191 FELIZMENTE QUE ESTABA CON SU PAPÁ

            Hace algunos años, cuando residíamos en Balconcillo, sucedió un hecho inesperado que enlutó a una familia de la casa donde vivíamos.

            Balconcillo es una Urbanización moderna del Distrito de La Victoria, Provincia de Lima, Perú. En la calle Las Turquesas había un chalet de dos plantas con terraza. La dueña alquilaba los 4 dormitorios, la cochera y el cuarto de servicio que estaba en la terraza. En cada habitación vivía una familia. Las áreas comunes eran la sala, el comedor, la cocina y la terraza para tender la ropa. En una habitación vivía mi comadre Lily Linares, en otra una familia arequipeña, en otra la familia Humud. Para la llegada de mi suegra tomé una habitación más.

            La familia Humud, esposo, esposa y su hija de 9 años de edad. Vino de su tierra la hermana de la esposa a vivir con ellos. Carmen era costurera y además era la nana de la niña.

            La calle Las Turquesas es una calle interior de vida tranquila, cercana al Mercado Palermo y a la Avenida Las Américas. Los carros pasaban muy de vez en cuando y a baja velocidad. Los niños jugaban en la calle con sus bicicletas y triciclos. En verdad parecía una calle de pueblo.

            La niña salía todas las tardes a jugar en la calle con su tía en un jardín vecino que tenía grass, como dije era una calle tranquila.

            Pero un día, el papá estaba de día libre y salió a acompañar a la niña con su tía. Lleno de cariño y bastante energía, que era joven, cogió a su hija por las manos y se pusieron a jugar al “avión”: el papá gira sobre sus pies mientras la niña parece que vuela.

            Wikipedia nos dice: “El destino (también llamado fatum, hado o sino) es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad”.

            Es triste, pero es el destino. Casi nunca pasaban carros y cuando pasaban lo hacían a baja velocidad, pero este día entró un carro a toda carrera y arrebató a la niña de las manos de su padre: muerte instantánea.

            Es increíble cómo crecen los niños cuando mueren. El ataúd de la niña era enorme, parecía el de un adulto, pero era blanco. Fue velada en la misma casa, la sala se convirtió en Capilla Ardiente.

            Todos estábamos muy tristes y apesadumbrados, mis melliza tenían casi 5 años, y sintieron mucho esta tragedia.

            En todo velatorio la gente suele hablar, cuentan cosas que se suponen increíbles, como lo que acababa de suceder. Pero en medio de ello, la tía dijo algo que me dio que pensar y aún ahora lo recuerdo y se me escarapela el cuerpo: “¡Felizmente que estaba con su papá!”… “Que si llega a estar conmigo, su papá me hubiera matado”.

            Esto si era increíble, la tía pensaba que fue una suerte para ella que su papá hubiera salido a jugar con su hija. Pero tal parece que no se daba cuenta que ella jamás hubiera jugado al avión con la niña en la vía pública y, por lo tanto, jamás se hubiera producido la tragedia. Es el destino que les jugó una mala pasada. Cosas de la vida.

Papá jugando con su hijita

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