332 EXTRAÑAS RELACIONES DE PAREJA

            Cuando era niño, en Iquitos vi que era de lo más común que un hombre tuviera una esposa y una querida, con una casa y una familia con cada una. No dejaba de sorprenderme, pero lo veía a cada paso.

            Alguna vez escuché a un hombre justificar su situación: con tal que no falte nada en mi casa (con su esposa), mi mujer no tiene nada que decirme. Me pareció el colmo del cinismo, sobre todo porque en mi casa no ocurría esto, ni casi en ninguno de mis familiares.

            Le comenté a mi mamá y ella me dijo que algunos hombres hacen eso porque no tienen valores morales y apenas tienen algo de plata se ponen una querida. En resumidas cuentas: el poder económico le da al hombre la capacidad de tener otro hogar, como si fuera un símbolo de estatus económico.

            Algo de eso leí en El Libro de las Mil y una noches. Era asiduo visitante de la Biblioteca Municipal de Iquitos, ubicada en la Plaza de Armas, y allí lo leí. Un libro  en “papel biblia” en dos tomos. Entonces me enteré que en el mundo árabe, apenas un comerciante se hacía rico se compraba un adolescente, lo vestía como si fuera una muchacha con costosos vestidos y todo enjoyado lo ponía en la entrada de su bazar. La idea era que los clientes al ver a “esa chiquilla” ricamente vestida en la puerta de la tienda pensarían que es un comerciante muy rico y que no trataría de aprovecharse de ellos. Esa personita en la entrada le daba al comerciante un estatus de poder.

            A un político en campaña, apenas terminó el mitin en la Plaza 28 de Julio, le vinieron a avisar que su mujer estaba con otro hombre. Escuché al político decir: es por eso que siempre digo que un político no se debe casar jamás.

            Me llamaba la atención que cuando acudíamos cada mes a la Proveeduría del Ejército para sacar los víveres, don Lucho Jarama llamaba a una persona y luego decía “Músico, no le toca, está sobregirado”. Alguien me explicó que los músicos del Ejército tienen dos o tres casas (familias) y la plata no les alcanza, por eso no les dan los víveres. Está claro que sacábamos los víveres, pero a fin de mes le descontaban a mi papá. También sacábamos cada día un kilo de pan y medio kilo de carne de vaca.

            Cuando estábamos cenando con mi enamorada Maria Judith en un chifa de moda, en la Plaza 28 de Julio, se suscitó un escándalo: un empresario conocido estaba cenando con una joven en una mesa cercana cuando de improviso ingresó la esposa y atacó a la joven a golpes a la vez que le gritaba: “puta”. La joven se defendió como pudo y le respondió: “¿puta? Por si acaso rogada y buscada en mi casa, para que lo sepa”.

            Tuve que intervenir sujetando a la esposa y la llevé a su carro, mientras el empresario se desentendió de ambas y se retiró tranquilamente del chifa. Al ponerla en su carro le hablé a la señora tratando de calmarla diciéndole que era ella quien perdía porque se exponía públicamente provocando la burla de la gente. Le pedí que se calmara y volviera a su casa. Que los problemas de pareja deben arreglarse en la casa.

            Yo no sabía nada de estar casado pero creo que actué bien, con sentido de que lo correcto debe normar nuestra vida.

            Dije antes que en mi familia “casi” no veía esto, pero el tío José apenas se hizo millonario tuvo una querida y la tía Manuela tuvo que lidiar con la otra para que no le quitara todas las cosas: casas, barcos, carros, etc.

            Cuando fui a Iquitos para sustentar mi Tesis para obtener mi título profesional de Ingeniero Químico en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP), me habían asignado un Ingeniero Químico como mi Asesor de Tesis. Pero mi Asesor no era habido, de manera que un conserje de la Universidad se acomidió para ayudarme a encontrarlo. De entrada me explicó que el catedrático tiene cuatro casas y una familia en cada una de ellas. Fuimos en su motocicleta de una en una y al final lo encontramos en la cuarta casa visitada. Todas las “esposas” sabían de las otras familias pero, al parecer, eso no las incomodaba porque nada les faltaba, el profesional se las rebuscaba porque la profesión da mucho campo para el ingenio y la creatividad.

            La joven del chifa tuvo después un novio que era capitán del Ejército y en el Malecón le escuché a él soliloqueando: “Yo soy capitán del Ejército, gano ocho mil soles, más otros ingresos obtengo dieciséis mil soles al mes. Yo valgo dieciséis mil soles, ella tiene que poner una cantidad igual”. Jamás había escuchado algo semejante ni se me hubiera ocurrido sopesar de manera tan tonta una relación. De hecho, no sé si se casaron o no.

            Cuando nos casamos, mi esposa ganaba el doble que yo. No cabía un análisis como el del capitán.

La pelea

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