10 LA FUGITIVA

Sábado, noviembre de 1988, regresé del trabajo al medio día conduciendo mi extraordinario carro Station Wagon Datsun 1982, de placa SO-3343, una maravilla.

Al llegar a nuestra casa me estaban esperando mi amada esposa Maria Judith y la vecina y paisana Ana Pfennig. Judith me dijo que dejara afuera el carro y que me fuera al interior de la casa. Muy sorprendido miraba por la ventana del segundo piso cómo las dos damas lavaban concienzudamente mi carro. Mi esposa jamás había lavado el carro.

Acto seguido cogieron de la cochera una inmensa guirnalda de flores blancas y comenzaron a “vestir” el carro, de pronto convertido en limusina para una novia.

Mi esposa siempre ha regido mi vida y esto es solamente una buena muestra de su manera de ser y, como siempre, no he discutido su proceder.

Al fin, el misterio se resolvió: Se casaba Haidee, hermana de Anita y yo debía llevarla a la iglesia y ellas prepararon el carro de la novia. Me dijo mi esposa que en el Mercado de Flores del Paseo de la República solamente te preguntan por el tipo y modelo de carro y te arman de inmediato el arreglo de flores para vestirlo porque ya tienen las medidas de todos los carros existentes. Fácil.

Vino toda la familia de Ana desde Iquitos para el gran acontecimiento. Con ellos vino una niña de 8 años para ser la “Damita” de la novia, Maura Estela Paima Pfennig. La Damita va delante de los novios llevando los aros en una especie de cojín.

Llegada la hora embarqué a la novia y de copiloto iba mi pequeña hija Charito, quien me acompañaba vestida de blanco con su traje de la Primera comunión que se había producido hacía pocos días. Todos los demás iban en otros carros. Lento y majestuoso conducía mi vehículo cuando de pronto Charito me soltó a boca jarro

  • Papá ¿Yo nunca voy a ser Damita en un matrimonio?

Me puse a pensar qué le podía decir para que no sonara a negación.

  • Mira hijita, tus hermanas son aún pequeñas, recién acaban de ingresar a la universidad y no están pensando en matrimonio. Así que no podrás ser damita de ellas. Todos mis amigos y compañeros de trabajo están en la misma situación, con hijos de la misma edad de tus hermanas, así que no hay posibilidades para que tú seas damita.

Recordé cuando con Judith fuimos a visitar a Jorge Barreyro y Carmen Amaya para pedirles que su hijita Jacqueline sea la damita en nuestro matrimonio. Continué

  • Quien sabe, quizás alguna de las personas que nos conocen en algún momento vengan a pedirnos para que tú seas la Damita. No debemos perder la esperanza.

Espero haberla contentado con tan sesuda exposición. Llegados a la Iglesia Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de Jesús María, salió la novia del carro, la tomó el padrino y, hete aquí que se produjo una situación de confusión para los organizadores y la novia. La Damita no quería entrar a la Iglesia delante de la novia y llevando los aros. Se negaba rotundamente.

Cuando pregunté me dijeron

  • Se fugó la Damita.

Felizmente para todo hay una solución. Volvieron los ojos a mi pequeña Charito, y dijeron todos

  • Que Charito sea la Damita.

Y Charito, vestida de blanco como para la ocasión, encabezó el desfile hacia el Altar con la dignidad de una princesa y nuestra vecina Haydee pudo al fin casarse con Carlos del Piélago.

La sobrina Maura Estela cuando viene de Iquitos llega siempre donde Ana pero no creo que recuerde que para nosotros será siempre “la fugitiva

9 NOTAS DE HUMOR

Jorge Montoro “El poeta Hippie” nos recitaba historias cantando con su peculiar ritmo y tono de voz, intercalando el siguiente estribillo:

Agua pa’mí,

agua pa’ti.

Michón caliente,

michón caliente.

¡Joy!,¡Joy!

EL ALCOHOL O EL TRABAJO

Estoy muy triste porque mi jefe me ha dicho

¡O dejas el alcohol o dejas el trabajo!

Y estoy muy triste

porque voy a tener que dejar el trabajo.

CONCHA, VUELVE A SU CASA

Concha se fue de su casa

sin pensar en su pobre madre enferma.

Después de tres años, Concha vuelve a su casa.

Su madre, con justa razón, le reclama

Al fin vuelves, Concha, a tu casa.

Al fin te acuerdas, Concha, de tu madre.

También recordamos al “Cholo Eleuterio”, Héctor Jiménez y Ricardo Tosso O’Connor, en un sketch de la televisión, hace algunos años:

EL ZAR IVÁN

Ricardo representaba al Zar Iván y golpeando el piso con el pie derecho, como para remarcar lo que decía, recitaba con voz fuerte

  • Yo soy el Zar Iván
  • Soy el Terrible Iván
  • Yo, soy Iván

Eleuterio, como para interrumpirle, le decía

  • Iván, Iván, Iván
  • ¡Qué!
  • Y van tres veces que me pisas el pie