134 UNA MASCOTA

            Mascota es un término que procede del francés mascotte y que se utiliza para nombrar al animal de compañía. Estos animales, por lo tanto, acompañan a los seres humanos en su vida cotidiana, por lo que no son destinados al trabajo ni tampoco son sacrificados para que se conviertan en alimento.

Fuente: Definición.DE disponible en https://definicion.de/mascota/

Jamás me ha interesado tener una mascota de ningún tipo. Siempre decía que los únicos animales que puedo aceptar son los que pongo en el plato para comer.

Pero “El hombre propone y Dios dispone…”.

Cuando vivíamos en la calle Pablo Rosell en Iquitos, venía siempre a mi casa un gato color naranja atigrado y lo hacíamos correr. Pero un día, estábamos toda la familia en la sala y mi hermana Mary Wilma estaba mirando una revista que estaba sobre la máquina de coser, de espaldas a la calle, cuando un enorme murciélago ingresó por la ventana y venía directamente hacia ella, iba a impactarla en la espalda y antes que yo pudiera golpear al murciélago para evitar el contacto apareció de la nada el gato y lo atrapó al vuelo y se lo llevó hacia la huerta.

Desde entonces el gato fue el héroe. Le pusieron de nombre “Michina”. Y aunque después nos dimos cuenta que era macho se quedó con ese nombre, producto de la emoción. Entonces le servíamos todos los días un plato de leche y dispusimos un plato exclusivamente para él. Murió de viejo.

Cuando formamos nuestra familia dije a mis hijas la misma cuestión: que no queríamos mascotas de ninguna clase, aunque muchas veces les relaté el caso Michina. Pero la Profesora Alicia del Callao, colega de mi esposa cuando le tocó trabajar en El Callao, criaba a una niña y el doctor le recomendó que le proporcionara un gato para su terapia. Adquirió en una Veterinaria un gato de Angora, hembra. Cuando le llegaba el tiempo llevaba el gato a la Veterinaria y la hacía cubrir. Cuando tuvo sus crías nos regaló  uno. Venía de la Veterinaria bien educado. Como yo había dicho nada de mascotas lo metieron a escondidas en la casa. Nuestras hijas mellizas se encariñaron con él.

Un día vino el Cartero y al ver al gatito nos dijo: “Son muy lindos, pero muy ingratos, apenas abres la puerta se largan”. Y así fue. Las empleadas no son a propósito para cuidar mascotas.

Una segunda vez Alicia nos regaló otro ejemplar y ocurrió lo mismo. El gato se fue. Y La Victoria no es un lugar donde alguien te venga a devolver tu mascota: un gato de Angora es dinero inmediato.

Nació Charito y entonces vivíamos en Pueblo Libre. Como yo no quería mascotas ella adoptó un caracol. Le tenía en un vaso con sus hojas de lechuga, pero el caracol trepaba las paredes del vaso y salía o se caía sobre la mesa. Una vez pusieron el vaso al filo de la mesa y la caída fue hasta el suelo y se reventó. Adiós caracol.

A mi esposa le regalaron un pollito y Charito lo tomó como mascota. Le pusieron de nombre Gervasio pero también le llamaban “Pollo Gordo”. Creció y se hizo tremendo, todo un gallo. Charito quería ponerle collar y correa para sacarlo a pasear pero la empleada se negaba rotundamente a salir con él. Gervasio era muy celoso.

Mi sobrino Pepe Barreyro tenía un amigo que criaba un perro Pekinés. Cuando tuvo su cría le regaló uno y él le trajo a Charito. Ella contenta. También lo metieron a escondidas a la casa. Le pusieron de nombre “Sting” y fue la mascota de toda la familia. Yo decía que era mi hijo varón, pero la única que le bañaba, despulgaba y atendía su alimentación era la mamá, a la vez que limpiaba sus heces. Era Sting muy educado, lo entrenan en la Veterinaria.

Cuando Gervasio vio a Sting se abalanzó sobre él y casi lo mata. En casa no lo podíamos comer porque era mascota. Mandamos a Gervasio a Chosica y Alicia Amaya se lo comió y nosotros nos quedamos con Sting.

El doctor Maxi era su Veterinario y lo atendía regularmente. Él nos dijo que no le lleváramos caminando a la consulta, son como diez cuadras, sino cargando, de lo contrario va a subir su temperatura y va a aparentar que está con fiebre. Que no le diéramos comida con huesos largos porque se astillan y se incrustan y atraviesan las paredes de sus intestinos. Preferible que le diéramos la parte inferior de las patas de pollo, tienen huesos pequeños y también el hígado del pollo.

Desde que llegó Sting cambiamos nuestra manera de ver las cosas: jamás se quiso quedar en la cocina en su “camita”. Lloraba toda la noche. Lo llevamos a nuestra cama, sólo hasta que crezca un poco. Toda su vida la pasó en nuestra cama.

Era tan pequeño que Luisa lo ponía en el bolsillo de su chompa para llevarlo a pasear al parque. Cuando creció un poco lo sacaban en la canastilla de sus bicicletas Spider y al Sting le encantaba sentir el aire en la cara. Se veía muy contento. Lo cargaban como a un bebé y eso le gustaba. Cuando salíamos en nuestro carro teníamos que abrir una ventana porque Sting solo aceptaba ir con nosotros si él podía sacar la cabeza por la ventana y recibir el fuerte viento en la cara.

Vivió trece años y falleció de viejo. Dicen que eso equivale a 80 años de un humano.

Ésta es pues nuestra historia sobre las mascotas que “nunca quise tener” y que acabé teniendo de una u otra manera, que cambiaron nuestra vida y la manera de llevar nuestra vida. Lo más terrible fue el Año Nuevo y los cohetones que parecían bombas, Claudia se pasaba la noche abrazando a Sting, tapándole las orejas porque le desquiciaba el inmenso ruido inacabable. Cuando se enfermó Sting, Claudia se pasaba la noche cuidándole y dándole su medicina y cuando Claudia se enfermó, Sting no se despegó de la cama de Claudia hasta que se sanó. Con Charito le llevábamos al doctor Maxi y ella sabía cómo darle la medicina en jarabe con una jeringa sin aguja. Todos tuvimos que hacer con él.

Sting

 

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