39 LECCIÓN DE VIDA

El sexto cumpleaños de Tolito y toda la familia estaba reunida en su casa por este motivo. Anatholy Cueva Estela vive con sus padres Rafael y Odallys en su residencia de Zárate.

Era una fiesta muy concurrida y muy animada. Pepe Barreyro fue víctima de la huachafería del payaso contratado. Me negué rotundamente a participar en sus “juegos”

Pero el pequeño Rómulo era el más activo participante y corría y saltaba y gritaba como el que más, sin acordarse de que tenía un problema, común a muchos niños en esta perniciosa  y húmeda ciudad de Lima, el asma.

Rómulo había venido a la fiesta con su abuelita Enriqueta. Nosotros siempre bromeábamos con nuestra gran amiga, la tía Alicia Amaya Córdova, mamá de Rafael porque todas sus amiguitas eran señoras de bastante edad, como la tía Carmencita, la tía Enriqueta y otras por el estilo.

En medio de toda la algarabía, de pronto me di cuenta que Romulito se había apartado a un rincón y, arrimado a la pared, hacía esfuerzos por respirar. Se estaba asfixiando por el gran esfuerzo realizado en los juegos y la dificultad para recibir oxígeno en la sangre. Nadie se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo y él no había acudido a nadie. Se estaba ahogando sólo.

Recordé mi etapa en el Servicio Militar, donde cada día teníamos prácticas físicas extenuantes y al final de cada tanda debíamos realizar ejercicios respiratorios necesarios para poder continuar con la siguiente práctica de gimnasia o carrera.

El Ejército Peruano

Este ejercicio respiratorio consistía en pararse derecho, aspirar profundamente por la nariz al tiempo que se levanta los dos brazos por los costados hasta lo alto. Contener la respiración, aunque esta pugnara por brotar de la boca con tenacidad. Y luego bajar lentamente los brazos a los costados mientras expulsamos lentamente el aire por la boca. Volver a realizar varias veces este ejercicio hasta que el corazón recupere su ritmo normal de trabajo.

Ejercicio de Respiración

Cogí al pequeño Rómulo por los hombros y le dije

  •  Cálmate niño, yo te voy a ayudar

Cogí sus brazos y mientras los levantaba por los costados le decía que respire por la nariz, que contenga la respiración; y luego, mientras le bajaba los brazos por los costados le decía que bote el aire por la boca lentamente. Repetí varias veces este ejercicio y cuando ambos notamos que ya respiraba normal le recomendé:

  • Cuando sientas que no puedes respirar haz este ejercicio y te pondrás bien en un instante

Rómulito se sintió muy contento de este nuevo conocimiento y siguió jugando como si fuera el dueño del Santo. Varias veces le vi realizar su reciente entrenamiento y seguir con sus juegos.

Algún tiempo después la tía Alicia me contó que en una oportunidad el pequeño Rómulo, en  medio de los juegos con los demás niños, se había puesto morado por la dificultad para respirar y cuando todos acudieron para ayudarlo, él les gritó

  • Déjenme, déjenme, yo sé lo que tengo que hacer. Me enseñó mi tío Jorge

Y se puso a realizar los ejercicios respiratorios que practicamos en el cumpleaños de Tolito, poniéndose bien en un instante.

Romulito había recibido no solamente una buena enseñanza sino una lección de vida que le acompañará toda su existencia.

 

 

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