SEÑOR QUÉ HAGO CON LAS HORAS

            Desde que mi amada esposa Maria Judith Alva Rivera de Suárez, perdió sus recuerdos y su propia identidad, víctima del terrible Mal de Alzheimer, toda nuestra vida ha girado en torno a ella.

            Es mi esposa y yo soy el principal responsable de su cuidado y he tratado de hacerlo de la mejor manera, no como quién cuida a una paciente sino como el esposo que vive con ella.

            Luego de algunas circunstancias que nos ha pasado, con mi hija menor Charito llegamos a la conclusión de que las horas de las descargas “más feroces” ocurrían a golpe de once de la mañana y a las cuatro de la tarde. Entonces organizamos los horarios para el cambio de pañal.

            Cambiamos pañal premunido de tres practipañales que proporcionaban al pañal la capacidad de resistir estas descargas, a las ocho de la mañana, dos de la tarde, cinco de la tarde y a las nueve de la noche. A las dos de la tarde y a las nueve de la noche le colocábamos cuatro practipañales. Los practipañales son más económicos que los pañales y su uso nos ahorraba mucho dinero. Los pañales son de lo más caro.

            Nuestra vida, entonces empezó a forjarse de nuevo: a las ocho de la mañana recogía agua caliente en un balde para su aseo íntimo y una jarra con agua caliente para la limpieza de los ojos (legañas) y el rostro con sendas almohadillas que me daba Charito. Seguía el cepillado de dientes con pasta dental para bebé pues no “sabía” ya botarlo para afuera.

            Luego de su aseo le servía su desayuno preparado por Pedro y Charito y Pedro lo traía en un azafate, en un desfile que presidía Ainhoa, hijita de ellos. Era para ella una rutina que le agradaba realizarlo. Al terminar yo bajaba a desayunar.

            Antes de dejarla me acercaba y le decía con suavidad:

  • Te quiero.

            Cuando tienen este mal, lo que le digas tiene que ser simple, sencillo y claro. Es posible que lo comprenda o, por lo menos, se acostumbra a oírlo. Le daba un beso en la frente, en señal de respeto, y un beso en los labios, en señal de amor.

            Me paso las horas sentado en la computadora mirando a cada rato la hora: a las once de la mañana toca darle su leche y su miel de abeja, a manera de refrigerio. A las doce y treinta suben el almuerzo con Ainhoa a la cabeza. Luego de ello bajo a almorzar, pero, primero la frase de amor y los besos.

            A las dos de la tarde el cambio de pañal. A las cinco de la tarde cambio de pañal y una bebida, su refrigerio. Es muy necesario mantenerla bien hidratada para que no se vaya a estreñir.

            A las nueve de la noche el último cambio de pañal y curación de escaras con ayuda de Charito.

            Todo el tiempo mirando las horas para poder cumplir con mi tarea de esposo. En cierta oportunidad mi hija Luisa con su esposo Juan y su hija Rafaelita me llevaron a un centro Comercial en la Av. Salaverry. Al medio día me dijeron que íbamos a almorzar en el centro comercial, pero le dije a mi Luisita que debo ir a la casa para darle su almuerzo a la mamá. Juan llamó un taxi y me dijo que ya está pagado. Pude llegar a tiempo para darle su almuerzo a mi amada.

            Cuando Charito me llevó al Polideportivo de Pueblo Libre para la segunda dosis de la vacuna, hubo una demora increíble, pero, felizmente, Pedro llamó a las once para decir que ya le había dado su bebida a la mamá; y a la una llamó para decir que ya le había dado de almorzar. Me sentí tranquilo, en realidad me sentí acompañado, que no estaba solo en el cuidado y la atención de doña Judith sino que todos estábamos involucrados, incluyendo, por supuesto, a Ainhoa. Toda la familia estaba unida para atenderla a quien toda su vida dio todo por todos nosotros. Ahora nada más la estábamos compensando.

            Pero Señor, ¿qué hago con las horas, ahora que ya no está?

            Doña Maria Judith Alva Rivera de Suárez partió al Cielo el 22 de setiembre, pero yo sigo viviendo en función de ella.

            A las ocho de la mañana quiero recoger el balde y la jarra de agua caliente a pesar de que su cama está vacía. Tengo sus dulces favoritos. Mientras trabajo en la computadora miro y veo que se acerca las once de la mañana: hora del refrigerio.

            A las dos y a las cinco quiero preparar el pañal, si ella ya no está, pero todo el tiempo mis actos se relacionan necesariamente con mi amada ¿Qué puedo hacer?

¡DIOS MÍO QUÉ HAGO CON LAS HORAS!

La alegría que llenó mi vida

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