11 JORGE REÁTEGUI BURGA

Nuestro distinguido catedrático don Víctor H. Montenegro Vilches publicó un texto de Prácticas de Química Analítica Cuantitativa, y en ese libro incluyó 200 problemas de cálculos de Análisis Químico Cuantitativo.

En realidad el Ingeniero Montenegro publicaba textos de todos los cursos que dictaba en la Facultad de Ingeniería Química de nuestra Universidad, la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos.

El Ingeniero Montenegro fue después Decano de la Facultad y nuestro padrino de matrimonio, son, pues, varias las razones por las que sentimos en mi familia un gran afecto por él y su entrañable familia.

Pero este texto de Prácticas era el único que contenía tales problemas, de difícil solución, que lo consideré un verdadero reto y cuando logré terminar de resolverlos había llenado varios cuadernos y me parecía que estaba tan bien organizada la secuencia de los problemas que me pareció que el mejor homenaje que podía hacerle a nuestro querido Profesor era publicarlo. Entonces me propuse hacerlo.

Pero para publicar un  libro no basta con la noble intención; de hecho, requiere en primer lugar una buena redacción, un buen “tipeo” de los esténciles y los materiales para la impresión, esténciles, papel, tinta para mimeógrafo y cartulina para la carátula. Todo lo cual, es necesario decirlo, cuesta mucho. Más cuando no se cuenta con los medios necesarios.

Como siempre he considerado que los retos se resuelven paso a paso comencé con el primer paso: La buena redacción.

Mi, entonces, novia Maria Judith Alva Rivera, profesora en el Centro Educativo de Mujeres 172, quien siempre me apoyó en todo, se puso a escribir con su bonita letra el texto del libro que tenía proyectado publicar.

Terminada la redacción le pedimos a nuestra buena amiga Maria Alicia Amaya Córdova, funcionaria de la Oficina Regional de Educación, que “picara” los esténciles.

Veamos lo que Wikipedia dice sobre el mimeógrafo:

“El mimeógrafo es una máquina que se utilizó como medio para producir muchas copias de un texto, sobre todo en escuelas. Al principio eran enteramente manuales pero después se les añadió motor y dispositivos para hacer más fácil su uso.

Los textos eran preparados con la ayuda de una máquina de escribir, una matriz en papel, llamada esténcil, que se impregnada con tinta por una de sus caras. La hoja del esténcil era de papel encerado y sobre ésta se escribía con la máquina de escribir anulando previamente la cinta entintada, es decir, se escribía perforando la hoja con los tipos de cada letra, y justamente en esos agujeritos el mimeógrafo introducía una pequeñísima cantidad de tinta para que el papel blanco que se superponía en el aparato, recibiera la impresión de esos tipos”

También podíamos escribir o dibujar a mano en el esténcil con un bolígrafo sin tinta. Los artistas tenían trabajo en el Departamento de Copia e Impresiones de las instituciones porque tenían que diseñar y dibujar las carátulas de las publicaciones con ayuda de instrumentos y plantillas especiales y muy costosas.

La caja de esténciles contenía 12 unidades y para imprimir un centenar de copias debía ser el mejor material, así como la tinta para mimeógrafo. Resumiendo, estamos hablando de 10,000 hojas de papel periódico tamaño carta (216 x 279 mm), 20 resmas, 10 cajas de esténciles Gestetner, 10 cartuchos de tinta para mimeógrafo Gestetner, 100 pliegos de cartulina. Una fortuna.

Después de cavilar con  mi novia, decidimos presentarnos donde el señor Jorge Reátegui Burga para solicitarle todo ese material al crédito. ¿Éramos ilusos? Tal vez. Pero nada se logra si no se intenta, por lo menos.

Don Jorge Reátegui Burga era el dueño de la Imprenta, librería y papelería “Bazar Moderno” ubicada en el Jirón Lima. Todos los días, desde que era niño, lo veía al frente de su tienda cuando iba y volvía yo del colegio. Siempre afable y jamás le vi de mal humor o tratar mal a sus dependientas. Creo que esa impresión que tenía sobre su carácter fue lo que me animó a solicitar el crédito. Judith no lo conocía porque ella era de Requena y vino a Iquitos para estudiar la Normal y no conocía mucho a las personas de Iquitos.

Conversamos con don Jorge en la puerta de su tienda, le dijimos quienes éramos, un estudiante del Cuarto Año de Ingeniería Química de la Universidad local y ella una profesora de la Escuela 172. Le solicitamos el crédito a pagar en tres armadas, a partir del segundo mes de la fecha en que estamos hablando. Le explicamos que teníamos que picar los esténciles, luego imprimir los textos, después armar los libros y finalmente proceder a su venta. Que era un texto necesario en la Universidad, con lo cual estaba asegurada su venta. Él lo resumió así:

  • ¿Has escrito un libro de problemas planteadas por tu profesor, necesitas todo ese material para imprimirlo y lo piensas vender en la misma Universidad?
  • Sí señor, así es.
  • ¿Y piensas pagarlo en tres meses a partir de 60 días del día de hoy?
  • Efectivamente, señor.
  • Bueno … me parece bien. Vamos entonces adentro para despacharles el material

Nunca nos dijo para firmar ningún documento ni compromiso de pago, ni siquiera nos pidió nuestros documentos, simplemente nos entregó el material solicitado. El libro se publicó en mayo de 1968, con prólogo de nuestro querido Profesor. Nosotros por nuestra parte cumplimos fielmente con nuestro compromiso y la venta fue un éxito. Todos los estudiantes de Química querían tener ese libro.

Dios lo tenga en su Gloria a don Jorge Reátegui Burga, un señor a carta cabal y un gran caballero, cuya figura quiero ahora resaltar.

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