumento capaz de medir, mantener e indicar el tiempo en unidades convencionales (horas, minutos o segundos). Fundamentalmente permite conocer la hora actual, aunque puede tener otras funciones, como medir la duración de un suceso o activar una señal en cierta hora específica».

Fuente: Wikipedia, la enciclopedia inteligente

Cuando era niño era la hora algo muy importante porque mi papá debía ir al trabajo y nosotros al colegio y nunca llegamos tarde. Pero en casa no teníamos reloj.

Sabíamos la hora por el tiempo que pasaba desde que nos despertábamos, al despuntar el alba, hasta que salíamos a nuestro destino, Siempre al cálculo. Ayudaba mucho las campanadas de la torre de la Iglesia Matriz que se escuchaba en toda la ciudad.

O preguntábamos la hora en las casas que sabíamos que tenían reloj de pared, que eran muy pocas en mi barrio en Iquitos.

Estando en la Universidad mi compañero Guillermo Ruck me preguntó la hora. En vez de decir que no tenía reloj le dije una necedad: “No soy un potentado para tener reloj”. Lejos de molestarse mi compañero de estudios me dijo “El concepto actual es que el reloj ha dejado de ser un objeto de lujo para convertirse en un útil necesario para desarrollar nuestras labores cotidianas”. Punto para él. Encajé el golpe y hablé con mi enamorada. Ella tenía un pequeño reloj de pulsera de oro. Me dijo que es muy cierto y ella lo usaba todo el tiempo desde que se levantaba. Era Profesora y trabajaba en dos turnos, como todos en esa época: mañana y tarde. Me acompañó a la joyería de su confianza y compramos un reloj con pulsera de cuero que se mojaba con la lluvia. La vida se me hizo más fácil.

Poco tiempo después se puso de moda que las damas llevaran un reloj grande con pulsera ancha, más grande que los relojes de hombre. Judith nunca cambió su relojito. Aún lo tengo en la casa.

En los años setenta el reloj se convirtió en objeto de lujo. Cartier tenía relojes de oro, lapiceros de oro y maletines de cuero para ejecutivos tipo “James Bond”. Comenzó también a producirse el robo de relojes.

Cuando compré mi carro, en la Fábrica Backus, los compañeros me quitaron el reloj de la muñeca izquierda y me lo pusieron en la derecha. Me dijeron que “cuando manejas y sacas la mano para voltear, te roban el reloj”. Por eso debía siempre llevarlo en la mano derecha.

Lo usé en la mano derecha aun cuando ya no tenía carro. Es la costumbre, que no molesta pero se te pega para siempre.

El robo de relojes era una plaga en Lima. Te robaban “al vuelo”. El Ingeniero Enrique Jiménez, compañero de trabajo, estaba paseando por el jirón de La Unión, lugar obligado en ese entonces, se había doblado la manga larga de su camisa para lucir mejor su flamante reloj comprado a plazos: un pisotón y un empujón hacia atrás, y mientras se caía sintió que le arrancaban el reloj nuevo. Tuvo que seguir pagando las mensualidades.

Un sobrino, José Yap, me trajo de Estados Unidos, donde residía, un reloj digital “analógico” de acero, brillante y muy lindo, con cronógrafo, cronómetro y música. Aún lo tengo aunque ya no lo uso. En realidad, la gente dejó de usar reloj desde que todo el mundo tiene celular que apenas lo enciendes te da la hora, y la hora de cualquier parte del mundo.

En este último año el reloj volvió a ser un objeto de lujo de mucho valor y también volvió a aparecer el robo de relojes. La historia de nunca acabar, mientras todo el mundo que aspira a un cargo electivo te asegura que te dará seguridad, va a combatir el crimen y tendrás una vida tranquila. Nada de esto ocurre porque simplemente nadie sabe nada acerca de seguridad ciudadana, y quienes menos saben son los policías que ni siquiera pueden someter a un delincuente cuando lo atrapan. Las municipalidades cobran por Serenazgo supuestamente para darte seguridad pero todos los días hay asaltos, crímenes y muertes accidentales porque la Municipalidad no revisó los centros de trabajo ni patrulló las calles. La Municipalidad no ayuda a los ancianos y discapacitados y mucho menos a los niños.

Es triste, pero estos mismos señores volverán a postular y a ofrecerte “seguridad” y ¿volveremos a votar por ellos?

Reloj Cartier

 

138 UNA INTERVENCIÓN QUIRÚRGICA

            “Una Intervención quirúrgica es una práctica médica específica, realizada por un cirujano, que permite actuar sobre un órgano interno o externo. El paciente ha recibido anestesia local o general para que el cirujano pueda realizar una incisión más o menos importante para hacer pasar los instrumentos de trabajo. Una intervención quirúrgica se realiza en un quirófano estéril, es decir, limpio de todo tipo de gérmenes que puedan infectar al paciente”.

Fuente: EcuRed, disponible en

https://www.ecured.cu/Intervenci%C3%B3n_quir%C3%BArgica

En el continuo devenir de nuestra historia ocurre muchas veces la necesidad de tener que someternos a una Intervención quirúrgica por ser de vital importancia.

A mi amada esposa le hicieron tres operaciones cesáreas: la primera para hacer nacer a nuestras mellicitas, la segunda para extraer un óbito fetal (nuestro varón, Jorge Noé, quien falleció en el útero 15 días antes de nacer) y la tercera para hacer nacer a nuestra última hija Charito. Las cesáreas fueron realizadas de manera tradicional, corte longitudinal. Definitivamente mi amada esposa ha sido siempre una mujer extraordinaria y valiente. Muy valiente.

Además se tuvo que someter a una Colecistectomía, donde en una operación tradicional le extrajeron la vesícula biliar. Tardó 15 días en recuperarse para salir del hospital. Finalmente le realizaron una Apendicectomía por el método laparoscópico en la Clínica Stella Maris. Una maravilla, al día siguiente estaba hablando por teléfono con todas sus amistades.

En cuanto a mí, tengo 5 intervenciones en la vista. La primera para extirparme un pterigion (carnosidad) en el ojo izquierdo. Lo realizó el doctor Marín, Gineco obstetra, catedrático de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) y dueño de la Clínica Marín que tenía un convenio con la Universidad, por el cual los estudiantes éramos atendidos en dicha institución. Me dijo que es una operación simple y fácil de hacer y no había necesidad de llamar a un Oculista.

Le hice caso, me operó en el quirófano cosiéndome con sutura común y estuve tres días internado en la clínica. Antes de los tres meses apareció lo que llaman una recidiva. Volvió a salir la carnosidad. Esta vez fui al Oculista, el doctor Efren Percibal Escobedo Ruiz, y logré que la Universidad pague la operación. Ésta se realizó en su propio consultorio en una intervención ambulatoria y la sutura fue con catgut que se reabsorbe, es decir, que no se retiran los puntos. Nunca más apareció la carnosidad.

Luego tuve cataratas en el ojo izquierdo, fui operado en Lima por el doctor Luis Guzmán Ahumada, en un procedimiento ambulatorio en su mismo consultorio. En el mismo ojo tuve desprendimiento de retina, cuando me di cuenta ya había avanzado bastante. Me operó el doctor Guzmán en procedimiento ambulatorio. Pero mi ojo nunca quedó bien, la retina ya se había desprendido bastante y a pesar de la pericia del médico quedó pliegues que dificultan una visión correcta. Ambas operaciones los costeó mi Seguro Médico Familiar de la Cervecería Backus.

Ya mayor, tuve cataratas en el ojo derecho. Me atendían en el Ancije (Hospital geriátrico del Seguro Social para maestros jubilados). La Oculista me envió al Policlínico Grau y luego de todas las pruebas y análisis de riesgo quirúrgico me dijeron que mi cristalino es muy chico y ellos solo tienen lentes intraoculares grandes. Me enviaron al Hospital Guillermo Almenara, donde entre citas a los 30 días, exámenes, más pruebas de riesgo quirúrgico (solo duran tres meses), hasta potenciales evocados me realizaron, se pasaron dos años y en el ínterin quedé totalmente ciego del ojo derecho y con el ojo izquierdo que no ve bien, calculen mi zozobra y mi molestia. El médico Oftalmólogo responsable era el doctor Jaime Lu León. Médico muy capaz y famoso en el campo de la oftalmología, pero de comportamiento áspero, pedante y mal trato a los pacientes asegurados que originaron una carta de reclamo a Defensoría del Asegurado que fue atendido correctamente.

Estaba afuera de su consultorio esperando mi turno cuando vi pasar al médico de la Defensoría rumbo a la oficina del Director del Hospital. Al poco rato le hicieron llamar al doctor Lu. Cuando regresó, callado y mirando al suelo, comprendí que había recibido una buena reprimenda. Desde ese mismo momento se notó un cambio total en su modo de atender a los asegurados, hasta le vi cariñoso con una dama mayor, como debía ser siempre el comportamiento de todos los trabajadores de la seguridad social.

Cuando finalmente llegó la hora de la operación, considerada Cirugía Mayor ambulatoria, es decir, realizada en el quirófano con todo el bagaje que lo acompaña, pero solamente permaneces un par de horas en recuperación y luego puedes ir a tu casa.

Es política del Essalud que para cualquier procedimiento debes ir acompañado de un familiar. Estaba mi esposa y mi hija Luisa. Luisa puede entrar haciendo ver su carnet de

Cirujano Dentista Colegiado a las instalaciones del Seguro Social.

Finalmente tuve problemas con los meniscos de la rodilla izquierda. Mi rodilla se doblaba para atrás. Fui atendido en el Servicio de Atención Médica (SAM) de la cervecería por el Traumatólogo José Arias Calagua quien me indicó que debía operarme   de los meniscos en la Clínica San Felipe donde me hicieron una evaluación previa. Como evitaba usar la rodilla izquierda por el temor que se voltee hacia atrás, había perdido una importante masa muscular con respecto a la pierna derecha y la recuperación posoperatoria sería muy lenta. Calculaban que había perdido un kilo y medio de masa muscular. El doctor Arias me explicó que todas las articulaciones se deben usar todo el tiempo, de lo contrario se van a formar “cordilleras” en esas articulaciones y entonces su uso será doloroso.

Decidieron que debía someterme a un tratamiento por dos semanas que consistía en sentarme en una silla alta con dos kilos de pesas amarrados a mi pie izquierdo y hacer movimientos arriba abajo hasta recuperar la masa muscular perdida. Me  explicó  que  la traumatología está cambiando, si se inflama, ahora se aplica hielo, ya no bolsas de agua caliente. Llegado el momento de la operación me hicieron laparoscopía. Podía ver el interior de mi rodilla en un monitor. Recortaron algunos cabos sueltos y los otros fueron atados para reforzarlos.

El interior de la rodilla se ve como agua sucia en la pantalla.

Cuando tuve un infarto a las vías coronarias en el año 2013, me atendieron en el Hospital Santa Rosa de Pueblo Libre y luego de estabilizarme me derivaron al Hospital Rebagliati donde me sometieron a una delicada operación para colocarme un stent en la arteria que había colapsado. Fue una intervención “de película”: por una arteria en la muñeca derecha me introdujeron el stent que viajó hasta alojarse en el lugar correcto junto al corazón y todo el viaje fue monitoreado, observado en cuatro monitores sobre mi cabeza. Una vez en su sitio subieron el quirófano hasta que casi tocaba mi pecho al dispositivo y sentí como que estaban planchando la arteria porque era muy caliente. Salí muy bien.

En el año 2019 sufrí un accidente en el baño de mi casa. El personal médico del Cuerpo de Bomberos me atendió de emergencia, pararon la hemorragia y me vendaron la ceja, la pierna y la nariz. En el Hospital Rebagliati me suturaron la ceja izquierda y la pierna izquierda. La piel de la nariz se me había rebanado y prefirieron que me atendiera el Otorrino en su consultorio en «consulta de emergencia». El especialista no me suturó sino me puso un esparadrapo especial para mantener la piel en su sitio y pueda así cicatrizar.

Emergencia del Hospital Rebagliati presenta muchas trabas burocráticas que dificultan y demoran la atención de urgencias. Cada vez que acudía a la cita para revisión pasaba 6 horas en el Hospital. Para remate, no retiran los puntos de las suturas sino que te dicen que vayas a tu Centro Asistencial para que te saquen los puntos. A nosotros nos atienden en el Padomi, es decir, no tenemos centro asistencial. Felizmente mi hija Luisa es Cirujano Dentista y ella me quitó los puntos. Pero mes a mes nos descuentan de nuestras pensiones la cuota de Essalud. No es agradable ser atendido en Emergencia del Hospital Rebagliati.

Es una apretada síntesis de las intervenciones quirúrgicas que nos tocó vivir, sin mencionar las cesáreas que nuestras tres hijas tuvieron que sufrir para tener a sus bebitas que son un amor. Definitivamente las mujeres son las campeonas. Dios las bendiga siempre.

 

137 LA PRESIÓN ARTERIAL

            “La presión arterial es la fuerza de su sangre al empujar contra las paredes de sus arterias. Cada vez que su corazón late, bombea sangre hacia las arterias. Su presión arterial es más alta cuando su corazón late, bombeando la sangre. Esto se llama presión sistólica. Cuando su corazón está en reposo, entre latidos, su presión arterial baja. Esto se llama presión diastólica.

            La lectura de su presión arterial usa estos dos números. Por lo general, el número sistólico se coloca antes o por encima de la cifra diastólica. Por ejemplo, 120/80 significa una presión sistólica de 120 y una diastólica de 80.

            Usted tiene presión arterial alta si sus lecturas muestran que: Su presión sistólica es mayor de 140 y su presión diastólica es 90 o mayor”.

Fuente: MedlinePlus – Información de salud para usted, disponible en https://medlineplus.gov/spanish/highbloodpressure.html

Existen tres tipos de aparatos para medir la presión arterial:

  • Tensiómetro de mercurio, es el más exacto y menos expuesto a errores, para su uso se requiere un estetoscopio.
  • Tensiómetro de aire, es el más utilizado y es también un aparato preciso e igualmente necesita de un estetoscopio para su uso. El manómetro debe calibrarse.
  • El medidor electrónico, este tipo de aparato se utiliza mucho para realizar el autocontrol, no necesita estetoscopio porque lleva un detector del pulso incorporado y es de fácil manejo.

En los Hospitales del Estado y de Essalud usan el tensiómetro de mercurio. Es fuera de estas instalaciones que utilizan los tensiómetros aneroides, esos que tienen un dispositivo de metal con una aguja que indica la lectura en un disco con números. El fabricante recomienda calibrarlo cada dos años.

En la cervecería teníamos una Sección de Instrumentación y todas las semanas enviábamos todos los manómetros de nuestros instrumentos de medición de gas carbónico. Pues, tenemos una regla: si haces 100 mediciones a la semana, se debe calibrar cada semana.

Pero el personal de salud que usa estos aparatos no tiene ni la más mínima información de metrología y nunca hacen calibrar sus manómetros y van por la vida dando cada susto a quienes por desconocimiento se dejan medir su presión arterial. Y lo escriben en un papelito para dar mayor énfasis de formalidad.

Acompañé a mi esposa a “recoger” su Boleta de pago a la DEL (Dirección de Educación de Lima). En ese entonces se recogía en el patio posterior donde en la primera semana de cada mes sentaban sus reales algún instituto para realizar podología, a los maestros jubilados. Ponían un letrero grosero e indignante: Para hacerse la podología deben lavarse los pies. Decirle eso a un maestro que se ha pasado la vida enseñando higiene y salud a sus alumnos es de una torpeza mayúscula. Y que el Director lo permita es aún peor.

Un vez encontramos también una carpa de lona, del tipo que usa la Cruz Roja (no era de ellos), donde te invitaban a medirte la presión arterial. Siempre le he explicado a mi esposa y a mis hijas y nietas que nunca se deben medir la presión con esos manómetros metálicos porque quienes los usan nunca los calibran y su lectura es, por lo tanto, falsa.

Pero mi esposa, terca como ella sola, entró a la carpa aun cuando le dije que no debía hacerlo. Mi padre hubiera dicho que era “contra el tren”. Salió con el dichoso papelito donde estaba escrito el número 40.

Le expresé que esa presión no existe, pero, más terca todavía, me respondió:

  • Si yo siento que tengo la presión alta. ¿Vas a saber más que yo cómo me siento? Mi cabeza va a estallar.

Nunca he discutido con ella. El padre Ricardo Rebolleda me dijo una vez que a lo mejor ese es mi carisma. Puede ser.

El lunes siguiente la llevé al Hospital “Santa Rosa” de Pueblo Libre, entramos a Emergencia y le entregamos al médico de Guardia el tal papelito, que por su puesto lo arrugó y lo botó al tacho al tiempo que decía que eso no existe, no puede existir. Le midió la presión con el tensiómetro de mercurio y su presión estaba normal, causando decepción a la doña “cuya cabeza ya iba a reventar”.

Viendo el carácter de mi esposa el médico sugirió que durante 10 días se mida la presión en el mismo lugar y a la misma hora, al final de los cuales volviéramos con él. Así lo hicimos. Todos los días a las 8:00 am. Nuestra casa está a cuatro cuadras del Hospital, de manera que íbamos caminando. Al término de los diez días acudimos a la evaluación y el doctor le dijo mostrándole el registro: usted no tiene presión alta. Ni una sola vez ha marcado un valor diferente.

Si de algo hemos estado siempre orgullosos es que ninguno de los dos ha sufrido nunca de problemas de presión arterial y tampoco nuestras hijas o nietas.

Pero qué tal problema que ocasionan estas personas que pululan por todas partes ofreciéndose a medirte la presión con sus tensiómetros destartalados y sus manómetros oxidados.

Cuando vivía mi hermana Mónica, quien sufría de problemas renales y le hicieron un trasplante, tenía que medirse la presión cada día, le compré un medidor digital japonés. Todo estaba en japonés, pero como me dijo el vendedor en la Av. Emancipación, no tienes que saber japonés: con este botón se enciende y se autocalibra, se pone el manguito y con este botón se hace la lectura en números grandes en español. Un dispositivo muy bueno, mejor que el manómetro oxidado de la botica donde se iba a medir su presión. Y si por “quítame una paja” se angustiaba, corría a medirse ella misma la presión y se quedaba luego tranquila.

 

136 EL PROFITO

Llegamos, con la Gracia de Dios, al Quinto año de Secundaria, hito final que nos significaría  el inicio a la vida real.

Más de un profesor nos había hablado que la etapa más hermosa de la vida de las personas era la época del colegio, porque después viene la Universidad y la vida profesional, etapa de competencias y rivalidades. Que cuando somos colegiales somos hermanados y nos apoyamos unos a otros.

Para bien o para mal acabé en un programa de estudios diferente. Al entrar al Cuarto Año tuvimos que elegir si queríamos seguir la carrera de Ciencias o Letras. Antes se estudiaba todos los cursos sin este distingo. Pero ahora, quienes elegimos la carrera de Ciencias teníamos un apretado  programa de Revisión de Matemáticas. Muy útil para quienes nos dedicaríamos a las carreras de Ingeniería, pero para otros podía ser muy apabullante.

Teníamos 5 horas semanales de Revisión de Matemáticas, es decir todos los días, de lunes a viernes, a primera hora, pero nuestro profesor nos lo ponía muy fácil. El profesor Luciano López Sangama era un funcionario del Colegio, Jefe de Normas, pero en matemáticas era muy hábil y completamente creativo y muy trabajador.

Todos los días tomaba Paso (Examen ligero) rápido en sólo 10 minutos. Recogía las pruebas e iniciaba la clase. A la siguiente clase nos entregaba nuestras hojas con  la calificación. Podías sacar 20 o podías sacar 0, según si habías repasado el tema de la clase o no. Todas las notas las promediaba. Todas valían.

Por esta habilidad y el hecho de conversar con todos los alumnos en todo momento, dentro y fuera de clase y sobre cualquier tema, los compañeros lo apodaron “El Profito”: Un Profesor que vale oro, y lo apreciábamos sinceramente y su enseñanza nos fue enteramente útil en nuestra etapa universitaria y profesional, sobre todo en cuanto a la rapidez natural para enfocar y resolver los problemas de matemáticas. Profito vendría a ser el modismo loretano de Profesorcito, diminutivo castizo de Profesor.

Nuestra etapa de Colegio se refiere a la Gran Unidad Escolar “Mariscal Oscar. R. Benavides” de Iquitos.

Pasaron muchos años, pasamos a vivir en Lima y una tarde, al salir del trabajo en la cervecería Backus pasé por la Cooperativa Santa Teresita, en la cuadra 8 de la Av. Arequipa, para pagar la cuota del préstamo que saqué para comprar mi carro. Allí me encontré con El Profito. Seguía de Profesor en Iquitos y era dirigente de la Cooperativa de Profesores del Colegio y había venido en Comisión a Lima para establecer un Acuerdo entre Cooperativas.

Al instante nos reconocimos y conversamos. Los profesores suelen no cambiar de aspecto y los alumnos sí, pero me reconoció de inmediato y sabía mi nombre. Luego de hablar un poco nos despedimos.

Salí de la cochera donde había guardado mi carro y al pasar por delante de la Cooperativa estaba el Profesor esperando un taxi. Lo invité a subir ofreciéndome a llevarlo a donde necesitaba ir. Iba a Miraflores.

Conversamos ampliamente y le dije que era Ingeniero Químico graduado en la UNAP de Iquitos, que trabajaba en la Cervecería Backus, que tenía casa propia donde vivía con mi esposa y mis tres hijas y el carro nuevo en el que lo estaba llevando.

Muy emocionado me dijo, palabras que jamás olvidaré «Jorge, estoy gratamente complacido porque veo que eres un hombre de provecho, eres un hombre de familia, tienes casa propia, carro propio: Eres un triunfador. Nada satisface más a un profesor que ver a un alumno triunfar en la vida. Te felicito Jorge».

Un gran hombre, eso es el Profesor Luciano López Sangama. Honor a él.

Mi auto Station Wagon Modelo 1982