123 ANÁLISIS TRANSACCIONAL

Habíamos sido elegidos Directores Comuneros, representantes de la Comunidad Industrial ante el Directorio de la Cervecería Backus.

Una vez al mes debíamos participar en la sesión del Directorio de la empresa y era en verdad atemorizante. Ellos eran millonarios dueños de las mayores empresas del país y astutos en el manejo empresarial y sus Directorios y nosotros éramos representantes de los trabajadores, pero por nuestra participación que los obligaba la Ley General de Industrias que creó la Comunidad Industrial en 1970, la Comunidad Industrial de la Cervecería recibía varios millones de soles de dieta  y también participación en las utilidades que se distribuía entre todos los trabajadores cada año.

Fue entonces que el Psicólogo Jorge Rengifo Lozada, trabajador de la empresa sugirió al Presidente de la CI para darnos un curso de Análisis Transaccional a los cuatro Directores Comuneros, para cambiar nuestra actitud frente a los millonarios “dueños del Perú” y, más bien, superarlos a todos ellos.

Y, ¿qué es el Análisis Transaccional?

            El Análisis Transaccional (AT) es una forma ampliamente reconocida de la Psicología moderna, que consiste en un conjunto de herramientas conceptuales prácticas destinadas a promover el crecimiento personal y el cambio. Se considera una terapia fundamental para el bienestar y para ayudar a las personas a alcanzar su máximo potencial en todos los aspectos de la vida.

Fuente: Psicoactiva – mujerhoy.com

Básicamente se trata de aprender a interactuar con los demás mediante transacciones psicológicas con sus estados del yo (Padre, Adulto y Niño). El Padre es la autoridad para dar cuidados y reprender, el Adulto es el ser racional y responsable, y el Niño es el ser ligado a lo espontáneo, los sentimientos y los deseos.

Nos enseñó a pasar de un estado a otro con lo cual sorprendíamos al adversario. El Psicólogo nos decía que era como poner una soga alrededor de los otros y cuando lo decidíamos podíamos jalar la cuerda y hacerlos caer. En sentido figurado, pero sus resultados eran en realidad sorprendentes. Los Directores Comuneros éramos tres obreros y un empleado, y he visto a un obrero hacerle “pisar el palito” y ponerle furioso al Gerente General y cuando un Director del Capital quiso calmarlo le respondió “No, señor Director, a mí me está atacando”. Como dije, resultados sorprendentes.

En una sesión del curso el Psicólogo les había dicho a los otros algo sobre mí, antes que yo llegara a la oficina, y cuando llegó el Coffee break me dirigí al baño para lavarme las manos y cuando volví escuché que les decía “¿No les dije?”. Me quedé intrigado. Al salir le pregunté a uno de mis compañeros y él me dijo que les había dicho “Cuando llegue el Coffee Break el Ingeniero Suárez se va a ir al baño a lavarse las manos. Todos los Ingenieros Químicos se lavan las manos antes de comer algo”.

Y es cierto, durante toda nuestra formación universitaria trabajamos con sustancias altamente venenosas, y en el Laboratorio de la Cervecería también muchos análisis se hacen con cianuro de sodio y de potasio, de manera que por nuestra misma formación y por el cuidado de nuestra salud nos lavamos las manos antes de comer algo, aun ahora que estoy jubilado.

En otra sesión el Psicólogo nos preguntó si nos había ocurrido algo curioso, algo raro en estos días. Me había ocurrido a mí:

Ayer, al llegar a mi casa sonó el teléfono, mis hijas estaban en el Colegio y mi esposa en su trabajo de Maestra, de manera que contesté. Una voz femenina me dijo muy seria:

  • Señor le llamo de la Compañía de Teléfonos, estamos haciendo verificaciones en el área donde usted reside ¿podría soplar por favor?
  • ¿Qué?
  • Señor, le repito, llamo de la Compañía de Teléfonos, estamos haciendo verificaciones en el área donde usted reside ¿podría soplar por favor?
  • Fu.
  • Más fuerte, por favor.
  • Fuu.
  • Más fuerte señor.
  • Fuuuuu.
  • Gracias papacito, me acabas de inflar mi globo.
  • Payasa

Se entusiasmó  nuestro Profesor y lo explicó, primero con duda sopló despacito, después más seguro sopló más fuerte y a la tercera sopló con toda su alma. Qué bonito caso, vamos a reproducirlo y todos tuvimos que repetir palabra por palabra, gesto por gesto: uno hacía de muchacha y otro de mí y nos alternamos y yo tuve que hacer de muchacha y de mí mismo también. Todos estábamos eufóricos y participábamos con emoción como en una obra de teatro. Esto definitivamente reforzó el alcance del curso y fue para nosotros una verdadera catarsis.

El telefonito

 

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