141 QUE MAL PROFESOR

Me habían elegido Delegado, miembro del Tercio estudiantil de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos. Por ese entonces habían convocado a un Concurso de Plazas Docentes para los cursos Órgano de Máquinas y Dibujo Técnico. Como la FIQ era una facultad de reciente creación, conforme íbamos avanzando se cubrían las vacantes docentes.

Un candidato, un Ingeniero Mecánico de apellido Vela, había tenido un comportamiento inadecuado con un estudiante: el alumno Eduardo Linares denunció ante el Delegado Estudiantil Antonio Sinacay Bardález que el tal Ingeniero, poniendo una mano en el hombro le había dicho: “Quieras o no, yo voy a ser tu profesor”. Al parecer eran conocidos.

Antonio Sinacay hizo suyo el reclamo y lo expuso en el Consejo de Facultad. Los profesores aceptaron declarar desierta la convocatoria. Pero al no haber otros postulantes contrataron al Ingeniero Vela para esos dos cursos.

Justo entonces se produjo la elección como Decano de la FIQ del Ingeniero Víctor H. Montenegro Vílchez y como es tradición fuimos todos al chifa para celebrarlo.

Habíamos tomado cerveza y, tal vez por eso, no presté mucha atención al Ingeniero Vela. Me dijo “Alumno Suárez, sé que tú te opusiste a mi nombramiento, ya me han contado, pero he sido contratado”.

Órgano de Máquinas es pura matemáticas y sé que eres bueno en matemáticas, pero en Dibujo Técnico no creo que apruebes”.

La verdad, me entró por un oído y me salió por el otro. Pensé que era el calor de la celebración y la cerveza que habíamos bebido, nada más me zafé y me fui para otro lado.

No me importaba lo que dijo porque yo era profesor de los cursos de Dibujo Técnico y de Perspectiva en la Escuela Regional de Bellas Artes, de manera que me pareció imposible aplazarme en este curso.

Pero me jaló.

Mientras que a mis compañeros de estudios aprobaba sus diseños mal hechos, cuando me tocaba presentar mi lámina Canson el mal profesor cogía su vernier y me hacía mirar:

  • En esta recta ¿ve cuanto mide de espesor?”.
  • Cero punto cinco milímetros”.
  • “¿Y en este otro extremo de la misma recta?”.
  • Cero punto seis milímetros”.
  • “¿Te das cuenta? Está mal pues”.

Y me ponía mala nota a mi lámina y así a todas mis láminas que terminé desaprobando el semestre, por más que afilara mi lápiz Faber Castell 2H y cuidara mucho su punta.

En el siguiente semestre me matriculé en el mismo curso pero el horario se cruzaba con otros cursos y no asistí a ninguna clase ni rendí ninguna prueba. Pero justo el mal profesor renunció. Dijeron que había abierto su propio taller de mecánica.

El profesor a cargo de Dibujo Técnico era el Ingº Agustín Ponce Carranza. Nos conocíamos de antes, desde Estudios Generales.

Al final del curso fui a su Aula y le dije:

  • Ingeniero, vengo a pedirle un favor”.

Le vi el esbozo de una sonrisa mientras decía

  • “¿A ver, qué me va a pedir el señor Delegado?”.
  • Ingeniero, quiero que me jale”.
  • “¿Qué?”
  • Sí, Ingeniero. Vengo a pedirle que me ponga nota desaprobatoria”.
  • “¿Así?” – Me dijo mientras ponía con rojo diez de nota en su Registro.
  • Sí, Ingeniero. Así está bien. Muchas gracias”.

Me retiré con una sonrisa y le estreché la mano dejándole confundido. Quizás había pensado que venía a pedirle que me apruebe, cosa que jamás haría, ni necesité hacerlo nunca. Siempre fui un buen estudiante y, por consiguiente, un buen profesional; y siempre me he sentido orgulloso de mi capacidad y mi formación profesional.

El asunto es bien simple: Si no tengo ninguna nota en el curso, no puedo dar el Examen Sustitutorio, más conocido como Susti y la gran mayoría de estudiantes universitarios en el Perú lo han conocido de cerca.

Aprobar Dibujo Técnico es la cosa más sencilla del mundo. Excepto cuando algún ente malhadado clama venganza sin razón. Del asunto me enteré en el Consejo de Facultad cuando Sinacay lo dijo y los profesores eran siempre benevolentes con nosotros los alumnos y ellos eran mayoría. Es decir ellos desaprobaron el nombramiento. Yo nunca tuve nada que ver con esto, pero fui objeto de su venganza con acusación directa.

Y yo debí denunciar el mal profesor por su actitud desafortunada y no lo hice. Preferí tragarme mi mala nota y pasar la “vergüenza” de ser desaprobado.

 

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