152 LOS DEMONIOS DE LA SELVA

En la Selva Amazónica se cuentan muchas historias de aparecidos, de fantasmas y toda clase de demonios. En mi libro “En nuestra Selva” conté algunas de aquellas historias.

Algunos de estos demonios tienen identidad propia, como el Yacuruna, el Ayaymama y el Chullachaki. El Yacuruna es el demonio de las aguas (traducción del quechua), que de vez en cuando sale a molestar a la gente dejando tras de sí un reguero de agua que delata su identidad. El Ayaymama que, dicen, es un ave de pelaje negro que pasa graznando “Ayay mamá”. Es de mal agüero.

El Chullachaqui, literalmente el demonio que tiene un pie desigual. Es la traducción más aproximada del quechua. En quechua de Ayacucho dirían de un solo pie. Pero en nuestra selva de dice chulla a lo que está desigual.

El Chullachaki se presenta en el monte bajo la apariencia de alguien conocido tuyo. Te conversa amigablemente y trata de llevarte hacia la espesura alegando haber visto justamente lo que estabas buscando, mientras trata de esconder su pie que dicen tiene la forma de la pata de un motelo (tortuga de tierra y su pata parece un muñón).

Cuando se aparece sorpresivamente la persona trata de cualquier manera de verle la pata que delata al demonio, y entonces, si descubre al chullachaki, emprende una carrera hacia zonas conocidas o donde sabe que hay personas que le podrán defender. Si llegas a confiar en este demonio, te llevará a las zonas más insondables de la selva y nunca más te volverán a ver.

En la sierra de Ancash tienen un demonio que hace lo mismo, es el Ichic Ollqo. Dicen que tiene la apariencia de un niño pequeño. Gringuito, con una sola pierna.

En nuestra Amazonía tenemos también El Tunchi, el difunto, el alma del muerto que sale a recorrer sus pasos por los lugares donde anduvo en vida. Algunos como yo los podemos ver, pero sabemos que nunca debemos interrumpir sus pasos ni remedar sus silbidos: “Finn, fin, fin fin fin”. Sale desde las seis de la tarde hasta la media noche.

A la media noche sale  El Maligno, un demonio que atrapa a los tunchis que se retrasaron y se los lleva al infierno. Su silbido es espeluznante: “Finnnn”. Si lo escuchas es mejor que te recojas a tu casa, es un demonio muy peligroso.

El Shapshico es un demonio pequeño y juguetón cual un niño. Dicen que es el espíritu de un niño que falleció y es imposible sacarlo de donde se ha aposentado. No hace daño pero molesta su fantasmal presencia.

El Pucabufeo o bufeo colorado, es un delfín de río que, afirman, es un demonio que sale por las noches y se presenta como un gringo bien vestido en las fiestas con la finalidad de seducir a alguna joven desprevenida para llevarla al río, su mundo.

La Yacu Mama es solamente el nombre quechua de la boa, que significa la Madre del Agua. Porque la boa puede crecer hasta 12 metros de largo y un metro de altura y un enfrentamiento podría ser mortal. Pero no es un demonio.

Lo que sí asusta es la “madre” de algunos árboles corpulentos y añejos. La madre es el mismo diablo y atrapa sobre todo a las chicas que se pierden por donde está el árbol. En Iquitos decían que en la huerta de la Escuela de Mujeres Nº 162, en la calle Sargento Lores cuarta cuadra, había varios árboles de mangua (mango en loretano tradicional). Que varias chicas desaparecieron allí y por eso ninguna alumna quería quedarse a barrer los salones cuando salían a las 5 de la tarde. Que por eso fue exorcizado y se talaron todos los árboles y en su lugar se construyó la Cancha Deportiva “Valentín Herencia”.

En nuestra tierra la planta más difundida que tiene “madre” es el renaco con sus raíces adventicias que sobresalen por los costados y se entierran para formar nuevos árboles, la gente trata siempre de evitarlos y por la noche ni se acercan.

En Pucallpa, en la Carretera a Yarinacocha hay un solitario y gigantesco árbol de Lupuna que tiene esa historia. Ha sido exorcizado y en su copa se plantó una Cruz bendecida de hierro de unos 60 cm. Hoy sirve a los pucallpinos como referencia para los turistas.

Yarinacocha (Laguna de la yarina, palmera propia de la selva amazónica) es el sitio obligado a dónde van los pucallpinos a celebrar la Fiesta de San Juan y a comer sus juanes tradicionales.

El renaco, el pucabufeo y el shapshico

 

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