348 GENOVEVA

            Cuando era niño, mi mamá me contaba sobre un personaje que había visto en el cine, Genoveva de Brabante. Película italiana de 1947. Siempre se emocionaba cuando me lo contaba y por eso me gustaba tocarle el tema para que se explayara con gusto. Mi papá nada podía contarme de películas porque cuando iba al cine, con mi mamá, solamente iba a dormir.

            Pero la Genoveva que estoy contando no tiene nada que ver con personajes de película, sino con la historia de mi vida.

            Solo sabía su nombre, nunca supe sus apellidos, era prostituta y vivía cerca a nuestra casa en un callejón de la calle Tacna cuarta cuadra en Iquitos.

            Para mí era una persona por demás contradictoria; por un lado era siempre amable, yo tenía10 años de edad, y se hizo amiga de mi mamá. Siempre venía a sentarse en nuestra vereda a conversar. Todo el tiempo reía. Pero por otro lado le sonaba palizas brutales a su pequeño hijo de tres años de edad. Todos los vecinos le llamaban la atención por esa actitud de mala madre. A ella no le importaba.

            Había dejado el ejercicio de la prostitución porque se hartó de que su caficho, un músico borracho, viniera a quitarle su plata a golpes.

            Por nuestra calle pasaban en mancha todas las prostitutas de la ciudad los días miércoles a las 08:00 de la noche, regresando del examen semanal obligatorio en el Centro Médico de la calle Sargento Lores, cerca del Mercado Central. Al pasar le silbaban a Genoveva o le insultaban con cualquier palabra soez. En una oportunidad una dama achorada, al pasar, le jaló la silla haciéndole caer al suelo. Ella nunca respondía a los insultos ni a la agresión.

            A nosotros, mi mamá y yo, nos dijo que era porque ya no se juntaba con ellas que reaccionaban así.

            Para navidad puso a su pequeño hijo en una silla  en la puerta del callejón donde vivía. Lo hacía todos los días. Las vecinas le alcanzaron al pequeño un pedazo de panetón y un jarro de chocolate.

            Su hijo falleció por “ataque de lombrices”, mal endémico de la selva Amazónica por las calles de tierra, acequias abiertas y andares descalzos. Los vecinos, todos, nos acomedimos a prepararle el velorio, el señor Linares cuando le dije que el callejón es muy oscuro y nadie va a saber que hay un velorio, compró una lámpara grande que daba una buena iluminación, que yo escogí como entendido en el tema.

            Al volver de la escuela pasé por la Iglesia Matriz y tomé agua bendita en un frasco que llevé exprofeso porque en la noche durante el velorio le preguntaron a Genoveva si el niño estaba bautizado. No estaba bautizado. El padre José Quintana nos daba cada año charlas para la primera comunión, en ella nos dijo que en caso de necesidad cualquier persona bautizada puede bautizar. Lo bauticé, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, a la vez que le rociaba con el agua bendita en cruz.

            El padre Ricardo Rebolleda nos dijo en el EPCA (nuestro grupo de oración en la Parroquia Santa María Magdalena de Pueblo Libre) que estaba bien, pero que no era necesario porque todos los niños van al Cielo, bautizados o no.

            Pero de acuerdo a lo que sabía a los diez años, cumplí con la obligación de todo buen cristiano, darle el bautismo para que sea hijo de Dios.

            Genoveva viajó a Tarapoto para estar con su familia pero a los tres meses regresó porque la recibieron muy mal en su casa. Sabían lo que hacía en Iquitos. De manera que dejó su casa y se dedicó al único oficio que sabía. Juntó su plata y se regresó a nuestro barrio.

            Se embarazó y estando a punto de dar a luz vino a nuestra casa a despedirse para ir al hospital. Presto me ofrecí para ir a llamar un taxi para que vaya al hospital Iquitos que está a 14 cuadras de la casa pero ella me dijo que no.

  • Me voy caminando Jorgito y así cuando llego al hospital ahí mismo doy a luz. Si llegas antes, las enfermeras te hacen caminar hasta que llegue el momento, por eso muchas mujeres se meten al baño y ahí dan a luz. Es peor así”.

            Esto nada más nos ilustra la indolencia del personal de nuestros hospitales, pareciera que no les importan las personas, solamente les importa cumplir su turno e ir a sus casas.

            Cuando regresó le preguntamos por el bebé, nos dijo que había sido mujercita pero lo regaló. Las personas ya le estaban esperando cuando llegó y apenas nació se lo llevaron para registrarlo por su cuenta como si fuera hijo de ellos.

            Bueno, ella era buena gente pero mala madre y según entendí entonces, la niña estaría mejor con quien supiera amarla. Espero que haya llegado a ser una persona de bien y haya tenido una buena vida, de todas maneras mejor que con Genoveva.

            A todas luces, Genoveva era bien contradictoria, lo que hacía con la mano izquierda, ser buena amiga, lo borraba con la derecha, ser mala madre. Pero era Genoveva. Una mujer controversial.

Póster de la película Genoveva de Brabante

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