381 LA PUERTA DE CARLOS

            Una pequeña tienda en el jirón Lima (Próspero) cuadra seis, casi para llegar a la calle San Marín en Iquitos  brindaba un servicio importante, muy importante.

            Era conducida por un señor joven, nunca supe su nombre, solamente el nombre de su negocio La Puerta de Carlos.

            Cuando me casé acudí a su negocio para conseguir la bebida.

            Nuestro matrimonio fue muy singular: Nos casamos en la Iglesia Matriz por la mañana y al medio día debíamos acudir al aeropuerto  para viajar a Lima para dar inicio a las Prácticas Preprofesionales de Ingeniería Química. Entonces todos los viajeros ya teníamos listos  nuestros equipajes preparados para viajar.

            El famoso “Vitocho” diseñó y confeccionó el vestido de boda, unas hermanas de edad provecta hicieron el velo, la corona, el buqué (bouquet) de la novia y el pin para el bolsillo del novio, nuestra amiga Carmen Amaya nos hizo la torta  más extraordinaria llena de una fabulosa creatividad, de las fotos se encargó nuestro buen amigo que tenía su estudio en la esquina de jurón Próspero y la calle Palcazu, frente al cine Iquitos, el cine más elegante que existía. A nuestro amigo solamente lo recordamos como “El Gato”.

            De manera que  nuestra boda solamente incluía  una corta celebración en el Salón Parroquial donde se sirvió champán helado y bizcotelas a diestra y siniestra.

            El artífice de esta  comisión fue, precisamente, La Puerta de Carlos. La cosa es por demás sencilla, contratabas el champán y las bizcotelas y él te prestaba las copas con la “explicación” de que lo que se rompe se paga. Se ofreció a poner dos mozos para servir en azafates apropiados el champán helado. En Iquitos no se hiela la botella de champán, se pone hielo picado en las copas y se llena con champán. Los comensales reciben un champán bien helado. Pude ver al señor de la Puerta de Carlos encargarse  con la propiedad de haberlo realizado miles de veces pues era el único negocio que tenía ese servicio tan especial.

            Así somos los loretanos y hace que sintamos orgullo de nuestros paisanos, ejemplo para el mundo. No nos preocupamos para nada del champán que de eso se encargó La Puerta de Carlos. Dios los bendiga a todos quienes hicieron que nuestra boda fuera maravillosa y jamás lo olvidaremos.

En este lugar, donde dice Singer, estaba La Puerta de Carlos

380 NOTAS DE HUMOR 3

EL ESPOSO MORIBUNDO

            El esposo se estaba muriendo y a su lado estaba la esposa cuando él con una voz débil le dijo:

  • Hay algo que debo confesarte.
  • Shh – dijo ella – no hay nada que confesar. Todo está bien.
  • No  – dijo él – debo morir en paz. Tuve relaciones con tu hermana, con tu mejor amiga y con tu compañera de trabajo.
  • Lo sé – susurró ella – es por eso que te envenené. Ahora puedes morir en paz.

LA LLORONA

            Debido a la inseguridad que vivimos en el país, La Llorona informa:

            Que ahora saldrá de día porque de noche le da miedo.

POLICÍA DE SALVATAJE

            Un policía ve a una chica a punto de saltar de un puente. El policía se detiene y le pregunta:

  • ¿Qué diablos estás haciendo?
  • Voy a suicidarme.

            El policía piensa unos segundos y le dice:

  • ¿Me puedes dar un beso antes de saltar?

            Entonces le da un largo y apasionado beso en la boca, luego del cual le dice:

  • Fue el mejor beso que me han dado en toda mi vida.

            Y luego le pregunta:

  • ¿Por qué te quieres matar mi amor?
  • Porque mis padres no aceptan que me vista de mujer.

TENDRÁ CURA

  • Tu esposo no para de ser infiel. ¿Tendrá cura?
  • Claro que sí. Tendrá cura, ataúd, velorio y misa.

MUJER ENOJADA

            Cuando una mujer está enojada, el diablo se sienta, observa, escucha y aprende. Es más, va por agua bendita por si se sale de control.

TENER ESPOSO ES GENIAL

            Tener esposo es genial…

            Siempre tienes a alguien a quien contarle tus chismes y secretos… con la seguridad de que él no le contará a nadie porque nunca te pone atención.

OJOS QUE NO VEN

            Ojos que no ven, amigas que te lo cuentan todo, con lujo de detalles.

EL WHATSAPP

  • Mamá, ¿Por qué mi papá se fue de la casa?
  • ¿Tú sabes borrar las conversaciones del whatsapp?
  • Sí.
  • Pues él no.

SIN DEVOLUCIÓN

  • ¡Mami, mami! ¡Ahí viene mi papi con la mujer que nos lo quitó!
  • ¡Vamos a escondernos hija! No vaya a ser que nos venga a devolver al desgraciado ese.

AMORES PERROS

            Los gatos dicen “Miau”, las vacas dicen “Muu” y los perros dicen: “Te lo juro mi amor, ella es sólo una amiga”.

EL HOMBRE OPTIMISTA

            Había un tipo que era muy optimista, a todo le encontraba el lado bueno. Un día un amigo le dice:

  • ¿Te enteraste? Ayer llegó Carlos a su casa y encontró a su mujer con un hombre, sacó su pistola, los mató a los dos y luego se suicidó.
  • Qué bueno – le contestó.
  • ¿Cómo qué bueno? Si es una tragedia.
  • Pues sí… Pero si hubiera llegado un día antes, el muerto hubiera sido yo.
La Llorona

379 LOS LUGARES DONDE VIVÍ EN IQUITOS

            Los lugares donde viví en la ciudad de Iquitos evocan recuerdos que resultan incomparables puesto que esas casas ya no existen y ahora casas nuevas hasta de dos pisos ocupan su lugar. Toda mi formación ocurrió en esta hermosa ciudad, cuna de sol y misterio, como evoca la bella canción, Iquitos.

            Nací en la calle Tacna, primera cuadra el 29 de julio de 1944. Nuestras vecinas eran doña Aurelia con sus hijas Edith y Rosa, mucho después nacería Leopoldo. Quedaba a un paso de la calle Sargento Lores donde se encuentra el Mercado Central.

            El Mercado Central es un antiguo mercado modelo cuya principal característica es el orden y la limpieza y uno de los primeros lugares donde se podía comer con tranquilidad. En el exterior, en la calle Sargento Lores había unas bodegas de diverso tipo bien ordenadas. Era tan pulcro y ordenado el Mercado Central que cada año la Municipalidad realizaba allí el Baile Popular de Carnavales, con orquesta y entrada gratis y asistencia de todas las Reinas de Carnavales de la ciudad.

            Mi nacimiento fue muy celebrado, tanto que se pasaron los ocho días reglamentarios que en ese tiempo se exigía para registrar el acontecimiento. Al registrador se le ocurrió una solución salomónica: registrarme como nacido el 02 de agosto. Pero desde que pude entender me dijeron que mi cumpleaños es el 29 de julio. Que mi fecha de nacimiento aparece en mis documentos como el 02 de agosto es algo que supe recién al ingresar al Primero de Secundaria. Este episodio de mi vida está narrado en mi primer libro digital “En Nuestra Selva”.

            Cuando mi padre fue destacado a la Guarnición de Curaray, a orillas del río Curaray que desemboca en el río Napo, fuimos toda la familia de ese entonces: don Pedro Suárez Soto, el papá, doña María Luisa Sandoval Chávez, la mamá, mi hermano mayor Raúl y yo.

            Mi hermano mayor Raúl había nacido en Cabo Pantoja, a orillas del río Napo, más arriba de Curaray, frente a la frontera con el Ecuador el 29 de abril de 1942.

            Cuando nació Raúl la celebración fue tanta que se bajaron la cantina que mi mamá había construido y conducido, todos los soldados desfilaban con su  botella de licor porque decían que había nacido en tierra de héroes. Un teniente quiso sumarse a la celebración de manera muy original: soltó una balsa ardiendo con racimos de chambira. Las chambiras reventaban y parecían disparos. Al instante se oyó el toque de Generala, llamada de tropa con armas, porque pensaban que los ecuatorianos estaban atacando.

            Aclarada la situación siguió la celebración y la inscripción del nacimiento de mi hermano fue un completo galimatías con apellidos diferentes y solamente su nombre y la fecha estaban bien. Años después mi padre tuvo que solucionar judicialmente este impasse.

            De vuelta a Iquitos radicamos en la primera cuadra de la calle Ricardo Palma  donde nació  mi hermana Wilma en 1946. Falleció al año y medio. El 05 de mayo de 1948 nació Mary Wilma, luego el 23 de mayo de 1951 Enrique, el 01 de abril de 1953 Pedro Ángel y César Antonio el 25 de agosto de 1955.

            Los años más interesantes de mi infancia ocurrió en este barrio porque teníamos una pandilla de edad parecida así como el mismo nivel cultural y social. Fue quizás la etapa más feliz de mi vida en desarrollo. Y el que más recuerdos evoco todo el tiempo y es entonces el que más material para contar me ha dado.

            Mi barrio fue, entonces la primera cuadra de la calle Ricardo Palma, con la primera cuadra del Malecón Tarapacá. De la calle Ramírez Hurtado, colindante, solamente tuvimos uno en la patota. La Ramírez Hurtado se unía, más bien con la calle San Martín y eran nuestros rivales en el fútbol. Ellos nos enviaban un oficio desafiando a un encuentro y nosotros respondíamos con otro oficio, aceptando el partido. Por esta razón, desde los seis años de edad sé manejar los oficios, documentos redactados a mano en “papel de oficio”, papel rayado con dos hojas. Las máquinas de escribir eran cosas solamente de oficinas.

            Un buen día apareció el señor Joaquín Abensur con abogados y nos desalojó. Vino con un camión, cargaron todas las cosas y nos mandó a una casa de su propiedad en la calle Sargento Lores esquina con la calle Bolognesi.

            Por la calle Bolognesi corría un caño abierto (acequia) y toda esa zona era monte lleno de sapos y culebras. La casa era de calamina, las paredes y el techo. Dos hechos nos marcaron para siempre: Mi papá tenía un millar de fotos de toda la historia de la familia que mi mamá atesoraba y los guardaba en el Aparador que estaba en la sala. Arriba documentos y abajo  vajilla y cubiertos. Habíamos puesto el aparador arrimado a un horcón por donde bajó el comején, bichos dañinos que se comen la madera y más fácil el papel de las fotos. Cuando nos dimos cuenta todas las fotos habían sido destruidas. Mi mamá lloró. Pero lo más atroz fue cuando entró a la casa un jergón de metro y medio atravesando el pasadizo, la cabeza en el dormitorio y la cola en la calle. El jergón es una serpiente venenosa. Al grito de mi madre acudió un viandante, brasileño que fumaba y conocía a las serpientes y nos salvó de él (Vea el libro “En Nuestra Selva”).

            Fue el acabose, solamente estuvimos tres meses en esta casa malhadada y nos pasamos entonces a la calle Tacna cuarta cuadra.

            Mientras tanto en la Sargento Lores conocimos personas y lugares muy especiales.

Cerca vivía la familia Tafur, mecánicos fabricantes de pesas de plomo para tarrafas y todo objeto en láminas de zinc. Una vez los vi fabricar una máquina de hacer chupetes, lo hicieron como si toda su vida lo hubieran estado haciendo, con maestría. Una señorita que fue diagnosticada con “debilidad mental” y prohibida por el médico que estudie tuvo que dejar sus estudios en la escuela Normal. Ana María Flores puso entonces una escuelita para las niñas del barrio a la que nosotros le llamamos “Escuelita Pirulí”. Ahora a esto le llaman “vacaciones útiles”. Era muy común que el médico te diagnosticara debilidad mental, lo cual jamás logré entender. Por esta razón Arturo Chumbe Mori, de la Ricardo Palma, jamás estudió una carrera, siendo una mente brillante.

            Vivía también el señor Moscoso, quien un día nos reunió a los peloteros y nos dijo que había fundado un club de fútbol “Deportivo Atlántida”. Pensé que estaba en tratos con el señor Julio Reátegui Burga, dueño del Bazar Atlántida y luego de Radio Atlántida, pero no. Luego de nuestro primer partido nos dijo para ir donde el señor Julio para “informarle” sobre el club que “habíamos fundado” y solicitarle su ayuda. Don Julio nos atendió correctamente y nos prometió pensarlo. Luego de esto nos separamos desencantados. Nunca más jugamos con esa denominación.

            En la otra cuadra quedaba la “Gota de Leche”, programa del Ministerio de Salud. Cuando en el dispensario el doctor Castillo observaba que el bebé no subía de peso le mandaba a la Gota de leche donde te entregaban una botella de leche fresca (620 ml). En este lugar también funcionaba una especie de club de madres donde daban clases gratuitas de cocina y repostería. Mi mamá aprendió cosas en verdad inolvidables.

            Al frente, a mitad de cuadra, existía el Coliseo de gallos, que después se convirtió en el Colegio Inglés Santa Clara, colegio particular cuyo uniforme era de color verde y llevaban boina.

            Nos ubicamos entonces en la calle Tacna, cuarta cuadra. Aquí nació Mónica el 10 de noviembre de 1957.

            Estaba en Quinto Año de Primaria y el Profesor Rosalío Rivera Rengifo, nuestro Profesor en la escuela nos preparó de manera particular para rendir a fin de año el Examen de Madurez Mental para ingresar al Primero de Secundaria en la Gran Unidad Escolar “Mariscal Óscar R. Benavides”. Ahora le llaman Prueba Psicotécnica. Pero el examen de madurez mental te podía calificar como gratuito o pagante. Obviamente, gratuito si aprobabas el examen. Fui gratuito y mi hermano Raúl pagante. Pero como ingresamos a la Banda de Músicos del colegio eso le dio a mi hermano la categoría de gratuito.

            La Gran Unidad Escolar “Mariscal Oscar R. Benavides” fue creada por el General Odría con un campus enorme donde teníamos Secundaria Común, heredera del glorioso CNI, el antiguo Colegio Nacional de Iquitos creado por don Serafín Filomeno, Secundaria Comercial, mixto y Secundaria Técnica. De acuerdo a los estándares de la época, solamente quienes egresaban de la Secundaria Común podíamos postular a las universidades y a las escuelas militares. La formación académica en los tres sectores era totalmente diferente y por ello esa distinción. Los alumnos de Secundaria Técnica y Secundaria Comercial egresaban con un diploma de su especialidad y podían comenzar a trabajar como técnicos, y nosotros no. Teníamos que seguir estudiando  hasta culminar una carrera profesional.

            La GUE quedaba a cuatro kilómetros de la ciudad en la Carretera Circular y lo hacíamos a pie hasta que fuimos músicos y entonces podíamos viajar en el Bus de los profesores  el “Marciano”.

            Formábamos un equipo de fútbol con los muchachos de la calle Brasil, colindante. Entre ellos destacaba “Juan Chico”, llamado así porque era “llanta baja”, una pierna más corta. Trabajaba en el cine Bolognesi, pero en la cancho era formidable, mismo Maradona, cogía el balón y dejaba “sembrados” a los contrarios y no paraba hasta meter el gol, así cojeando

            En la calle Tacna vivimos hasta terminar la Secundaria. Necesidades del propietario para levantar un complejo habitacional nos hizo salir para ir a vivir en la calle Pablo Rosel. En la Quinta cuadra conocimos personas inolvidables. Aquí falleció mi mamá.

            Al casarnos fuimos a vivir en la calle Julio C. Arana, ahora es calle Nauta, en una Quinta moderna curiosamente ubicada al frente de la casa de los padres de Judith, mi amada esposa.

Calle Tac cuadra 1
La casita en Curaray
Calle Ricardo Palma cuadra 1
Calle Sargento Lores con Bolognesi
Calle Tacna 545

378 LAS ZAPATILLAS

            Las zapatillas eran simplemente útiles deportivos  que utilizábamos solamente en las clases de Educación Física.

            En nuestra hermosa tierra de Iquitos, la capital de la Amazonía Peruana, los colegios de mujeres utilizaban como calzado del uniforme escolar unas zapatillas blancas de lona, de talle corto y amarrado con pasadores. Generalmente las denominábamos como alpargatas.

            En los años cincuenta el uniforme de los varones era de color caqui, pantalón, camisa manga larga con dos bolsillos, corbata y cristina. Zapatos botines de color marrón.

            Las niñas tenían uniforme de tela playa blanco (vestido) y zapatillas blancas (alpargatas) sin medias. Para el Desfile Escolar le adicionaban unas solapas triangulares, del pecho hacia los hombros. Para esta ocasión las zapatillas debían ser  pintadas con albayalde, mucho después se inventaría el betún Griffin blanco.

            Todo era sencillo y “universal”. Fue en esa época que se pusieron de moda las zapatillas “reforzadas” para los varones. Todos debíamos tener las zapatillas azules que utilizábamos solamente para Educación Física. Para el fútbol usábamos zapatos de fútbol, esos que en Lima llaman “chimpunes”. En Lima, inclusive, se inventó un maletín para llevarlos que se denomina “chimpunera”. Yo lo uso como maletín para llevar al hombro (neceser) para cargar todas las cosas para andar con Andrea, mi nieta, cuando era pequeña. Aún ahora, cuándo tengo que llevar documentos o medicinas o cualquier otra cosa, lo llevo conmigo. Con la ventaja que tiene un bolsillo secreto donde cabe un sobre con toallitas húmedas, muy útiles todo el tiempo.

            Un problema verdaderamente serio lo constituye el ser el segundo hijo en una familia. Cuando a mi hermano mayor le quedaban chicas las zapatillas, le compraban un nuevo par y sus zapatillas gastadas pasaban a mi poder. Pero Raúl calzaba talla grande y mis pies siempre han sido pequeños, de modo que “mis” zapatillas siempre parecían que eran de otro porque no me quedaban. Para que tengan una idea, Raúl cuando era muchacho calzaba 39 y yo cuando fui soldado mis borceguíes eran talla 36.

            Luego vino el gobierno militar (12 años) y “para ayudar” a la economía de los peruanos inventó el “uniforme único”.

            Camisa (blusa) de popelina blanca y manga corta. Pantalón (falda) de polystel color “gris rata”, medias grises y zapatos de cuero negro, para completar el atuendo una chompa de cuello V de color gris. Dizque el pueblo se iba a beneficiar por el ahorro. Pero en la Selva trastornó la vida a todos: de usar nuestros uniformes acostumbrados pasamos a estos uniformes reglamentados y de tan elevado precio. El precio de la educación pública se puso por las nubes.

            En el Colegio  integraba el Equipo de Gimnasia en Aparatos y el Profesor nos hacía usar alpargatas blancas por el menor peso que las zapatillas azules y eran más uniformes, además que nos permitía hacer los saltos y las evoluciones con más agilidad y elegancia.

            En la década de los ochenta, salieron unas zapatillas de marca que los adolescentes lo usaban para pasear y presumir. Dos eran las marcas que predominaban: Pony y Reebok. Y mis hijas Luisa y Claudia escogieron una cada una.

            También en esa época las tarjetas de invitación a fiestas de Quince Años llevaba escrita la recomendación acerca de la vestimenta:

Varones: traje sport, no jeans ni zapatillas.

Damas: vestido de cualquier color menos rosado.

            En los noventa todo joven que quería jugar fulbito, ya nadie juega fútbol, debía tener unas Adidas, zapatillas que bordean los 100 soles.

            Y la zapatilla corriente se volvió el calzado obligado de los pobres que salían a trabajar de peones en toda la gran Lima. Lo usaban todo el tiempo, tanto para trabajar como para jugar un partidito de fulbito o para acudir a las fiestas.

            Muchas veces la zapatilla estaba rota.

            En Selecciones del Reader’s Digest leí en alguna oportunidad que una persona fue a Estados Unidos a visitar a su hermana. Su cuñado salía a trotar vestido de manera impresionante: todo su atuendo, polo, truza, medias, zapatillas y hasta la vincha eran de marca, muy inn. Habían regresado de correr y estaban en la puerta de su residencia cuando vieron pasar al trote a un joven con un polo de publicidad, truza de fútbol, medias comunes caídas, zapatillas viejas y en la cabeza un pañuelo a manera de vincha. Para el visitante, normal, pero su cuñado le dijo:

  • Si no tienes, ni deberías salir a correr.

            Era, en verdad todo un snob insufrible, además fijón y criticón, capaz de criticar a quien no tiene el estilo  que da el dinero.

            Pero hoy en día parece que la zapatilla, de inicios humildes, se ha convertido en el atuendo general: hombres y mujeres usan zapatillas para ir a todo sitio, sea un asunto oficial o no. Y los hay de todas las marcas, el asunto es de acuerdo a tus posibilidades.

            Los más inn pueden llevar Dolce &Gabbana que bordean los mil dólares.

            Es la locura en zapatillas.

Humildes zapatillas
Zapatillas de vestir

377 HISTORIAS DE ESAN

            En 1975, fui seleccionado por la Cervecería Backus para asistir a un Curso Para Supervisores en la ESAN (Escuela Superior de Administración de Negocios).

            Como esta institución quedaba al final de la Avenida Primavera, en mi tierra hubieran dicho “donde el diablo ha botado su cachimba” porque queda muy lejos, como exmilitar hice un reconocimiento previo del terreno, para determinar en qué carro ir y a qué hora debía tomarlo desde mi casa en la Plaza Manco Cápac.

            Con curiosidad me encontré con un Supervisor de Bodegas, también exmilitar, quien estaba igualmente haciendo “reconocimiento del terreno”, técnica sine qua non del militar del Ejército Peruano.

            El Decano era nuestro expositor y algunas veces nos sorprendía con algunas cosas salidas del tema. Supongo que es la mecánica en que se apoya el método ESAN.

            Una vez dibujó en la pizarra un vaso con agua hasta la mitad y nos hizo la pregunta clásica: ¿el vaso está lleno o está vacío?

            Otra vez nos sacudió con su exposición. Eran tiempos del gobierno militar en el que un militar depone al otro militar que había depuesto al Presidente.

            Nos dijo: Dicen que los asesores se presentaron donde el presidente y le dijeron que tenían una noticia buena y otra mala. – Como somos humanos, siempre queremos escuchar primero las noticias buenas – Así que el presidente les dijo:

  • “¿Cuáles son las noticias buenas?” – Con mucho tacto, le dijeron:
  • “Señor presidente, el próximo año vamos a estar comiendo caca”. Aquí sí que se sorprendió el presidente.
  • “Si esas son las noticias buenas, ¿cuáles son las malas?
  • “Que no va a alcanzar para todos”

            Era un seminario de 6 a 9 pm una vez por semana. Cada vez, una persona de cada grupo debía exponer sobre el tema que nos encargaban. Al final de la clase nos entregaban el tema para estudiarlo y debatirlo y llevar una conclusión para exponerlo en la siguiente clase.

            Invariablemente, era yo quien exponía el tema. En realidad me agradaba hacerlo y no demandaba de mí ningún esfuerzo.

            Pero, mi pequeña hija comenzó a padecer de asma y nos tenía desvelados y preocupados. La llevamos a un especialista en males bronquiales que se había especializado en Londres para atender a su esposa. Antes habíamos trabajamos juntos en el Instituto de Salud Ocupacional. Nos dio una vacuna que debía tomar mi pequeña, pero le producía aún más tos. Un médico amigo nos dijo que ese doctor es especialista en asma pero en adultos, que a un niño debe atenderle un médico Pediatra. Lo encontramos en el Centro Médico de la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe” en el Parque de las Américas, en Balconcillo. Era el doctor Boado Cockting.

            Mientras tanto, esa semana no pude revisar el escrito y no pude preparar mi exposición. Al llegar a la escuela se los dije y les pregunté si alguno había preparado algo.     El Supervisor exmilitar me dijo:

  • “Ingeniero, yo he leído la lección y puedo hacer la exposición”.

            Fue el único, pero fue nuestra salvación. Presentó una buena exposición y el Decano estuvo satisfecho.

            En otra Clase, el Decano nos contó una historia trágica:

            “En un lugar del mundo, el esposo salía de viaje para atender asuntos de su trabajo, mientras tanto su esposa iba en su carro al pueblo vecino a visitar a su amante. Para llegar tenía que utilizar el Ferry (transbordador) para pasar a la otra orilla, pagando el peaje. Había un puente viejo pero estaba muy deteriorado y nadie quería usarlo”.

            “Una vez que volvía de ver a su amante, al llegar al Ferry se dio cuenta que no traía dinero para pagar el peaje. El maquinista no quiso hacerla pasar si no pagaba. Ella volvió donde su amante y le pidió el dinero”.

            “El amante se negó, adujo que la relación entre ellos era puramente sentimental y no quería enturbiarlo con cuestiones tan prosaicas como el dinero. Presa de desesperación volvió al Ferry y el maquinista erre que erre, con que si no paga no la hace pasar”.

            “Sumamente asustada, porque su marido ya estaba al llegar, se atrevió a cruzar el puente viejo. El puente se cayó (según el Alcalde Castañeda, colapsó) y ella falleció”.

            “¿Quién es el culpable?”.

            Un tema muy delicado y todos y cada uno tenía una opinión al respecto y nadie se ponía de acuerdo.

            En realidad es una pregunta retórica y no existe una respuesta correcta, pero los Psicólogos la emplean para determinar acerca de ti según tu respuesta y, sobre todo, según las razones que aduces.

            Fue una magnífica oportunidad para nosotros que la Cervecería haya decidido enviarnos al Curso en la ESAN. Lastimosamente en el segundo curso me fue peor porque se agravó el mal de mi niña y tuve que abandonar. El Gerente de Producción me reclamó y le expliqué por qué tuve que fallar, esperando que me enviaran a repetir la oportunidad, puesto que el clima mejoró al igual que mi hijita, pero la empresa desistió y nunca más nos envió a ESAN. Fue una magnífica oportunidad perdida, pero fue grandiosa.

376 ESTOY BRISTOL

            “Estoy Bristol” es una locución típicamente loretana, que significa simplemente que tengo el cabello muy crecido y debo ir a la peluquería. Es tomado de la imagen del Almanaque Bristol que regalaban todos los años en la Botica la Loretana en la cuadra 3 del Jirón Lima (ahora Próspero) de Iquitos, el señor de la imagen tenía el cabello crecido y parecía necesitar ir con urgencia al peluquero. La verdad es que solamente cuando estaba Bristol iba al peluquero, una vez por mes.

            Ya dije antes que los niños de mi época solamente teníamos dos opciones: estilo boxeador o estilo caballito. Prefería el boxeador, pelo bien corto, a llevar un copete como crin de caballo.

            Cada mes íbamos donde los señores Montero en la segunda cuadra de la calle San Martín en Iquitos. Tanto el esposo como la esposa eran peluqueros y nos cortaba el pelo cualquiera de los dos.

            Cuando tenían fiesta, mi mamá iba donde la señora Moncada en la segunda cuadra de la calle Raimondi. La fiesta era de “rompe y raja”  en el aniversario de la Sociedad de Empleados del Ramo de Guerra, en la primera cuadra de la calle Brasil. Después se pasarían a su propio local en la cuadra cuatro de la calle Sargento Lores.

            Crecí con la idea fija que el cabello debían cortarme  hombres, con la excepción, claro está, de la señora Montero.

            Cuando pasamos a vivir en la calle Tacna cuadra cuatro, había una peluquería. Llevé a mi hermano Enrique para que le corten el pelo. El peluquero me preguntó si le cortaba bajo o alto. Era algo que no conocía y no supe que contestar. Por parecerme que el corte bajo se refería a pelo bien corto, le dije: Bajo.

            El peluquero me explicó que en el corte bajo solamente le pelan la parte de la nuca y las patillas y el resto queda igual. De ninguna manera, le dije, corte alto, y bien corto.

            Cuando me tocó ir a cortarme el pelo me preguntó cómo lo quería, le dije sin titubear: corte alto y raya a la izquierda.

            El peluquero me dijo: entonces corte a lo John F. Kennedy. Efectivamente, como antiguo militar John tiene ese corte de pelo. Fue héroe de la Segunda Guerra Mundial.

            Cuando me casé, al frente de mi casa en la  Julio C. Arana cuadra tres, ahora es Nauta, había un peluquero, a la vuelta en la Fizcarrald estaba la peluquería El Faro del papá de Estelita, colega de mi amada esposa, y a la espalda, en la Pevas otra peluquería  cuya historia lo cuento en el Libro En nuestra Selva.

            Pero ya Kennedy estaba pasado de moda y nadie lo recordaba, por lo cual pedía siempre corte alto.

            Cuando vinimos a vivir en Lima, durante nuestra estancia en la Plaza Manco Cápac en La Victoria, acudía a una peluquería de hombres en la cuadra 4 de la avenida Manco Cápac. Luego pasamos a vivir en Pueblo Libre, un mundo nuevo y todo por descubrir. Busqué una peluquería de hombres y la encontré a la vuelta de mi casa. Quedaba en la cuadra 6 de la calle Andalucía. Un peluquero ya de edad. Mi corte de pelo es simple y no necesité nunca nada especial.

            Pero, la última vez que fui, el señor estaba borracho y el corte de pelo fue una experiencia de cuentos de terror. Nunca más fui.

            Por exigencias del colegio de mi nieta Andrea, sus padres se tuvieron que casar por la iglesia. El Colegio San José de Cluny es de las monjas y son muy rígidas con este tema. Como yo tenía que llevar a Claudita al altar, busqué una peluquería aparente. En la esquina de Andalucía con Pedro Murillo queda el Salón José. Le explique a José para qué necesitaba sus servicios y me hizo un trabajo muy profesional, con unos sprays que me aseguró que no me iba a despeinar y, sobre todo, ocultando la incipiente calvicie. Quedé muy satisfecho.

            Luego  pusieron un spa en Andalucía con Leonidas Yerovi, administrado por un señor que cobraba y entregaba la boleta, pero todo el personal era femenino. Primero escogí a Carmen.

            Una vez fui al Policlínico de Backus para ser atendido por el otorrinolaringólogo, que nombre tan largo y tan feo. El médico me llamó la atención, me riñó porque mis oídos tienen mucho pelo. Nunca me había fijado en ello y los especialistas jamás me habían comentado nada. Me dijo:

  • Dígale a su peluquera que le corte los pelos del oído.

            Mi amada esposa, Judith Alva, también me reñía porque mi nariz tiene muchos pelos. Ella cogía las tijeras y los recortaba, pero me decía:

  • Se ve feo que un caballero todo elegante tenga pelos sobresaliendo en la nariz.

            También, en cierta oportunidad sentí molestias en los ojos, cuando me miré en el espejo del baño vi que mis cejas habían crecido exageradamente y doblándose se metían en mis ojos.           

            De resultas de todos esto le digo a mi peluquera:

  • Corte de pelo alto con máquina eléctrica, me recorta las cejas, los pelos de la nariz y los oídos.

            Lo hacen a cabalidad, lo malo es que la peluquera solamente duraba tres meses. Cuando acudía a buscarla me informaban que se había retirado para poner su propio salón.

            Escogí luego a Amelia, con las mismas indicaciones e igual satisfacción. Tres meses después ya no estaba.

            Escogí entonces a otra joven que me dijo:

  • A usted se le conoce aquí como el señor que viene con las patillas desiguales.

            Como no veo bien es posible que fuera cierto y no me corto con regla para medir el largo de mis patillas. Pero nunca más acudí a este salón.

            Como tenía que llevar a mi amada esposa para que le hagan el corte de pelo, las manos y los pies, acudía donde nuestra paisana de Iquitos Teresa Torres, su salón queda en la Galería Popi en la cuadra 7 de la calle Andalucía y aprovechaba para yo también hacerme el corte de pelo, con las indicaciones ya especificadas, y la podología. A cierta edad ya no es posible ser autosuficiente.

            El problema con Teresa era que tenía que cuidar a su pequeño nieto y salía a recogerlo del nido dejando en outside a Judith. Se demoraba media hora pero las personas aquejadas del Mal de Alzheimer no tienen paciencia, cuando regresaba, Judith ya estaba alterada y seguía alterada todo el día. Por ello dejamos de ir donde Teresa.

            Nos acogimos al Spa Nicoll en Leonidas Yerovi, a la espalda de la casa. Le expliqué el problema de mi esposa a quien debían atender de un solo tirón porque se altera si se demoran. También me atendían a mí, en momento diferente, se entiende.

            Tres meses sin salir a la calle por el Covid, estaba en verdad Bristol. Por fin, abrió el Spa Nicoll, pero mi amada esposa ya no puede salir. A ella ahora la atienden personas de la amistad de Charito en su cama. Yo sigo atendiéndome con Nicoll.