101 LA EDUCACIÓN

Desde que era un niño, allá en la lejana Iquitos, supe de la necesidad de la Educación.

Mi padre, don Pedro Suárez Soto, me contaba siempre que a pesar de sus “acciones de armas” sacrificadas y exitosas, era Sargento Primero en el Ejército, no lo ascendieron al cargo que le correspondía.

Debían ascenderlo a Subteniente Efectivo (Oficial del Ejército) pero ascendieron a un Miró Quesada que tenía Quinto de Media y había estudiado en la Escuela de Clases del Ejército en Lima.

A él, a pesar de ser un Clase sobresaliente, con “acciones de armas distinguidas” con Colombia en 1933 y con Ecuador en 1941, lo “ascendieron” a Subteniente de Reserva por lo cual se dio de baja. Le dio mucha cólera.

El cargo de Subteniente de Reserva devino después en Instructor Premilitar. Tenía razón mi padre para no haber aceptado.

Y siempre recalcaba que fue “por no tener educación”.

Se convirtió entonces en un apóstol de la Educación. Quería que todos sus hijos, 7 en total, tuviéramos Educación para que no nos pase lo que a él.

Lamentablemente fui el único aprovechado de sus esfuerzos y él estaba siempre orgulloso de haber logrado graduarme de Ingeniero Químico.

En la familia de mi esposa, María Judith Alva Rivera, todos fueron aprovechados estudiantes: ella y otras dos hermanas son Profesoras, una hermana Contadora, un hermano Cirujano Dentista y un hermano Ingeniero Agrónomo.

Entonces nuestra principal preocupación fue dar la mejor Educación a nuestras hijas y nos sentimos orgullosos de haberlo logrado: dos hijas graduadas en la Pontificia Universidad Católica, Claudia Inés, Diseñadora Gráfica, y Rocío del Pilar, Psicóloga Organizacional, y Luisa Iliana, Cirujano Dentista graduada en la Universidad Peruana “Cayetano Heredia”.

Conocíamos de cerca la Universidad Nacional Agraria “La Molina”, de manera que ofrecí a mi sobrina Ludomila Suárez pagarle sus estudios en la UNA, pero ella lo rechazó. A mis hijas les dijo “De ahí no más viene la responsabilidad”. Nunca supe qué quiso decir.

Universidad Nacional Agraria «La Molina»

Buscaba siempre en el diario posibilidades educativas, sobre todo gratis. Conseguí informes y recortes de la Escuela de Enfermeras del Ejército, que se había vuelto a abrir. Es gratis. Fui a ver a mi hermano Raúl para hablar con sus hijos, pero no quisieron. Mónica me dijo “No me gusta ser Enfermera”.

Cuando se creó el Instituto de Educación Superior Tecnológico de la Policía, recorté el periódico y volví a la casa de mi hermano Raúl. Tampoco aceptaron.

De regreso a mi casa, estaba de visita Alicia Amaya, y les conté lo que ocurrió, que no les interesó a ninguno de los cuatro. Si son varias profesiones y la postulación y los estudios son gratis. Alicia me dijo que a ella si le interesaba para su hijo Rafael. Le di el recorte y el lunes siguiente fueron a la Escuela para inscribir a Rafael Cueva Amaya.

Tres años después egresó como Tecnólogo Electrónico y estuvimos en su Graduación. Rafael se casó con su compañera de estudios y colega Odallys Jimena Estela Rodríguez. Él trabaja en una mina y ella en Essalud.

Instituto de Educación Superior Tecnológico de la Policía

Podemos decir, entonces, que lo intentamos, quisimos cumplir el sueño de  nuestros padres y de nosotros mismos y, en gran medida, lo hemos logrado.

Felices quienes supieron aprovechar la oportunidad de estudiar una Carrera y conseguir así mejores oportunidades en la vida.

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