05 EL INFIERNO HA CAMBIADO

            Un Médico, un Abogado  y un Ingeniero que salieron de este mundo con pasajes para el cielo solicitaron entrada los tres a un mismo tiempo.

            Los recibió en la puerta el encargado, San Pedro, que al escuchar la visita se caló los espejuelos.

            Tocó el turno al Abogado que hizo un discurso muy bueno, muy florido y convincente, con argumentos de peso, y al terminar entregó un extenso documento con mil y tantos por cuantos y un por tanto, que San Pedro sin más preguntas y encuestas le abrió las puertas del cielo.

            Y después del Abogado le tocó el turno al Galeno, que empezó de esta manera:

  • Yo soy el Doctor Veneno…

            No hizo más que comenzar y le interrumpió San Pedro:

  • Con eso basta, Doctor. A usted ya lo conocemos, me ha enviado mucha gente y es muy justo, desde luego, que su decidida ayuda reciba su justo premio.

            Y sin mediar más palabras entró también en el cielo.

            El Ingeniero, que estaba tercero en el turno se encontraba observando los detalles de la bóveda del cielo, fue interrumpido en su estudio cuando le llamó San Pedro:

  • Y a usted, ¿que se le ofrece?
  • He venido por aquí a ver si consigo empleo.
  • Aquí no hay trabajo amigo, vaya a buscarlo al infierno.

            Le sonó tan familiar la respuesta al Ingeniero que en seguida contestó:

  • Donde quiera que sea yo lo acepto, si he pasado en el mundo por sitios peores que esos.

            Ante tal contestación se quedó San Pedro lelo y le preguntó en seguida:

  • ¿Su profesión, caballero?
  • ¿Mi profesión?
  • Sí señor.
  • Pues yo soy un Ingeniero.
  • ¡Ah bueno! – San Pedro dijo – ahora si ya le comprendo ¿usted es de esos peritos?
  • No señor, mucho lo siento, Ingeniero simplemente, no soy perito ni experto.
  • Entonces, amigo mío, en verdad no le comprendo y. ¿Qué es lo que hace usted para llamarse Ingeniero?

            Y por fortuna en seguida recordó sin gran esfuerzo la definición que había aprendido en otros tiempos:

  • Los principios matemáticos aplico a los elementos para utilizar las fuerzas latentes del Universo.
  • ¡Pues vaya a aplicar sus cálculos a las pailas del infierno!
  • Bien, señor – fue la respuesta – en verdad se lo agradezco pues los trabajos difíciles son siempre los que prefiero.

            Y terminó pues el diálogo y el hombre se fue contento y el Santo quedó admirado, y más que admirado… lelo.

            Después de este incidente no transcurrió mucho tiempo sin que algo anormal pasara en el Reino de los Cielos.

            Los que estaban en la Gloria pedían pases a San Pedro para fijar residencia en terrenos del Infierno.

            Los que venían de la tierra después de ver ambos reinos se decidían casi siempre por el antro de los fuegos, de donde ya no salían los gritos de los internos.

            Tales rumores llegaron hasta oídos de San Pedro, que se sorprendió al notar que se le despoblaba el cielo.

            Ante tal anomalía comisionó a un mensajero para investigar el caso y dar un informe completo. El informe deseado llegó como al mes y medio, y éste se transcribe aquí directamente del pliego:

            Infierno, a veinte de Mayo del año dos  mil veintiuno

            A mi Buen Santo y Señor, con el debido respeto, procedo a rendir a Usted mi informe sobre el Infierno.

            Pues bien, le debo informar que llegó aquí, no hace tiempo, un hombre a quien todos llaman a secas… El Ingeniero.

            Este hombre, si no es el Diablo, está bien cerca de serlo, pues ha transformado todo por arte de encantamiento; en enormes artefactos ha acorralado los fuegos, y usa de ellos la energía en máquinas e instrumentos para crear luz y fuerza y convertir ésta en hielo.

            Ha hecho parajes fríos, templados, húmedos, secos, parajes de primavera y otros de constante invierno. Ha horadado las montañas, ha contenido los vientos, ha salvado los abismos con puentes de extremo a extremo. Ha construido ciudades y jardines y paseos, y es en fin, un Paraíso lo que antes era el Infierno.

            A tal punto que Señor: ya no vuelvo para el Cielo, le presento mi renuncia y en el Infierno me quedo.

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